El payaso es como el torero

No ha hecho otra cosa en la vida que esto. O mejor, nada que haya valido valido la pena, porque como ser, sí fue muchas cosas, carterista, de esos que antaño llamaban “dos de bastos”. Despachador en una pulquería y palero en la estafa popular conocida como “la bolita”. Una vez se vistió de Sacerdote y  se fue a bendecir camiones en los paraderos que están afuera de las terminales del metro. Le duró poco el gusto. No faltó el pasajero que lo reconoció y le echó a la policía. Estuvo algunos meses en la cárcel, por esta razón. Allí aprendió algunos trucos de magia que un viejo mago le enseñó en los largos tiempo de ocio que se pueden tener en las prisiones. Mientras otros presos se dedicaban a extorsionar, a drogarse o a hacer ejercicio, él se ocupaba practicando los trucos. Pronto aprendió a desaparecer y aparecer monedas, a adivinar la carta elegida, a hacer “volar” una credencial a la vista de todos. Un día antes de que saliera libre dio una presentación ante sus compañeros presos. El viejo mago, que había sido su maestro, se sintió orgulloso de su alumno. Como  reconocimiento recibió del viejo mago una tarjeta de una agencia de espectáculos. Llama, ellos te darán trabajo. Le dijo el viejo.

II

Las oficinas de la agencia de espectáculos quedaban en el centro. Muy cerca de metro Allende. En sus paredes habían cuadros de payasos, magos, malabaristas, trapecistas. Todos sonrientes. Fue invitado a pasar. Le dijeron que esperara, que en un momento sería atendido. A su lado esperaban también dos muchachos que intentaban arreglar un muñeco de ventriloquía. Los teléfonos sonaban de forma insistente, las dos secretarias no se daban abasto en atender las llamadas.

De una oficina privada salió un hombre alto, cabello chino.

-Pase, le dijo éste hombre. ¿Qué experiencia tienes? le pregunto al incipiente mago.

-Pues he actuado solo una vez, en la cárcel. El hombre escuchó serio. ¿Solo haces magia? le preguntó.

-Sí. Respondió él. Solo magia y no tengo muchos trucos, ninguno grande. Si gusta, puedo hacer una demostración.

-No. No hace falta. Yo necesito payasos, magos tengo muchos.

-Necesito trabajar.

-Me imagino que sí, pero yo necesito payasos, si quieres vente de ayudante de uno y que te vaya enseñando.

-Se lo agradezco, pero es que no sé si yo sirva para payaso. Soy muy serio.

-Los buenos payasos lo son. Por eso se caracterizan. Dijo el hombre mientras con su mano señalaba el escritorio en el que habían muchas fotos de payasos.

-Si usted me da la oportunidad, puedo aprender. Gracias.

Así comenzó su carrera de más de 30 años como payaso.

III

Fue aplanando la base con la esponja, poco a poco, luego colocó el blanco en los labios y difuminó el rojo. Colocó talco para que el maquillaje se mantuviera firme. El calor de abril requiere una porción extra de talco. Se puso la peluca, se ajustó los zapatotes y por último coronó todo el atuendo con su nariz de látex. Repaso su rutina de manera mental, revisó uno a uno los trucos que esperaban en su maleta. Se encaminó a la dirección en la que daría su show.

Era un fraccionamiento de clase media de la zona conurbada de la ciudad. Casas prácticamente iguales. Ya estando a escasos metros de la fiesta, empezó a escuchar la música. Los niños que jugaban en el brincolín lo saludaron. “Ya llegó el payaso”. Dijeron unos y se metieron a la casa corrriendo. El payaso no tuvo que  preguntar por el cliente, un tipo de unos 30 años salió y se le quedó mirando. La forma despectiva en que lo vio, presagiaba algo malo.

-Buenas tardes. Dijo el payaso.

El hombre no respondió.

-Soy el payaso que cubrirá su evento. Dijo el payaso.

