Nuestra muerte

Aquí la muerte no llegó de pronto, así, como la neblina o el humo, o como una nube traída por el viento. No. Aquí la muerte ha estado desde siempre, como los cerros que se ven a lo lejos, como el pasto verde o el frío en las partes altas. Aquí la muerte no es tabú, causa de miedo, aquí la muerte es canción y verso, es fiesta y risa. La muerte está incrustada en la vida y al menos hasta hace un tiempo, no de un modo fatalista.

La muerte está en los dulces que comen los niños, en el papel picado; en el brasero que calienta el café, muy de mañana; en los rezos de las jovencitas y las ancianas. La muerte está en las fotografías de los ancestros, en sus cartas, en sus gustos. La muerte no era mala. No por lo menos hasta hace algún tiempo.

Qué le pasó a nuestra muerte, que no se parecía a ninguna otra. Porque nuestra muerte era alegre, como muchacha en edad de casamiento. Qué le pasó a nuestra muerte, piel de amaranto y sonrisa de dulce de güayaba. Nuestra muerte comía mole con pollo y arroz rojo cada dos de noviembre. Al acabar de comer se fumaba un cigarrito y se bebía un buen aguardiente.

Pero de un tiempo a acá, nuestra muerte ya no es la misma. Ahora llora y llora. Se la pasa llorando. Por dondequiera. Se va al occidente y llora, a Veracruz y llora, al norte y no encuentra consuelo. Nadie sabe cómo curarla, algunos dicen que no tiene remedio. Qué le pasó a nuestra muerte que ahora la tocamos y tiene las manos frías.

Quizá es verdad lo que nos tememos: se nos está “muriendo” nuestra muerte.

Las revistas necesarias

En otra publicación anterior me refería a las revistas científicas que se editan en México. Ahora hablaré un poco de la travesía que es encontrarlas. Es toda una odisea hacerlo. En teoría las venden en Sanborn’s, Librerías UNAM y en el Fondoe de Cultura Económica. Sólo en teoría, porque los empleados del “fondo” no tienen ni idea de “qué revistas hablo”. Los de la librería de la UNAM dicen que sí les llegan, pero que tardan. Humm. Salvo la ¿Cómo ves? que también edita la UNAM y esa sí está en puestos de periódico puntualmente, todas las otras padecen de graves problemas de distribución. Ya mandé un mensaje a los de Revista de la universidad. Ya respondieron, muy cordialmente y agradeciendo mi interés. Dicen que andan en eso, que esperan pronto mejorar la forma en que se distribuye su revista.

Es una lástima que si en México se editan revistas muy buenas sobre ciencia, arte y literatura por parte de las instituciones públicas, no se les de la difusión que se merecen. Digo, está muy bien que en CU “seguro la consiga”, pero vamos, no toda la Ciudad de México ni todo el país es CU. Qué más quisiéramos.

Penosamente el trabajo intelectual de las mejores mentes del país se ve acotado en el propósito de ser leído el trabajo preparado diligentemente por cuestiones burócratas.

II

En mi búsqueda afanosa de los nuevos números de las revistas, visité media docena de Sanbor’s. En uno de ellos, un joven dependiente me preguntó que para qué quería yo tantas revistas. Pensé en una respuesta jocosa, pero me contuve. ¿Para qué se pueden querer tantes revistas? Vayamos más allá: ¿Para qué tantos libros? Quizá este joven tenga razón. Para qué perder tanto tiempo en buscar revistas y libros en los que nos llevaremos aún más tiempo en leer. En el transporte, por ejemplo, si no dedicara ese trayecto a la lectura, bien podría ocuparme en dormir mientras llego a mi destino. Podría dormir tan profundamente hasta babear. Sin tantas revistas ni libros, podría hablar de las catásfrofes pamboleras de la selección nacional. Podría beber cerveza hasta tener una panza descomunal. Podría hacer múltiples grupos de amigos en WhattsApp y compartir videos de niños cayéndose y borrachos haciendo el ridículo. Sería divertido.

