A propósito del abuso de las palabras.

Según John Locke, las palabras son solamente signos de nuestras ideas. Y es por esto que las palabras pueden significar varias cosas a la vez. A veces de forma positiva o negativa, a veces simple o a veces de forma compleja. Las palabras tienen su riesgo, por eso no hay que abusar de ellas. Hay que usarlas con conocimiento de causa y con moderación. Algo parecido a lo que se recomienda para el consumo del vino o el tabaco. O quizá más, porque palabras mal entendidas y por ende mal empleadas, pueden crear más malestares que el vino o el tabaco. Pero si el que las profiere está entendido de su significado, ¿tendrá culpa si el que las recibe no las conoce ni entiende? Podemos decir que no. Pero el que las emplee deberá hacerlo tomando en cuenta siempre las capacidades del receptor. De otra forma estaría abusando de su elocuencia con el único propósito de ser soberbio y no darse a entender.

 

Locke en su obra “Del Abuso de las Palabras” recomienda que aquellos que instruyen a una persona o a un grupo de gente deben ser claros, no rebuscados y deben evitar las figuras retóricas. Adornar la enseñanza –dice Locke- solo crea confusión.

Al final de cuentas, lo que hablamos no es otra cosa que lo aprendido. La experiencia nos lleva a la comprensión, al entendimiento y es la que nos proporciona los argumentos necesarios para interpretar lo que queremos comunicar.

En la obra de Locke no quedan muy bien “parados” los políticos. Estos seres abusan de las palabras en sus discursos, porque no pretenden comunican, sino deslumbrar y confundir. Buscan el aplauso y el elogio a base de no hacerse entender.

La vida es apenas un suspiro

Tanto si somos fleices o no lo somos, la vida pasa, por delante o por detrás, quizá por el flanco izquierdo o el derecho. La vida no espera, como el tiempo. La vida deja cicatrices en nosotros, para bien o para mal. Si tenemos vida, el telón se levanta, se enciende las luces y comienza la función. Nuestra interpretación de nosotros mismos será majestuosa o mediocre, nosostros lo decidimos, madie más. Cuando no den la orden de bajar del escenario, seremos aclamados o denestrados, la decisión es, repito, nuestra.  Nadie nos enseña cómo vivir, cierto, pero no se nos estafa. Se nos ha obsequiado la capacidad de deducir, de aprender del ejemplo de los otros. La fama no es la que hoy nos venden y que radica en cuan reconocido somos, sino más bien como antaño, la fama son las cualidades, todas las cosas que vamos aprendiendo durante los años.

Hoy muchos celebran, hoy otros lloran. Hoy otros estamos en medio. Lo importante, creo es saber aprovechar cada situación, ser feliz, pero nunca a costa de los demás, estar triste pero sin agobiar a nadie más. Y los que estamos en medio, bendecir la felicidad de unos y acompañar la tristeza de otros.

La vida es un suspiro.

A veces nos pasamos de buena gente

Es ampliamente sabido y reconocido que este sufrido país es muy generoso y recibe a todo mundo. Ya sea que alguien sea perseguido, buscado, explotado, humillado, abusado o no. Acá toda persona es bien recibida. Y no hace falta decir que muchas de esas personas aparte de entrañables han aportado mucho a nuestro país. Antes, de Colobia, por ejemplo, nos llegaban escritores o músicos. De Argentina Psiquiátras o jugadores de fútbol. De Chile, poetas. De España intelectuales, filósofos y gente emprendedora que fundó empresas que hoy son líderes en el mundo.

Pero de un tiempo para acá algo pasó y todo fue para mal. Ahora de Colombia llegan bandas de roba casas o prestamistas o secuestradores. De Argentina, tipos pedantes que se pasean por la Condesa mientras nos barren con la mirada. Aunque no traigan un duro en la bolsa. De Venezuela, mujeres que gritonean a los dependientes de Burguer King. Una cantante chilena que le habla de forma grosera y despectiva a un reportero. Y como el antaño  no se puede quedar atrás, ya entrados en gastos, una escritora que llama “gordas inmensas” a unas juchitecas y en su propia casa. Esta escritora, por cierto, es una princesa… de un reino que no existe!

Todo esto me lleva a la conclusión de que a veces nos pasamos de buenas personas. Los mexicanos somos hospitalarios, pero deberíamos aprender a ser un tanto selectivos. Por lo menos no deberíamos recibir a quien nos falta el respeto. A quien nos agrede. Así sea un mara salvatrucha o Trump.

