EU también es región 4

Estados Unidos es muchas cosas. Una gran extensión de terreno,  tierra de emprendedores, de gente trabajadora, de innovadores en los campos de la ciencia y la investigación; ciudades modernas y con servicios públicos adecuados… pero también es cuna del pseudo cristianismo puritano, que es racista. También es Estados Unidos el lugar de la intolerancia, de hipocresía en cuanto a las drogas; de la soberbia de sentirse con el mandato divino de arreglar el mundo… y en ese andar demuestran que también padecen de los mismos males que el tercer mundo o región 4, para ponerlo en términos más modernos.

Su flamante nuevo residente se pelea con todo mundo, es como los dictadores o autócratas de latinoamérica que manotean y gritan a la menor provocación. La nueva administración está llena de incompetentes -su presidente es un hombre de negocios que se ha ido a la quiebra ¡siete veces!- que desconocen protocolos y formas; inventan masacres, amenazan con apuntar nombres de las naciones que no estén con ellos. Vamos, esas cosas ni Videla, ni Pinochet, ni Trujillo.

El país que más se ha beneficiado con la globalización, tiene a un gobierno que la maldice, que la odia y se avergüenza de ella. Ellos, que han tomado los beneficios por la buena o por la mala, se dicen abusados por países como México.

Siempre he creído que la historia de Estados Unidos es como una película, pero ahora creo además que es una de esas infames de serie b. Lo que acá conocemos como churro. Los ciudadanos estadounidenses no saben ni cómo se metieron en eso, y peor aún, no tienen la menor idea de cómo salirse.

Hay los que dicen que no llega a 10 meses en el poder, hay otros que dicen que solo serán 4 años.

A saber.

Mi año entre libros

Otros años o mejor dicho, todos los años anteriores a este 2016 no llevaba la cuenta de forma rigurosa de los libros que leía. Mi conteo era “al tanteo”, así que bien a bien no sabía cuántos había leído al final del año. Ahora lo quise hacer distinto, sobre todo para tener más precisión en los temas y títulos.

Así que este año use la app Goodreads y establecí mi desafío de lectura en 75 libos para este año. Debo decir que para el momento en que esribo estas líneas, solo me faltan dos libros para completar el número. Nada mal, lo digo sin falsa modestia, de esa que gustan de usar los que se la dan de humides por el mundo, pero si vieran pasarla por la calle ni la reconocerían.

En este año he leído desde sociología hasta teología, pasando por novelas, cuentos, economía política, marxismo, etc. He leído sentado, parado, apretujado en el metro, cómodamente sentado en un autobús y hasta caminando. He recorrido librerías muy bonitas, librerías evangélicas, católicas, judías; he corrido bajo la lluvia con una decena de libros recién adquiridos. Nada, que mi año con los libros, como siempre, ha sido increible.

Ahora me enfrento a un problema que tiene solución, pero la transición no está siendo fácil, por la costumbre. Me explico.

La compra de más libros se está volviendo una situación crítica, no por cuestión económica sino por cuestión de espacio. ¿Dónde meter más? ¿Qué hacer? -Lenin dixit-

Pues la solución es dejar de comprar libros físicos y valerse de la tecnología. Hacer uso de algo llamado Google Play Books y un tablet.

Pero esto pega justo en la cuestión sentimental: un libro impreso es más entrañable. Vas a la librería, lo buscas, lo compras, y si no lo encuentras, lo buscas hasta hallarlo. Te lo llevas y no se despega de tí en días. Cuando lo acabas de leer, le buscas el sitio de honor que se merece.

Es cierto, en el dispositivo puedes llevar miles de libros, pero hace falta algo. Quizá es olo cuestión de irse acostumbrando a lo inevitable.

Como sea un año se despide y otro le suple, así que hay que planear el desafío del año venidero. No serán 75 o 76 libros para el 2017. Serán de 45 a 50. La razón es que me quiero centrar a leer obras que he dejado en espera por su extensión -algunas rondan las 1500 páginas-. Además de que estaré muy enfocado a la teología. 2017 será un año muy intenso en mi formación teologal.

Pues eso.

Los payasos

Ser payaso es cosa seria. Eso dice la muletilla preferida por muchos representantes de este gremio vilipendiado en las últimas semanas. Y tienen mucha razón. A pesar de que la ropa, el maquillaje, la expresión y los grandes zapatos se aferren a mostrar lo contrario. No cualquiera puede ser payaso, aunque muchos lo intentan y se hacen de un atuendo, aprenden a maquillarse y se caracterizan como tales. No es así de sencillo. Hay los que llevan años pensando que lo son, pero viven engañados. No son payasos. Esto nos lleva a la pregunta obligada ¿Qué es un payaso? o mejor aún ¿Qué es lo que hace que alguien alcance la categoría de payaso? Lo dijo hace muchos años un teórico de la actuación: el payaso se interpreta a él mismo. Mientras que en el drama el actor interpreta otro personaje, el payaso no. Por eso no será payaso aquel que copia las expresiones, los gags y el maquillaje de los demás. Será imitador, pero no payaso. El mejor imitador nunca dejará de ser el imitador de algo. El payaso y el ser que lo caracteriza viven en una línea muy delgada que si no se respeta, todo deja de funcionar. Juan Pérez no es Juan Pérez cuando está caracterizado como payaso, ni es payaso cuando ya no lleva maquillaje, vestuario y nariz. El respeto absoluto a su personaje es lo que distingue a un payaso de un charlatán.