-Usted no va a trabajar en mi fiesta. Contestó secamente el hombre.

-¿Por qué?

-Porque es usted un viejo.

-Pero es que no me ha visto trabajar, si no le gusta mi show, no me paga. Pero déjeme trabajar, por favor.

-No, le pido que se retire.

-Sus niños se van a quedar sin ver el show.

-Le dije que se retire o llamo a la policía.

-Está bien. Dijo el payaso y tomó sus cosas.

Los niños miraron tristes al payaso. Unos le preguntaron por qué se iba. Él no supo qué responder. Mientras caminaba, pensó en todos esos rostros a los que había hecho reír a lo largo de estos años. ¿Cuántos en más de 30 años? Ahora era un “viejo”. Quizá eso era cierto. Él mismo ya se sentía cansado. Ya no tenía la misma agilidad ni reflejos. Ahora se tenía que valer de un micrófono y una bocina, porque su voz ya no tenía la potencia de antes. Su show era más de mago que de payaso porque la magia no le requería tanto esfuerzo físico. Él no tenía problema con ser un viejo. El problema es que cuando se es viejo se tiene que dejar de ser payaso, porque la gente solo quiere payasos jóvenes. Pero no es fácil dejar de ser aquello que se ha sido por más de 30 años. El payaso es como el torero. Pensó mientras guardaba su nariz, roja e impecable en la bolsita de terciopelo. Mientras se quitaba el maquillaje y el vestuario.

Dejar de ser payaso… para ser qué. Se preguntaba una y otra vez mientras miraba los trucos, los accesorios y los regalos que hoy no le fueron permitidos emplear. Qué más se puede ser a esta edad. Qué otra cosa después de haber sido la mejor de todas: payaso. Generador de sonrisas. Nada hay más democrático ni liberador que reír. Yo no quiero ser otra cosa más que esto. Yo soy payaso.

 

De un pequeño cajón tomó un rosario, lo acercó a su pecho y en voz baja comenzó a decir:
El payaso es como el torero, el payaso es como el torero, el payaso es como el torero…

 

 

Esta y otras historias más en:

https://www.novelistik.com/books/bitacora-alejandrina

Las revistas necesarias

En otra publicación anterior me refería a las revistas científicas que se editan en México. Ahora hablaré un poco de la travesía que es encontrarlas. Es toda una odisea hacerlo. En teoría las venden en Sanborn’s, Librerías UNAM y en el Fondoe de Cultura Económica. Sólo en teoría, porque los empleados del “fondo” no tienen ni idea de “qué revistas hablo”. Los de la librería de la UNAM dicen que sí les llegan, pero que tardan. Humm. Salvo la ¿Cómo ves? que también edita la UNAM y esa sí está en puestos de periódico puntualmente, todas las otras padecen de graves problemas de distribución. Ya mandé un mensaje a los de Revista de la universidad. Ya respondieron, muy cordialmente y agradeciendo mi interés. Dicen que andan en eso, que esperan pronto mejorar la forma en que se distribuye su revista.

Es una lástima que si en México se editan revistas muy buenas sobre ciencia, arte y literatura por parte de las instituciones públicas, no se les de la difusión que se merecen. Digo, está muy bien que en CU “seguro la consiga”, pero vamos, no toda la Ciudad de México ni todo el país es CU. Qué más quisiéramos.

Penosamente el trabajo intelectual de las mejores mentes del país se ve acotado en el propósito de ser leído el trabajo preparado diligentemente por cuestiones burócratas.