Pero no dije nada de eso al dependiente. Mejor le respondí con otra pregunta. Le dije que si había algo en la vida que le llamara la atención. Me respondió que los relojes. Bien, le dije, aquí ustedes venden una revista que se especializa en relojería, si él la leyera en cada número que sale publicada, con el tiempo tendría un conocimiento sólido sobre relojería, más allá de marcas y precios. Ya con más confianza me dijo que a el no e gustaba la sección que le habían asignado, que preferiría estar como vendedor -como no- en el departemento de relojería. Pues si estudias sobre la historia de la relojería quizá te puedan dar con el tiempo la oportunidad de estar allí, le dije. ¿Usted cree? me dijo. Claro, estoy seguro, cuando tengas los conocimientos seguro lo harán, porque los clientes siempre valoran a los vendedores conocedores de los productos que ellos buscan. Eso da confianza.

No hubo necesidad de explicarle más para qué sirven tantas revistas.

Las revistas de ciencia en México

Buscando información en la red y en libros para escribir algunos artículos sobre ciencia, específicamente de los temas de genética, eugenesia y bioética, di  con las revistas que publica la UNAM y la Academia Mexicana de Ciencias. Debo decir que me sorprendieron gratamente tanto la calidad de investigación y la forma en la que están redactadas: sin pastosidad, pero sin relejar el lenguaje técnico. Además de lo anterior, la calidad de impresión.  La revista Ciencias, que es editada por la Facultad de ciencias de la UNAM es graficamente excelente. Sus ilustraciones están ampliamente cuidadas y van acorde al tema del que se trata. La que edita la Academia Mexicana de Ciencias se llama -cómo no- Ciencia. Es más técnica que la de la UNAM pero la calidad gráfica es muy buena. En ambas los requisitos para la publicación de artículos son rigurosos. Los artículos a veces esperan hasta un año en ser publicados, pues un equipo de especialistas se encarga de corroborar la información. Si es necesario, se le hacen observaciones o sugerencias al escritor. Ambas revistas tienen un precio bastante módico: 40 pesos. Si tomamos en cuenta la calidad del producto tanto en contenido como en impresión. Por si fuera poco, sus contenidos están en línea disponibles para todo público de manera gratuita.

Revistas como Letras Libres, Nexos, Gatopardo Algarabía y otras, tienen un precio más elevado y la calidad de impresión no compite con estas de ciencia.

El único problema que veo en estas revistas y que al igual pasa con la Revista de la Universidad, es el problema con la distribución. Tardan mucho en ser surtidas en los lugares de venta, incluso en las librerías de la UNAM. Obsesivo como soy, busqué los nuevos números en tiendas Sanborn’s, Librería UNAM y en el Fondo de Cultura Económica. En todas tuve la misma respuesta: tardan en llegar.

Solo en Sanbor’s de eje Central, no el los azulejos, sino el que hace esquina en calle Tacuba, encontré la nueva Revista de la Universidad. Las de ciencia son más difíciles porque bien a bien no tienen una fecha de salida. Esto me devuelve a la realidad porque al final de cuentas la distribución corre a cargo de la burocracia, con todo lo que esto significa.

Pero de algo sí estoy seguro, cuando encuentro una, la compro y salgo contento y orgulloso pues sé que he hallado un tesoro.

¿Y si simplemente somos hijos?

Más allá de toda la parafernalia mercantilista y cursilona -espero no meterme en otro debate con mi madre sobre esto- , si simplemente somos eso, hijos, con todo lo que eso conlleva, que es entre otras cosas, ser ciudadanos responsables, honrados, trabajadores, alejados de los vicios y observantes de los principios morales que se nos enseñaron en casa. Si amamos a nuestra madre porque tanto le debemos y por su cariño. Demostémoslo, pero sin engominarnos, sin irnos al extremo cursi que raya en el mal gusto y en la hipocresía. Porque está probado una y otra vez que el hijo que más melosamente festeja a su mamá es el que peor se porta todo el año. Si alguien tiene duda de lo que digo, allí está el cine mexicano que ha producido una gran cantidad de melodramas que lo ilustran muy bien.

