Cosas del clembuterol

No es que uno diga un día: voy a comerme o beberme una porción de clembuterol. No es así. De hecho lo estaba consumiendo y sin saber. El año pasado, por ejemplo, en la carne que comí y no lo supe sino hasta hace unos días que comí otra vez y tuve los síntomas iguales de aquellas otras veces. Dolor agudo, sudoración y alteración de los nervios. Lo peor viene cuando se sienten las ganas de volver el estómago, pero no se puede, eso, volver, y sin querer se contradice al hermoso tengo de Gardel.

He leído que a atletas y futbolistas si les decubren clembuterol en el organismo tras sendos análisis, los suspenden. Porque este clembuterol les otorgra cierta ventaja con respecto al que no la consume. No sé si sea verdad o no, no sé en qué porciones lo consumen. Lo que sí puedo asegurar es que la carne que me comí estaba abundantemente marinada en clembuterol porque sí me sentía como el personaje de Linda Blair en el Exorcista.

Yo haré lo que una persona medianamente pensante haría: dejar de comprar en ese negocio. De todas formas pensaba hacerlo, porque el dueño le gritó de muy mala manera a su ayudante porque se tardó en traer el cambio. Digo, si mi esposa y yo no nos quejamos por la tardanza, él, que es el dueño y no iba a cerrar ya porque apenas era el mediodía, por qué avergonzar al ayudante. No me gusta cuando hacen estas cosas. De hecho, cuando alguien grita o trata mal a los empleados, yo dejo de comprar en ese lugar. Sé que no va a cerrar el negocio porque yo dejo de comprar en él, pero a mi no me gusta que los dueños o encargados sean prepotentes.

Para ayer lunes ya estaba bien, me sentía repuesto pero algo extraño. No envidio a los atletas o jugdores que por voluntad u obligación tienen que consumir el clembuterol o algo parecido. Prefiero salir a correr a mis escasas capacidades. Al final de cuentas lo hago por entretenimiento, no vivo de correr, de hecho es lo contrario, los corredores cuando queremos participar en competencia, tenemos que pagar y no pocas veces somos estafados por las compañías organizadoras. Pero ese es tema de otra entrada.

¡Por fin maratonista!

No son los 42 kilómetros y 195 metros los que hacen a un maratonista. Es cierto que ese es el propósito, cubrir esa distancia y emular a Filípides, para así, poder decir con honor: ¡soy maratonista! Son muchos kilómetros más de entrenamientos, horas de preparar la mente que es quien se encargará de la última parte del trayecto, el más crítico. También hay que acostumbrar al cuerpo al cansancio, al dolor muscular. Elegir la ropa y el calzado se vuelve un asunto de cuidado extremo o de otra forma la pasaremos mal. Pero más importante que todo, dos cosas: la fe y el corazón. No es un asunto de religión, pero sí de fe, requeriremos de mucha para afrontar esta distancia, para no claudicar, para no ser presas del temor y abandonar los entrenamientos, para no ausentarnos del gran día, para concluir la maratón. El corazón en cambio es ese hogar pequeño pero cálido e íntimo donde se aloja el amor de los tuyos. De mi corazón puedo decir gustoso que siempre estuvo lleno. Nunca en estos meses de preparación me sentí solo. Fue una preparación feliz porque en todo momento tuve el cariño de mi familia. Ver sus rostros quemados por el sol, pero sonrientes y llegar a la meta acompañado por mi hermano, es de las cosas más grandes que he vivido.

El trayecto es una fiesta de 42 kilómetros y 195 metros. El apoyo de los voluntarios y de la gente que te comparte desde una sonrisa, una naranja, un pretzel o un choque de mano, saca las lágrimas hasta al más duro. A todos esos miles des desconocidos que nunca más verás los recordarás por siempre.

En otro texto pienso contar mi experiencia completa durante el trayecto, hoy solo quiero agradecer a Dios, a mi familia y a toda esa gente que demostró que este país es más grande que todas las cosas malas que se dicen de el.

Con mucho cariño para toda mi familia, en especial para mi hermano José Arrieta que, como toda la vida, hicimos esto juntos. A mi esposa Rosy de Flores porque diste generosa el tiempo para que yo entrenara. A mi mamá porque siempre nos apoyas en todas nuestras locuras, sonriente y tranquila. A mis hijos Rubén, Coco y Sarita, gracias niños, por sus bromas, sonrisas y alegría. A mi Katy por ser esa carita sonriente que se fijó en mi mente durante esos 42 kilómetros.