II

En mi búsqueda afanosa de los nuevos números de las revistas, visité media docena de Sanbor’s. En uno de ellos, un joven dependiente me preguntó que para qué quería yo tantas revistas. Pensé en una respuesta jocosa, pero me contuve. ¿Para qué se pueden querer tantes revistas? Vayamos más allá: ¿Para qué tantos libros? Quizá este joven tenga razón. Para qué perder tanto tiempo en buscar revistas y libros en los que nos llevaremos aún más tiempo en leer. En el transporte, por ejemplo, si no dedicara ese trayecto a la lectura, bien podría ocuparme en dormir mientras llego a mi destino. Podría dormir tan profundamente hasta babear. Sin tantas revistas ni libros, podría hablar de las catásfrofes pamboleras de la selección nacional. Podría beber cerveza hasta tener una panza descomunal. Podría hacer múltiples grupos de amigos en WhattsApp y compartir videos de niños cayéndose y borrachos haciendo el ridículo. Sería divertido.

Pero no dije nada de eso al dependiente. Mejor le respondí con otra pregunta. Le dije que si había algo en la vida que le llamara la atención. Me respondió que los relojes. Bien, le dije, aquí ustedes venden una revista que se especializa en relojería, si él la leyera en cada número que sale publicada, con el tiempo tendría un conocimiento sólido sobre relojería, más allá de marcas y precios. Ya con más confianza me dijo que a el no e gustaba la sección que le habían asignado, que preferiría estar como vendedor -como no- en el departemento de relojería. Pues si estudias sobre la historia de la relojería quizá te puedan dar con el tiempo la oportunidad de estar allí, le dije. ¿Usted cree? me dijo. Claro, estoy seguro, cuando tengas los conocimientos seguro lo harán, porque los clientes siempre valoran a los vendedores conocedores de los productos que ellos buscan. Eso da confianza.

No hubo necesidad de explicarle más para qué sirven tantas revistas.

Las revistas de ciencia en México

Buscando información en la red y en libros para escribir algunos artículos sobre ciencia, específicamente de los temas de genética, eugenesia y bioética, di  con las revistas que publica la UNAM y la Academia Mexicana de Ciencias. Debo decir que me sorprendieron gratamente tanto la calidad de investigación y la forma en la que están redactadas: sin pastosidad, pero sin relejar el lenguaje técnico. Además de lo anterior, la calidad de impresión.  La revista Ciencias, que es editada por la Facultad de ciencias de la UNAM es graficamente excelente. Sus ilustraciones están ampliamente cuidadas y van acorde al tema del que se trata. La que edita la Academia Mexicana de Ciencias se llama -cómo no- Ciencia. Es más técnica que la de la UNAM pero la calidad gráfica es muy buena. En ambas los requisitos para la publicación de artículos son rigurosos. Los artículos a veces esperan hasta un año en ser publicados, pues un equipo de especialistas se encarga de corroborar la información. Si es necesario, se le hacen observaciones o sugerencias al escritor. Ambas revistas tienen un precio bastante módico: 40 pesos. Si tomamos en cuenta la calidad del producto tanto en contenido como en impresión. Por si fuera poco, sus contenidos están en línea disponibles para todo público de manera gratuita.

Revistas como Letras Libres, Nexos, Gatopardo Algarabía y otras, tienen un precio más elevado y la calidad de impresión no compite con estas de ciencia.

El único problema que veo en estas revistas y que al igual pasa con la Revista de la Universidad, es el problema con la distribución. Tardan mucho en ser surtidas en los lugares de venta, incluso en las librerías de la UNAM. Obsesivo como soy, busqué los nuevos números en tiendas Sanborn’s, Librería UNAM y en el Fondo de Cultura Económica. En todas tuve la misma respuesta: tardan en llegar.

Solo en Sanbor’s de eje Central, no el los azulejos, sino el que hace esquina en calle Tacuba, encontré la nueva Revista de la Universidad. Las de ciencia son más difíciles porque bien a bien no tienen una fecha de salida. Esto me devuelve a la realidad porque al final de cuentas la distribución corre a cargo de la burocracia, con todo lo que esto significa.

Pero de algo sí estoy seguro, cuando encuentro una, la compro y salgo contento y orgulloso pues sé que he hallado un tesoro.