II

Pero no es mi intención hablar de teoría actoral, sino de pedir un respeto, y uno grande, por cierto, a la profesión más bella del mundo. El payaso crea sonrisas en una realidad egoísta y apática. Estas sonrisas son democráticas e incluyentes. Lo mismo en una fiesta de cumpleaños, que en el circo, la tv, la escuela o un hospital. El payaso tiene la misión de hacer reír y lo hace. El payaso es una fábrica andante de sonrisas e ilusiones. Sana corazones tristes, surce alegrías descosidas. Si tiene que caerse vez tras vez para que su público se ría, lo hará sin vacilar. Al final tomará una fotografía mental en la que caben todos los rostros alegres a los que hizo feliz durante el tiempo que duró su show, la llevará a su corazón, donde atesora tantos buenos recuerdos. El payaso se irá, con su maleta. Quizá sea el actor más solitario de todos, no lo sabemos.

III

Desde hace unas semanas hemos visto en las noticias que gente se viste “como” payaso y espantan a las personas o las asaltan. Bien dicen que la ociosidad es la madre de todos los vicios. Y en estos tiempos lidiamos con muchos, la estupidez es uno nuevo.

Cierto que esta no es una ocurrencia nacida en nuestro país. Más bien es algo que nació en Estados Unidos y que nuestros jóvenes y unos no tanto, han copiado. No copian los valores morales de llamado cinturón bíblico, ni la cultura del esfuerzo y el trabajo germana, ni el estudio metódico de los judíos, sino las cosas que para nada sirven. Si de por sí ya nuestro país sufre desde hace años la violencia por parte de la delincuencia, ahora tenemos que padecer este tipo de bromas de muy mal gusto, además de innecesarias.

Los payasos genuinos son los que llevan la peor parte, porque ahora son perseguidos. Existen grupos en las redes sociales que llaman a matar a payasos, los más moderados, a golpearlos. Hay que recordar que, al final de cuentas actores, los payasos viven de sus actuaciones, de estas obtienen el sustento que llevarán a sus casas. Pero con esta situación, su trabajo se ve mermado, pues la gente se muestra reacia a contratar sus servicios.

Hago un humilde, pero firme llamado a que los padres de estos jóvenes hagan la tarea que no han hecho hasta el día de hoy: educar a sus hijos; hacerlos buenos ciudadanos y nutrirlos de valores. Se trata de hacer una sociedad más respetuosa y no degradarla con estas modas tan patéticas.

Animales sin circo

Sin duda, es muy lucidor y apantalla a las masas que un buen día declares que estás contra el maltrato de los animales. El pópulo aplaude ese gesto tan noble. Sientes al instante esa inyección de vitamina a tu vanidad y decides ir por más. Ya está, propones que esté prohibido el uso de animales en circos y demás espectáculos. Como además eres militante de un partido -en realidad una franquicia- que se dice ecologista, pues ya la tienes hecha.

Como de un tiempo para acá a los políticos les ha dado por emular todo aquello que entienden por vanguardista, sin importar si es aplicable a nuestra sociedad, ya sea por economía o costumbres, pues no faltaron los que se se sumaron a la idea. Así que quedó aprobada la iniciativa: no más animales en circos y espectáculos.

La pregunta que no se hicieron -o no quisieron hacerse- fue ¿De verdad todos los circos maltratan a los animales? Generalizar es malo, nos enseña la escuela. Pero estos señores políticos lo hicieron. Así no solo dejaron sin hogar a todos esos animales, sino que practicamente hirieron de muerte al espectáculo circense.

Hubiera sido mucho mejor haber implantado una severa regulación que castigara el maltrato de los animales que se emplean para espectáculo. Pero no prohibir su uso. Mantener a un animal como los que traen los circos no es económico y son los empresarios circenses quienes asumían esos costos porque era rentable para sus shows. Ahora no hay quién los mantenga ni alimente. El gobierno no es opción porque ni siquiera puede garantizar el cuidado de los que están en los zoológicos.

Todo esto viene a cuento porque en Puebla están comenzando a dormir a los animales, por la imposibilidad de poderlos mantener.

Aquí es donde podemos entender el gran daño que puede hacer a la sociedad una política pública oportunista. Pero también el apoyo a la misma por parte de una masa desinformada e incapaz de usar el raciocinio. Esta masa adopta todo aquello que entiende por moda, sin mirar las consecuencias.

Schopenhauer decía que poco podemos esperar de un hombre -o una mujer- que manifestaba poco amor hacia los animales. Y le sobraba razón

 

Respetémonos (que no es poco)

“Sigan con el ojo por ojo, y pronto todos seremos tuertos”. -Mahatma Gandhi

En el libro del Apocalipsis –que en español significa Revelación- se habla de cuatro jinetes. Uno de ellos clama por un poco de alimento a cambio del sueldo completo. La versión mexicana quizá pida menos que eso, pero más difícil de otorgar: respeto.