Ese hijo que cada 10 de mayo suelta cursilerías en cantidades industriales, es el que hace enojar a su madre los otros 364 días “comunes”… y a veces el 10 de mayo también.

La mayoría de los mexicanos tienen dos madres, la carnal y la virgen de Guadalupe. Y el mexicano se comporta con las dos de manera muy similar. A la imagen la van a ver por lo menos una vez al año a su templo. Algunos hacen caminatas infaustas desde su pueblo, el último tramo lo hacen de rodillas y a veces hasta golpeándose. Llegan ante la imagen y le piden perdón… muchos de ellos en cuanto salen, buscan dónde quitarse la sed. Así que va a embrutecerse.

Por eso insisto, es mejor ser simplemente hijo. Porque la la labor del hijo y esto lo sabemos tanto cristianos, judíos o musulmanes, es “honrar a su padre y a su madre”.

Así que la labor del hijo es conducirse en la vida para bien, no dar razón a tristeza o vergüenza para su madre. También es estar atentos a lo que la madre necesite.

Cuán penoso es que cada 10 de mayo, ya entrada la noche, la madre es la que aún no se ha ido a dormir porque está limpiando la casa después del festejo que dejó basura, botellas de vino o cerveza y vomitadas de los hijos borrachos.

Claro, los te quiero y los abrazos son fundamentales. Por eso hay que darlos a nuestra madre. Pero también razones de felicidad y no de triteza.

No se vale hacerla feliz un día y que todo el año restante esté triste.

Hay que tener un poquito de la que celebramos.

Algún día vendrán por el cura que toca la campana

En un acto de sublime intolerancia el gobierno ruso ha proscrito la obra de predicación cristiana de los Testigos de Jehová. Estos testigos, que en Rusia forman una comunidad de 175 000 predicadores activos, no hacen otra cosa que lo mismo que hacen en todo el mundo: compartir de forma pacífica sus creencias basadas en la Biblia. Los testigos de Jehová ya habían sido perseguidos antes por manifestar sus creencias durante el periódo de la extinta URSS. Muchos fueron encarcelados y enviados a Siberia, como se hacía con los peores enemigos del régimen estalinista. El triunfo de la democracia suponía un aire de libertades, entre ellas la religiosa. En un principio fue así y a los testigos se les permitió celebrar incluso asambleas internacionales. Pero de unos años para acá han sido acosados, perseguidos y acusados de extremistas. Sí, el mismo adjetivo con el que se califica a los terroristas del estado islámico, aquellos que matan personas, violan, infunden temor en la población. Poner a los testigos en la misma bolsa en la que se pone a los señores del estado islámico es, además de una ofensa, un exceso.

El máximo tribunal ruso ha declarado proscrita la obra de predicación y los testigos deben ahora entregar las propiedades, oficinas, lugares de culto, almacenes, etc al gobierno. Si un testigo habla con alguien más de sus creencias, puede ser detenido y puesto en prisión. El señor Putin no se ha enterado que la llamada “cortina de hierro” ya cayó. Quizá en una de esas y resucite los fatales planes quinquenales con los que la URSS destruía su economía.

A partir de que la noticia se hizo global los testigos han padecido burlas en todo el mundo. Lo que no alcanzan a ver estos burladores, es que este hecho es más preocupante de lo que parece, pues así como se proscribió la obra de los testigos, se puede proscribir la obra de cualquier otra confesión religiosa. Quizá algún día, muy de mañana, vengan unos policías con el fin de detener al cura de la iglesia que toca las campanas llamando a misa. ¿La razón? una muy sencilla: por escandaloso, pues despierta a los habitantes con el toque de las campanas.

Cabría que todos hiciéramos una reflexión sobre por qué gobiernan los intolerantes. La respuesta está en nosotros mismos.