Algún día vendrán por el cura que toca la campana

En un acto de sublime intolerancia el gobierno ruso ha proscrito la obra de predicación cristiana de los Testigos de Jehová. Estos testigos, que en Rusia forman una comunidad de 175 000 predicadores activos, no hacen otra cosa que lo mismo que hacen en todo el mundo: compartir de forma pacífica sus creencias basadas en la Biblia. Los testigos de Jehová ya habían sido perseguidos antes por manifestar sus creencias durante el periódo de la extinta URSS. Muchos fueron encarcelados y enviados a Siberia, como se hacía con los peores enemigos del régimen estalinista. El triunfo de la democracia suponía un aire de libertades, entre ellas la religiosa. En un principio fue así y a los testigos se les permitió celebrar incluso asambleas internacionales. Pero de unos años para acá han sido acosados, perseguidos y acusados de extremistas. Sí, el mismo adjetivo con el que se califica a los terroristas del estado islámico, aquellos que matan personas, violan, infunden temor en la población. Poner a los testigos en la misma bolsa en la que se pone a los señores del estado islámico es, además de una ofensa, un exceso.

El máximo tribunal ruso ha declarado proscrita la obra de predicación y los testigos deben ahora entregar las propiedades, oficinas, lugares de culto, almacenes, etc al gobierno. Si un testigo habla con alguien más de sus creencias, puede ser detenido y puesto en prisión. El señor Putin no se ha enterado que la llamada “cortina de hierro” ya cayó. Quizá en una de esas y resucite los fatales planes quinquenales con los que la URSS destruía su economía.

A partir de que la noticia se hizo global los testigos han padecido burlas en todo el mundo. Lo que no alcanzan a ver estos burladores, es que este hecho es más preocupante de lo que parece, pues así como se proscribió la obra de los testigos, se puede proscribir la obra de cualquier otra confesión religiosa. Quizá algún día, muy de mañana, vengan unos policías con el fin de detener al cura de la iglesia que toca las campanas llamando a misa. ¿La razón? una muy sencilla: por escandaloso, pues despierta a los habitantes con el toque de las campanas.

Cabría que todos hiciéramos una reflexión sobre por qué gobiernan los intolerantes. La respuesta está en nosotros mismos.

En lo personal no me molesta que el cura toque las campanas, como tampoco me molesta que el judío guarde el shabbat o que el musulman lea el Corán o que el yogui medite en un parque. Lo que me enojaría en gran manera sería que un día ni el católico, ni el judío o el musulman o el yogui hicieran aquello que les hace feliz.

Ahora que los testigos rusos no pueden predicar libremente ni reunirse, ni compartir sus creencias, ahora sí estoy lleno de rabia.

Cosas del clembuterol

No es que uno diga un día: voy a comerme o beberme una porción de clembuterol. No es así. De hecho lo estaba consumiendo y sin saber. El año pasado, por ejemplo, en la carne que comí y no lo supe sino hasta hace unos días que comí otra vez y tuve los síntomas iguales de aquellas otras veces. Dolor agudo, sudoración y alteración de los nervios. Lo peor viene cuando se sienten las ganas de volver el estómago, pero no se puede, eso, volver, y sin querer se contradice al hermoso tengo de Gardel.

He leído que a atletas y futbolistas si les decubren clembuterol en el organismo tras sendos análisis, los suspenden. Porque este clembuterol les otorgra cierta ventaja con respecto al que no la consume. No sé si sea verdad o no, no sé en qué porciones lo consumen. Lo que sí puedo asegurar es que la carne que me comí estaba abundantemente marinada en clembuterol porque sí me sentía como el personaje de Linda Blair en el Exorcista.