Los ciudadanos de este país tenemos profunda escasez de respeto. Pasamos por encima de todos y de todo, sin importar a quien molestamos o perjudicamos. Cerramos avenidas, autopistas, calles, sin apenas mediar en los daños y las afectaciones que causemos a personas que no nos la hicieron, pero que son los que irremediablemente la han de pagar.

Aquí estamos todos y cabemos y seguimos, solo porque la gracia de Dios es grande. Algunos, los resentidos de todo y por todo; los que acuden a la bola sin saber a qué van; los abajofirmantes, señores feudales de la sapiencia y la razón; los que justamente protestan pero yerran en la estrategia. en fin.

Algo tenemos que hacer como sociedad que aspiramos ser. Hace tiempo nos preocupaba ser un estado fallido. No vayamos tan lejos. Mejor ocupémonos por no ser seres humanos fallidos, carentes de todo respeto y dignidad.

Porque el que no sabe respetar el entorno que le rodea se está inmolando y no se da cuenta.

Pues eso.

El mundo se va a acabar

Desde que el mundo es mundo se dice que un mal día -o bueno- todo será destruido, todo lo que está en el mundo. Lo creían las tribus más antiguas y las primeras civilizaciones. Ahora lo creen los más sesudos investigadores, científicos y políticos. Desconfiado como soy, no me fío de lo que el ser humano cree. Si no es capaz de respetar las leyes que el mismo crea, mucho menos tiene la facultad y la autoridad para aventarse un toro de tal magnitud como la de decir que el mundo se va acabar.

No hay día que ante un terremoto o huracán o tormenta tropical o declaración inoportuna por parte de un político, no escuchemos que ya no falta mucho. La realidad es que el mundo no se va acabar. La inteligencia humana parece que sí se está agotando, pero esa es otra cosa.

Lo que me tiene tranquilo es que el destino del mundo y su operación no dependen de humano alguno, sino de un Creador sumamente inteligente, poderoso y compasivo a quien aún le agrada que el mundo funcione para nuestro disfrute. Pese a la voracidad y ambición humanas, este creador ha impedido que el mundo deje de operar. Pese a lo que digan los ayatolás ecológicos, este mundo provee mucho más alimento que nunca antes. Que sea mal repartido no es culpa de la tierra, sino de la desigualdad y ambición humana.

El mundo no se va acabar señores, por más que nos empeñemos en destruirlo.

Cosas veredes

Donde se cuenta de las cosas y entuertos que se desfacen una y otra vez.

La vida, esa gran altanera. Esa belleza de 1.75 de estatura, piel trigueña y ojos gitanos. Pues esta vida hermosa nos pone en jaque cada vez que quiere, cada que le place. Esta vida es imaginativa y le gusta creer que somos héroes, personajes mitológicos y nos encomienda aventuras que, valerosos o no, tenemos que afrontar. Entonces vamos a por los molinos y los enfrentamos pese a todo. Pero hay molinos que se resisten, molinos necios que por más que clavamos la espada no mueren.

Pero este tiempo es el que nos ha tocado y como ya nos han dado los limones, hagamos pues, limonada.

“Me dueles México”

Pocas frases se me han hecho tan noñas, bobas, cursis y huecas como esta. No entiendo el por qué ponerla en una cartulina que mostraremos en una manifestación.  Si de verdad nos duele este país, pues hay que hacer algo más que simplemente salir a manifestarnos cada que se nos convoca. Si nos duele este país, pues trabajemos por mejorarlo, porque de gente inconforme estamos sobrados. Si nos enfocamos cada uno a hacer lo que nos corresponde, transformaremos este país de poco, pero real.

Este país, lo he dicho ya otras veces, se muere de nada. Tiene riqueza natural, gente capaz, estudiantes que pese a grandes limitaciones muestran buenos resultados. Lo que falta es saber vivir en nación.

Un país en el que no se respeta el triunfo electoral del otro, en el que no se sabe perder, no se siente dolor. Se siente vergüenza.

Las librerías me hacen llorar

Ya antes en otro espacio, me había referido a lo penoso que me parece que las librerías le den un espacio -que literariamente hablando- no merecen todas esas publicaciones enfocadas a la superación personal. Todos esos librejos que prometen dar soluciones a los problemas de la vida diaria, que tienen las claves que necesitamos para hacernos millonarios o ser el más galán a 50 kilómetros a la redonda. Todas esas publicaciones de más que dudosa calidad literaria acaparan el espacio en los estantes, incluso están apilados en el piso. Esto, como es de lógico, resta espacio y vista a libros y escritores de gran calidad. Cada vez es más difícil hallar de obras maestras como Paradiso de José Lezama Lima, por ejemplo.

Entiendo las razones mercantiles de las librerías; sé que pasa lo mismo que con las tiendas de música: los peores discos son los que más se venden.

Por eso propongo que dediquen sucursales a este tipo de “literatura”. Así los lectores de verdad y no de ocasión no tendremos que abrirnos espacio entre tanta basura llamada “literatura”.