No es casualidad que la violencia se haya incrementado de forma significativa desque que Fox le abrió las puertas de la frontera del sur a los centroamericanos.

La zona oriente del área metropolitana tiene serios problemas de inseguridad y mucho tiene que ver que por esos lares hayan llegado a vivir muchos centroamericanos. En la Portales y alrededores los robos a las casas y las clonaciones de tarjetas es gracias a bandas de colombianos.

Como dirían los clásicos, ya se están pasando de tueste.

 

De la independencia

Decía con justa razón, don Pío Broja que el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando. Es verdad. El nacionalismo es rancio, anticuado, rigorista y retardatario. Ningún nacionalismo ha aportado algo bueno a la humanidad. Por el contrario. Los nacionalismos van contra la integración, el desarrollo y la mejor solidaridad de la humanidad. Yo estoy contra el término nacionalismo, como lo estoy contra el concepto de religión. Pero así como no es lo mismo tener fe que ser religioso. Considero que no es lo mismo ser nacionalista que anhelar la independencia. Apenas asomamos la cabeza y deseamos ser independientes. Sí, desde nuestra incipiente adolescencia ya no queremos que nuestros padres nos dicten lo que debemos hacer. Es cierto que no estamos en edad para tomar decisiones, pero esedeseo ya se ha incubado en nuestros pensamientos. Y tarde o temprano partiremos. Dejaremos la casa, la familia y nos tomaremos nuestra vida al cien. Lo mismo pasa con las comunidades. Y esto debería entenderse más claramente en estos tiempos en los que se han otorgado, como nunca antes, las libertades amplias a los ciudadanos en muchos lugares. Ya en otro post dije que en esta vida todo sería más simple si cada quien fuera lo que deseara. Nos iría mejor si lográramos entender que somos diferentes y que no podemos tolerarnos a rajatabla. Es más, tenemos que buscarnos otra palabra, otro término para la coexistencia. La tolerancia se debe ir a la basura, porque tolerar es decir: me caes mal, no te soporto, pero te tengo que tolerar, es decir, aguantar. La tolerancia es una olla de presión que a cada tanto nos explota, mostrando  cuánto estamos errados.

El pasado terremoto en México nos muestra como cuando nos olvidamos de las banderas, en este caso políticas y actuamos como lo que somos, seres humanos, somos solidarios, fraternos, empáticos, misericordiosos.

Piqué es el nuevo Ringo

No es el tipo que en el campo de juego haga la proeza que lleve al triunfo al equipo. No es el jugador caprichoso que con una jugada de fantasía haga olvidar a la tribuna sus desdenes y parrandas. No. Tampoco un crack, ni el que se asume de líder a base de dureza y tesón. No. No es un Puyol o un Iniesta. Piqué anda más por ser un “Ringo Star” en las filas del Barcelona que otra cosa. Difícil figurar en una orquesta futbolera repleta de puros fuera de serie. A menos que vayas por ser el tipo buena onda y te hagas de la chica con las caderas más famosas del mundo. Entonces sí que opacarás -o tu ahora esposa- a las mega estrellas como Messi. Recuerdo aquella bandera monumental que una vez colgaron los del bando rival en un partido y que decía: Shakira es de todos.  Desde luego que el texto iba  con bastante jiribilla. Pero es una muestra de cómo la chica de Piqué opacó a las figuras del equipo catalán. Solo así, un tipo como Piqué puede jalar los reflectores para sí.

Otra forma es si como catalán, está a favor del independentismo. Entonces será muy popular y el respetable le mostrará su apoyo en cada juego de local.  Así Piqué, un jugador promedio, será uno de los más populares del mejor equipo del mundo. La cosa será un tanto cuanto complicada porque Piqué, idependentista y catalán, no ve problema alguno en jugar en la selección nacional de ¡España! sí, de la nación de la que quieren dejar de pertenecer. Dice que él no ve problema en ello. Quizá nadie le ha mostrado los requisitos para ser jugador de una selección. Uno de ellos es ser ciudadano de esa nación. Él está por la idependencia de Catalunya, lo cual es válido y respetable. Pero aquí hay algo que no cuadra. Cristiano Ronaldo no puede jugar con España porque es Portugues. Mañana martes quizá se declare la independencia de Catalunya. Con esta declaración los catalanes oficiarán su independencia. Luego entonces ya no pertenecerán a España. ¿Nadie se lo ha dicho a Piqué? ¿Nadie se lo ha explicado? Por mucho que Piqué diga que él no ve problema, pues la realidad es que sí lo hay, porque el club Barcelona dejaría de jugar en la liga española y él tendría pasaporte catalán y no español. Pasaría a ser un extranjero en España.