Yo haré lo que una persona medianamente pensante haría: dejar de comprar en ese negocio. De todas formas pensaba hacerlo, porque el dueño le gritó de muy mala manera a su ayudante porque se tardó en traer el cambio. Digo, si mi esposa y yo no nos quejamos por la tardanza, él, que es el dueño y no iba a cerrar ya porque apenas era el mediodía, por qué avergonzar al ayudante. No me gusta cuando hacen estas cosas. De hecho, cuando alguien grita o trata mal a los empleados, yo dejo de comprar en ese lugar. Sé que no va a cerrar el negocio porque yo dejo de comprar en él, pero a mi no me gusta que los dueños o encargados sean prepotentes.

Para ayer lunes ya estaba bien, me sentía repuesto pero algo extraño. No envidio a los atletas o jugdores que por voluntad u obligación tienen que consumir el clembuterol o algo parecido. Prefiero salir a correr a mis escasas capacidades. Al final de cuentas lo hago por entretenimiento, no vivo de correr, de hecho es lo contrario, los corredores cuando queremos participar en competencia, tenemos que pagar y no pocas veces somos estafados por las compañías organizadoras. Pero ese es tema de otra entrada.

EU también es región 4

Estados Unidos es muchas cosas. Una gran extensión de terreno,  tierra de emprendedores, de gente trabajadora, de innovadores en los campos de la ciencia y la investigación; ciudades modernas y con servicios públicos adecuados… pero también es cuna del pseudo cristianismo puritano, que es racista. También es Estados Unidos el lugar de la intolerancia, de hipocresía en cuanto a las drogas; de la soberbia de sentirse con el mandato divino de arreglar el mundo… y en ese andar demuestran que también padecen de los mismos males que el tercer mundo o región 4, para ponerlo en términos más modernos.

Su flamante nuevo residente se pelea con todo mundo, es como los dictadores o autócratas de latinoamérica que manotean y gritan a la menor provocación. La nueva administración está llena de incompetentes -su presidente es un hombre de negocios que se ha ido a la quiebra ¡siete veces!- que desconocen protocolos y formas; inventan masacres, amenazan con apuntar nombres de las naciones que no estén con ellos. Vamos, esas cosas ni Videla, ni Pinochet, ni Trujillo.

El país que más se ha beneficiado con la globalización, tiene a un gobierno que la maldice, que la odia y se avergüenza de ella. Ellos, que han tomado los beneficios por la buena o por la mala, se dicen abusados por países como México.

Siempre he creído que la historia de Estados Unidos es como una película, pero ahora creo además que es una de esas infames de serie b. Lo que acá conocemos como churro. Los ciudadanos estadounidenses no saben ni cómo se metieron en eso, y peor aún, no tienen la menor idea de cómo salirse.

Hay los que dicen que no llega a 10 meses en el poder, hay otros que dicen que solo serán 4 años.

A saber.

La violencia la tenemos en alta estima

Nos gusta la violencia, la amamos, nos parece atractiva, la presumimos, nos regodeamos de ella y con ella. En los estadios, en las calles, en los mercados, en el transporte público, aun en las iglesias. Nos encanta decir: como México no hay dos y viva México cab… con ese dejo de altanería, que es violencia, por delante. Porque al que piense distinto, le partimos la cara o al menos eso decimos. De nuestros héroes favoritos Pancho Villa sobresale, por, claro está, ser el más bravucón. El que se brincó el charco y atacó a Estados Unidos. Ese sí era valiente, decimos. Y por ahí nos seguimos, porque nos embelesamos con las películas de charros que entran a balazos a las cantinas a beber tequila. Se magrean a las muchachas, son simpáticos, generosos y bien machos. La televisión, no se queda atrás, nos muestra a los narcos en su versión metrosexualizada, pero igual de violentos. Los niños y jóvenes no quieren ser científicos ni economistas, sino narco y galán, como el de la tele. Y las muchachas no aspiran a ser doctoras, sino a ser la mujer del narco al que ven todas las noches en canal 2 o 9. La violencia la llevamos hasta a las actividades recreativas. Llevamos a los hijos a jugar futbol y les gritamos e insultamos porque no tocan el balón como nosotros queremos. Así las cosas, nos gusta la violencia. Es nuestra adicción, pero como toda adicción, cada vez es mayor y más grave.