En lo personal no me molesta que el cura toque las campanas, como tampoco me molesta que el judío guarde el shabbat o que el musulman lea el Corán o que el yogui medite en un parque. Lo que me enojaría en gran manera sería que un día ni el católico, ni el judío o el musulman o el yogui hicieran aquello que les hace feliz.

Ahora que los testigos rusos no pueden predicar libremente ni reunirse, ni compartir sus creencias, ahora sí estoy lleno de rabia.

EU también es región 4

Estados Unidos es muchas cosas. Una gran extensión de terreno,  tierra de emprendedores, de gente trabajadora, de innovadores en los campos de la ciencia y la investigación; ciudades modernas y con servicios públicos adecuados… pero también es cuna del pseudo cristianismo puritano, que es racista. También es Estados Unidos el lugar de la intolerancia, de hipocresía en cuanto a las drogas; de la soberbia de sentirse con el mandato divino de arreglar el mundo… y en ese andar demuestran que también padecen de los mismos males que el tercer mundo o región 4, para ponerlo en términos más modernos.

Su flamante nuevo residente se pelea con todo mundo, es como los dictadores o autócratas de latinoamérica que manotean y gritan a la menor provocación. La nueva administración está llena de incompetentes -su presidente es un hombre de negocios que se ha ido a la quiebra ¡siete veces!- que desconocen protocolos y formas; inventan masacres, amenazan con apuntar nombres de las naciones que no estén con ellos. Vamos, esas cosas ni Videla, ni Pinochet, ni Trujillo.

El país que más se ha beneficiado con la globalización, tiene a un gobierno que la maldice, que la odia y se avergüenza de ella. Ellos, que han tomado los beneficios por la buena o por la mala, se dicen abusados por países como México.

Siempre he creído que la historia de Estados Unidos es como una película, pero ahora creo además que es una de esas infames de serie b. Lo que acá conocemos como churro. Los ciudadanos estadounidenses no saben ni cómo se metieron en eso, y peor aún, no tienen la menor idea de cómo salirse.

Hay los que dicen que no llega a 10 meses en el poder, hay otros que dicen que solo serán 4 años.

A saber.

Mi año entre libros

Otros años o mejor dicho, todos los años anteriores a este 2016 no llevaba la cuenta de forma rigurosa de los libros que leía. Mi conteo era “al tanteo”, así que bien a bien no sabía cuántos había leído al final del año. Ahora lo quise hacer distinto, sobre todo para tener más precisión en los temas y títulos.

Así que este año use la app Goodreads y establecí mi desafío de lectura en 75 libos para este año. Debo decir que para el momento en que esribo estas líneas, solo me faltan dos libros para completar el número. Nada mal, lo digo sin falsa modestia, de esa que gustan de usar los que se la dan de humides por el mundo, pero si vieran pasarla por la calle ni la reconocerían.

En este año he leído desde sociología hasta teología, pasando por novelas, cuentos, economía política, marxismo, etc. He leído sentado, parado, apretujado en el metro, cómodamente sentado en un autobús y hasta caminando. He recorrido librerías muy bonitas, librerías evangélicas, católicas, judías; he corrido bajo la lluvia con una decena de libros recién adquiridos. Nada, que mi año con los libros, como siempre, ha sido increible.

Ahora me enfrento a un problema que tiene solución, pero la transición no está siendo fácil, por la costumbre. Me explico.

La compra de más libros se está volviendo una situación crítica, no por cuestión económica sino por cuestión de espacio. ¿Dónde meter más? ¿Qué hacer? -Lenin dixit-

Pues la solución es dejar de comprar libros físicos y valerse de la tecnología. Hacer uso de algo llamado Google Play Books y un tablet.

Pero esto pega justo en la cuestión sentimental: un libro impreso es más entrañable. Vas a la librería, lo buscas, lo compras, y si no lo encuentras, lo buscas hasta hallarlo. Te lo llevas y no se despega de tí en días. Cuando lo acabas de leer, le buscas el sitio de honor que se merece.