En el correr no todo es correr

Para llevar un buen plan de entrenamiento se requiere, además de disciplina y constancia, otros elementos que quizá no parezcan, de primera mano, tener mucha relación con el gusto de correr.

Estos elementos son, el apoyo y comprensión de tu familia, por ejemplo.

Los entrenamientos requieren tiempo, más si te toca hacer tirada larga. Por eso es necesario que la familia entienda y apoye lo que estás haciendo. Si se está entrenando para una maratón,  hay que explicarle muy bien a los integrantes de la familia que es un desafío de 42k. Que requiere mucha dedicación, pero que es algo que quieres hacer y que cuentas con ellos. Que habrá días que estarás tan molido que no querrás salir a dar la vuelta o a comprar el mandado. Que te acostarás temprano a dormir para reponer fuerzas. En fin. Sin el apoyo de la familia,  nada más no es posible.

No todo es correr cuando se está corriendo.

Y la lluvia

Te calzas las zapatillas de correr, ajustas las agujetas para que no queden ni muy sueltas ni muy rígidas, parece cualquier cosa, pero no lo es y el que practica running lo sabe. Si van muy flojas, la zapatilla tendrá un juego que será incómodo al dar el paso. Si van rígidas, puede ocasionar lesión.

El correr “cualquiera lo hace”, dicen los ignorantes, pero hacerlo bien, lleva tiempo y hay corredores que nunca aprenden a hacerlo bien, y no hablamos unicamente de corredores amateurs, hay corredores profesionales que no desarrollan la correcta forma de correr.

Tampoco es lo que nos hacen creer las grandes marcas comerciales y las revistas dedicadas al running. El correr es bastante simple, pero no en la técnica, sino en la indumentaria. NO necesitamos las zapatillas de alta tecnología y éstas, propiamente no hacen ganar a nadie una carrera. Le dan comodidad, eso sí, pero nada más. Tampoco requerimos el avanzado monitor de actividad física, ni el súper hidratante. Pero es válido hacerlo con estos accesorios.

Digo todo esto como una reflexión a partir de la sensación que tuve mientras salía a correr el día de hoy, mañana de sábado. Estoy iniciando mi preparación para el Maratón de la Ciudad de México. Pero lo estoy llevando de una manera distinta. Con música, claro, pero también escuchandoa mi cuerpo. Con calzado semi minimalista, sin las plantillas acolchonadas. El reto es refinar la técnica de pisada. Dejar lo menos posible el metatarso en el piso. Ahora voy ligero, con lo justo, sin tanto accesorio.

La mañana estaba algo fría y las calles tranquilas. Gente apresurada, esperando el transporte. Vendedores ya dispuestos con su mercancía. Unos 400 metros de trote ligero y de allí a apretar la velocidad. Hay que imponerle disciplina a la capacidad pulmonar.

Y la lluvia, por supuesto, porque es junio.

Hablemos de correr

79. Ese es el número que marca el reloj digital que indica los días que faltan para el Maratón de la Ciudad de México. Es el mismo número en el que nací, 79 del siglo pasado. No creó en la numerología, pero se me hace curiosa la coincidencia, porque es justo en este día que he quedado inscrito al evento deportivo del año, de mi año, para ser más precisos. Llevo algunas semanas sin salir a correr. Salvo algunas carreras como la de Volaris o la de la Gran Fuerza de México, no he corrido alguna otra en lo que va del año, que ya es la mitad. De 2014 para acá, que es cuando decidí salir a correr, este año es el que menos he entrenado. Mejor dicho, este año no he entrenado. Las dos carreras que ya mencioné, las hice así, confiando en lo mucho que camino. Dejé de correr por una molestia que traigo desde el año pasado en la rodilla y que me hizo sufrir mucho en el medio maratón del ejército del año pasado. Pero eso es historia pasada.

Me quedan 79 días para entrenarme. Son pocos, según los programas de entrenamiento recomendados por destacados entrenadores. Ellos recomiendan por lo menos 4 meses. Yo tengo poco menos de dos para correrlo. Pero yo nunca he seguido los métodos de estos entrenadores. Corro libre, mi inspiración son los rarámuris, los “nacidos para correr”. Así que 79 días son muchos para salir y correr.

Haré lo que Travis en Taxi Driver: dejaré esta vida sedentaria, castigaré a mi cuerpo con entrenamiento.

Para llegar a esos 42k, antes hay que recorrer muchísimos más.

Pues eso.