Hay naciones que en su himno enarbolan sueños de paz, de libertad y fraternidad, de amistad. No el nuestro. Nuestro himno llama a la guerra a cada hijo de la patria. Y presumimos que nuestro himno es el más hermoso de todos. Ese mismo que incita a la guerra, que es violencia. Y al que diga que no es así, le amenazamos con romperle la cara.

La izquierda mocha

La izquierda mocha

y gustosa de los culebrones

Alejandro Arrieta
La periodista más radical de México y la revista de análisis político más influyente del país, han unido fuerzas y recursos para elaborar llevar a cabo una investigación sobre un tema que, sin duda, debe preocupar -o al menos así lo creen la periodista y la revista- a los mexicanos: si la boda eclesiástica del presidente  y su mujer es válida o no. Nótese que no es el matrimonio que se inscribe y del que queda registro en el juzgado civil. No. Aquí el que es objeto de investigación es el eclesiástico, que en México, gracias a las leyes de Reforma, tiene un significado meramente simbólico. El matrimonio válido es el civil, el que se contrae ante un juez representante del Estado. El otro es una mera bendición que reciben los creyentes. Si así son las cosas ¿Por qué importa tanto a la periodista y a la revista Proceso?

Para ningún mexicano medianamente informado es un secreto que tanto Carmen Aristegui como Proceso se traen una suerte de “guerra” con el gobierno. Esta investigación lo confirma. ¿En qué ayuda al país que el presidente sea casado o no por la religión de su preferencia? Sin duda que en nada. Pero si hace escándalo, ruido y este ruido mantiene en estado agitado a las redes sociales.

Si fuera un tema de favoritismo a ciertos grupos empresariales, como fue el caso de la llamada Casa Blanca, se entiende que el propósito de la investigación es mostrar a la sociedad la corrupción con la que el gobierno se maneja. Pero no se sabe la razón por la que una revista de análisis político y una periodista con gran reconocimiento hacen una investigación que más bien pertenecen a la prensa rosa.

Cosa curiosa que este tipo de investigaciones tengan a la izquierda mexicana muy intrigada y alarmada sobre los asuntos espirituales del presidente. Seguramente esa izquierda pro aborto, pro matrimonios del mismo sexo y pro legalización de las drogas acude cada domingo a misa y comulga sin falta.

Cosa curiosa que esa izquierda que tiene a Benito Juárez como a uno de sus santos laicos, se olvide de las leyes de Reforma, en las que se establecen perfectamente y con claridad las cosas que son del César y las que son de Dios.

A esa izquierda le sobra pose y le faltan lecturas.

Animales sin circo

Sin duda, es muy lucidor y apantalla a las masas que un buen día declares que estás contra el maltrato de los animales. El pópulo aplaude ese gesto tan noble. Sientes al instante esa inyección de vitamina a tu vanidad y decides ir por más. Ya está, propones que esté prohibido el uso de animales en circos y demás espectáculos. Como además eres militante de un partido -en realidad una franquicia- que se dice ecologista, pues ya la tienes hecha.

Como de un tiempo para acá a los políticos les ha dado por emular todo aquello que entienden por vanguardista, sin importar si es aplicable a nuestra sociedad, ya sea por economía o costumbres, pues no faltaron los que se se sumaron a la idea. Así que quedó aprobada la iniciativa: no más animales en circos y espectáculos.

La pregunta que no se hicieron -o no quisieron hacerse- fue ¿De verdad todos los circos maltratan a los animales? Generalizar es malo, nos enseña la escuela. Pero estos señores políticos lo hicieron. Así no solo dejaron sin hogar a todos esos animales, sino que practicamente hirieron de muerte al espectáculo circense.