Es cierto, en el dispositivo puedes llevar miles de libros, pero hace falta algo. Quizá es olo cuestión de irse acostumbrando a lo inevitable.

Como sea un año se despide y otro le suple, así que hay que planear el desafío del año venidero. No serán 75 o 76 libros para el 2017. Serán de 45 a 50. La razón es que me quiero centrar a leer obras que he dejado en espera por su extensión -algunas rondan las 1500 páginas-. Además de que estaré muy enfocado a la teología. 2017 será un año muy intenso en mi formación teologal.

Pues eso.

Los payasos

Ser payaso es cosa seria. Eso dice la muletilla preferida por muchos representantes de este gremio vilipendiado en las últimas semanas. Y tienen mucha razón. A pesar de que la ropa, el maquillaje, la expresión y los grandes zapatos se aferren a mostrar lo contrario. No cualquiera puede ser payaso, aunque muchos lo intentan y se hacen de un atuendo, aprenden a maquillarse y se caracterizan como tales. No es así de sencillo. Hay los que llevan años pensando que lo son, pero viven engañados. No son payasos. Esto nos lleva a la pregunta obligada ¿Qué es un payaso? o mejor aún ¿Qué es lo que hace que alguien alcance la categoría de payaso? Lo dijo hace muchos años un teórico de la actuación: el payaso se interpreta a él mismo. Mientras que en el drama el actor interpreta otro personaje, el payaso no. Por eso no será payaso aquel que copia las expresiones, los gags y el maquillaje de los demás. Será imitador, pero no payaso. El mejor imitador nunca dejará de ser el imitador de algo. El payaso y el ser que lo caracteriza viven en una línea muy delgada que si no se respeta, todo deja de funcionar. Juan Pérez no es Juan Pérez cuando está caracterizado como payaso, ni es payaso cuando ya no lleva maquillaje, vestuario y nariz. El respeto absoluto a su personaje es lo que distingue a un payaso de un charlatán.

II

Pero no es mi intención hablar de teoría actoral, sino de pedir un respeto, y uno grande, por cierto, a la profesión más bella del mundo. El payaso crea sonrisas en una realidad egoísta y apática. Estas sonrisas son democráticas e incluyentes. Lo mismo en una fiesta de cumpleaños, que en el circo, la tv, la escuela o un hospital. El payaso tiene la misión de hacer reír y lo hace. El payaso es una fábrica andante de sonrisas e ilusiones. Sana corazones tristes, surce alegrías descosidas. Si tiene que caerse vez tras vez para que su público se ría, lo hará sin vacilar. Al final tomará una fotografía mental en la que caben todos los rostros alegres a los que hizo feliz durante el tiempo que duró su show, la llevará a su corazón, donde atesora tantos buenos recuerdos. El payaso se irá, con su maleta. Quizá sea el actor más solitario de todos, no lo sabemos.

III

Desde hace unas semanas hemos visto en las noticias que gente se viste “como” payaso y espantan a las personas o las asaltan. Bien dicen que la ociosidad es la madre de todos los vicios. Y en estos tiempos lidiamos con muchos, la estupidez es uno nuevo.

Cierto que esta no es una ocurrencia nacida en nuestro país. Más bien es algo que nació en Estados Unidos y que nuestros jóvenes y unos no tanto, han copiado. No copian los valores morales de llamado cinturón bíblico, ni la cultura del esfuerzo y el trabajo germana, ni el estudio metódico de los judíos, sino las cosas que para nada sirven. Si de por sí ya nuestro país sufre desde hace años la violencia por parte de la delincuencia, ahora tenemos que padecer este tipo de bromas de muy mal gusto, además de innecesarias.

Los payasos genuinos son los que llevan la peor parte, porque ahora son perseguidos. Existen grupos en las redes sociales que llaman a matar a payasos, los más moderados, a golpearlos. Hay que recordar que, al final de cuentas actores, los payasos viven de sus actuaciones, de estas obtienen el sustento que llevarán a sus casas. Pero con esta situación, su trabajo se ve mermado, pues la gente se muestra reacia a contratar sus servicios.