Con los jugadores de futbol pasa algo parecido a lo que sucede con los boxeadores -salvo honrosasy escasas excepciones-, carecen de los conocimientos mínimos para poder opinar sobre los temas que lo hacen.

Piqué vota en un referéndum en el que el  90% votó a favor de la independencia. Un día después acude a la concentración de la selección española y dice que no ve problema, luego da una conferencia en la que da a entender que él no apoya a los independentistas, siendo que la propia participación en el referéndum demuestra lo contrario. Vamos, que Piqué se trae su propio jueguito.

La gran cadena de corrupción

Es corrupto el político. Eso es quizá hasta una verdad de perogrullo. Pero también lo es el funcionario de medio nivel, el de tercer, el jefe de área, el supervisor, el encargado, el auxiliar y el ayudante. Pronto lo será también el becario. Pero del otro lado nadie se salva. Porque también es corrupto el empresario, su apoderado legal, su gerente, su contable, su director, el jefe de operaciones, el de personal, el de recursos humanos, el supervisor, el jefe de área, el auxiliar, el ayudante y el becario. Cada que tiembla la naturaleza nos obsequia una radiografía de nuestro cuerpo corrupto. Por eso vemos edificios derrumbados y que “no debieron caerse”, pues se supone son regulados y vigilados para que cumplan con estándares de construcción y calidad, para que resistan terremotos de cierta intensidad. El pasado 19 de septiembre se cayeron algunos edificios viejos, pero muchos nuevos, algunos recién estrenados. También escuelas. Llama la atención que se hayan derrumbado instalaciones del Tec de Monterrey en la CDMX. Siendo que esta escuela es especialista en formar ingenieros.

¿Cuántos ingenieros, arquitectos, etc, andarán sueltos por la ciudad, sin los conocimientos necesarios para llevar a cabo obras como las que se cayeron? Otro ejemplo es el socavón del paso exprés. ¿Cuántos encargados de obra se enriquecen, al igual que los contratistas, por comprar material barato y de mala calidad? No pocos.

Quizá nuestro error sea pensar que el 19 de septiembre de 1985 nos quedaba bastante lejos ya, tan lejos que sería irrepetible. La naturaleza nos demostró lo contrario. Los corruptos están en el festín, disfrutando de lo que malamente ganan. Pues ahora deben beber la copa amarga de ser los culpables de las muertes del temblor. Sí, esa también es su ganancia.

 

Nada se debería imponer

Al tiempo que veo las imágenes de la represión que el gobierno de Rajoy ha llevado a Catalunya, veo en la televisión un streaming que habla de la fe. En realidad de la fe a la antigua, esa que se imponía a la fuerza a los hijos, antes. Pero aún ahora. Como sociedad hemos tenido avances maravillosos en la tecnología y en las distintas ciencias. Han ido mujeres y hombres al espacio y las comunicaciones ahora son instantáneas desde y para cualquier parte del mundo. Pero no hemos Aprendido a respetar el legítimo derecho a pertenecer o no y a creer o no. Ese derecho se nos sigue complicando. Así, forzamos al otro a seguir siendo parte de nuestro país, aunque él y otros millones no lo  deseen. Invocamos a la historia y a la economía para intentar explicar lo bien que nos ha ido juntos. Si podemos considerar juntos el estar bajo obligación. Lo mismo pasa con la religión y la fe. Aún a millones de niños se les “bautiza” a los pocos días de nacidos. Cosa teológicamente inválida, pues el bautismo debe ser voluntario. Y al bebé nada más nadie le pide opinión. Así que será católico porque es la religión que le heredaron los abuelos y sus padres. Aunque tampoco el universo cristiano es distinto ni más abierto. No. Los cristianos no católicos igual y no bautizan  bebés, pero si presionan a sus niños y a sus jóvenes a seguir el credo de los padres. Y es una maldición si un hijo decide no tener las creencias de los padres. Es una deshonra, al menos así lo ven. No exagero si digo que hay padres que consideran muerto al hijo que se llega a casar con algo que no es de su religión. En plena era de la robotización nos comportamos como primates.

Por eso pienso que bien deberíamos respetar un principio bastante antiguo, pero eficaz: el libre albedrío. Que cada quien sea, pertenezca, crea, viva, cante, aplauda y tenga lo que se le plazca. Que el único límite sea el derecho del semejante. Así de fácil.