Hubiera sido mucho mejor haber implantado una severa regulación que castigara el maltrato de los animales que se emplean para espectáculo. Pero no prohibir su uso. Mantener a un animal como los que traen los circos no es económico y son los empresarios circenses quienes asumían esos costos porque era rentable para sus shows. Ahora no hay quién los mantenga ni alimente. El gobierno no es opción porque ni siquiera puede garantizar el cuidado de los que están en los zoológicos.

Todo esto viene a cuento porque en Puebla están comenzando a dormir a los animales, por la imposibilidad de poderlos mantener.

Aquí es donde podemos entender el gran daño que puede hacer a la sociedad una política pública oportunista. Pero también el apoyo a la misma por parte de una masa desinformada e incapaz de usar el raciocinio. Esta masa adopta todo aquello que entiende por moda, sin mirar las consecuencias.

Schopenhauer decía que poco podemos esperar de un hombre -o una mujer- que manifestaba poco amor hacia los animales. Y le sobraba razón

 

Noroña en su laberinto

No es malo ser de izquierda o pretender serlo, o decir que nos sentimos cómodos con esta ideología. Tampoco lo es decir que somos de derecha. Vamos, que a estas alturas del partido podemos asumir la posición política que más nos plazca… o ninguna, que también se vale.

La derecha, como es sabido por todos, gusta de que se le reconozca con la capacidad de generar prosperidad, pareja o dispareja, ese ya es otro cantar. La izquierda, en cambio, promete distribuir de forma equitativa la riqueza que ya antes ha producido la derecha… o la pobreza, en el caso que le haya antecedido otro gobierno de izquierda. La derecha en aras de producir riqueza “deja pasar” la corrupción. Se hace de la vista gorda y cuando la presión es mucha va por uno que otro y los mete a la cárcel y listo. Que siga todo en marcha. La izquierda en cambio, gusta de subirse a un banco de autoridad moral, señala los despilfarros y triquiñuelas de la derecha. Se llena la boca de señalar todo lo inmoral de la política. Señala políticos corruptos, empresarios avaros, funcionarios poco éticos. Todo está podrido bajo su óptica, pero nada que no tenga solución… en cuanto ellos lleguen al poder.

Gerardo Fernández Noroña es un político que se asume de izquierda, pero en la práctica emplea métodos fascistoides. No respeta la opinión del oponente, no debate ideas sino lanza ofensas, no argumenta. Bloquea a usuarios de Twitter cuando lo cuestionan. Suele lanzarse sobre ciertos personajes a la descalificación y ofensa.

Noroña es el mejor ejemplo de esa izuqierda mexicana que se atraganta al hablar de moral. Ex diputado que salvo colaboración en un sitio de internet de noticias, no se le conoce trabajo alguno. Dice que vive de vender libros de segunda mano… en un país en el que el grueso de la población no es afín a la lectura, no parece próspera esa actividad. Hace unos días, Noroña decía que solo contaba con 400 pesos en su cuenta bancaria… y se va al fin del mundo, en un viaje en la temporada más cara del año. Cuando el viaje trasciende en los medios -una vez que el propio Noroña lo hizo público en su cuenta de Twitter-, Noroña dice que el viaje no lo pagó él, sino su cuñado, un maestro universitario, con familia. Un maestro universitario que no gana más de 15,000 00 pesos al mes puede pagar un viaje cuyo costo es de aproximadamente medio millón de pesos. Sin duda, este maestro universitario sabe hacer rendir el dinero. Noroña dice que lo que le molesta a sus detractores es que gente del pueblo pueda hacer un viaje como el que hace. ¿A poco solo los oligarcas pueden viajar? se pregunta. Pero no explica como el sueldo de ese maestro universitario pudo costear el viaje de su familia y de Noroña como invitado. Como sucede siempre, el que pide cuentas a todos nunca gusta de darlas cuando se las requieren.

Como ya se sabe el camino, Noroña dirá que son ataques de los enemigos de su lucha y así.

Quizá y sí, la moral es solo ese árbol que da moras, como lo dijo hace décadas una pintoresca mujer.