Hago un humilde, pero firme llamado a que los padres de estos jóvenes hagan la tarea que no han hecho hasta el día de hoy: educar a sus hijos; hacerlos buenos ciudadanos y nutrirlos de valores. Se trata de hacer una sociedad más respetuosa y no degradarla con estas modas tan patéticas.

Animales sin circo

Sin duda, es muy lucidor y apantalla a las masas que un buen día declares que estás contra el maltrato de los animales. El pópulo aplaude ese gesto tan noble. Sientes al instante esa inyección de vitamina a tu vanidad y decides ir por más. Ya está, propones que esté prohibido el uso de animales en circos y demás espectáculos. Como además eres militante de un partido -en realidad una franquicia- que se dice ecologista, pues ya la tienes hecha.

Como de un tiempo para acá a los políticos les ha dado por emular todo aquello que entienden por vanguardista, sin importar si es aplicable a nuestra sociedad, ya sea por economía o costumbres, pues no faltaron los que se se sumaron a la idea. Así que quedó aprobada la iniciativa: no más animales en circos y espectáculos.

La pregunta que no se hicieron -o no quisieron hacerse- fue ¿De verdad todos los circos maltratan a los animales? Generalizar es malo, nos enseña la escuela. Pero estos señores políticos lo hicieron. Así no solo dejaron sin hogar a todos esos animales, sino que practicamente hirieron de muerte al espectáculo circense.

Hubiera sido mucho mejor haber implantado una severa regulación que castigara el maltrato de los animales que se emplean para espectáculo. Pero no prohibir su uso. Mantener a un animal como los que traen los circos no es económico y son los empresarios circenses quienes asumían esos costos porque era rentable para sus shows. Ahora no hay quién los mantenga ni alimente. El gobierno no es opción porque ni siquiera puede garantizar el cuidado de los que están en los zoológicos.

Todo esto viene a cuento porque en Puebla están comenzando a dormir a los animales, por la imposibilidad de poderlos mantener.

Aquí es donde podemos entender el gran daño que puede hacer a la sociedad una política pública oportunista. Pero también el apoyo a la misma por parte de una masa desinformada e incapaz de usar el raciocinio. Esta masa adopta todo aquello que entiende por moda, sin mirar las consecuencias.

Schopenhauer decía que poco podemos esperar de un hombre -o una mujer- que manifestaba poco amor hacia los animales. Y le sobraba razón

 

Respetémonos (que no es poco)

“Sigan con el ojo por ojo, y pronto todos seremos tuertos”. -Mahatma Gandhi

En el libro del Apocalipsis –que en español significa Revelación- se habla de cuatro jinetes. Uno de ellos clama por un poco de alimento a cambio del sueldo completo. La versión mexicana quizá pida menos que eso, pero más difícil de otorgar: respeto.

Los ciudadanos de este país tenemos profunda escasez de respeto. Pasamos por encima de todos y de todo, sin importar a quien molestamos o perjudicamos. Cerramos avenidas, autopistas, calles, sin apenas mediar en los daños y las afectaciones que causemos a personas que no nos la hicieron, pero que son los que irremediablemente la han de pagar.

Aquí estamos todos y cabemos y seguimos, solo porque la gracia de Dios es grande. Algunos, los resentidos de todo y por todo; los que acuden a la bola sin saber a qué van; los abajofirmantes, señores feudales de la sapiencia y la razón; los que justamente protestan pero yerran en la estrategia. en fin.

Algo tenemos que hacer como sociedad que aspiramos ser. Hace tiempo nos preocupaba ser un estado fallido. No vayamos tan lejos. Mejor ocupémonos por no ser seres humanos fallidos, carentes de todo respeto y dignidad.

Porque el que no sabe respetar el entorno que le rodea se está inmolando y no se da cuenta.

Pues eso.