Lo reafirmo mientras veo a la Guardia Nacional de españa golpear a ancianas catalanas.

Pues eso.

Elogio de la actuación

El próximo año cumpliré 30 como actor. Desde niño aprendí uno de los oficios más “inútiles” que existen, pero también uno de los más enriquecedores. En estos casi 30 años de andar, de actuar, he visto innumerables rostros, miradas, lugares, caminos, etc. He sido aplaudido, reconocido, fustigado, amenazado, y discriminado. Sí, discriminado por aquellos que han infravalorado esta hermosa profesión. En pleno siglo XXI hay quien piensa que la actuación no es un “trabajo”. Hay gente que al saludarme, por ejemplo, se sorprende porque no tengo callos en las manos. “Las tienes de señorita”, me dicen y en seguida preguntan: ¿qué no trabajas? Claro que trabajo, pero mi trabajo no requiere que me ensucie las manos, ni me corte ni me queme  ni me salgan callos. Respondo un tanto molesto después de tantos años de escuchar cuestionamientos similares. Por otro lado, como el actor debe mantenerse en forma, hay que hacer algo de ejercicio, en mi caso running. En el caso de correr, si lo haces de forma disciplinada y cuidas la alimentación, estarás en buena forma, delgado. Esto siempre lo agradece la actuación. Pero los amigos y los conocidos o con los que platicas, te dirán que eres vanidoso.  También dirán que eres muy mujeriego. Eso seguro, no falla. Así son en “ese medio”. También borrachos y fiesteros. Algunas  veces a esto he respondido: pues cuando quieras me someto a un exámen, es más, quizá resulte que bebes más que yo.

En mi caso, voy a donde tengo función, actúo y me devuelvo a mi casa, con los míos a cenar o tomar café mientras conversamos sobre cómo estuvo todo. Escucho música y canto esas canciones que me gustan. Antes fumaba tabaco, ahora no. Si tengo carrera o entrenamiento al otro día, preparo mis cosas y pongo a cargar mi móvil y mi reloj y me voy a dormir. No ando de aventurero, de borracho o mujeriego, como algunos piensan.

30 años parecen un suspiro, apenas un halito. Pero no es así. Eso es lo que muestra engañosamente el cristal por el que miramos a la distancia. Hay veces que para actuar hay que sacar el caracter, aguantarse las lágrimas y “no sentir”, para poder cumplir una misión. Por ejemplo: cuando se actúa ante niños de casas hogar, hospitales, niños con cáncer o damnificados de desastres naturales. Aquí es donde verdaderamente se requieren tablas. Aquí es donde te das cuenta que ninguna otra porfesión binda lo que esta. Que eres privilegiado por poder brindar un poco de alegría a estos niños y sus familias y amigos. Entonces descubres que, depués de tanto camino andado, como dice la canción de Alberto Cortez “al abrir mis manos no estaban vacías”. No lo están, ni mi corazón, porque se ha llenado de tantas cosas bellas durante estos casi 30 años.

Casi nueve años juntos

Cualquier marxista diría que soy un “pequeño burgués  porque me aferro a un bien material. Y aquí es justo donde me adentro en una especie de encrucijada intelectual. Yo soy marxista, pero también actor. Y sabido es que los marxistas -más los marxistas-leninistas- no suelen ver con buenos ojos al arte, sobre todo a la actuación. Y es que el arte es inútil, porque no satisface ninguna de las necesidades básicas del ser humano. Luego entonces a él solo acceden los burgueses, no la clase proletaria. Ya vendrían los leninistas y los soviéticos a inventar e implantar su versión del arte, que no era otra cosa que propaganda política que, según ellos, “emancipaba al proletariado”. Cualquier cosa que eso significara. Lenin, hay que decirlo, tenía unas ideas bastante cavernarias con respecto al arte. Si alguien lo duda, puede visitar cualquier librería de viejo y adquirir el libro El Arte y la Revolución, que publicó la editorial Progreso.

Pero no es Lenin de lo que quiero hablar, sino acerca de esos objetos que se hacen entrañables en la labor nuestra -o mía en este caso-. El actor es un tipo sensible, eso es sabido, pero también es de manías, rituales y cábalas. Algunos nos encariñamos con ciertos objetos, tanto que los usamos por mucho tiempo. Ciertos zapatos, cierta borla, una gorra, una peluca, etc. Para nosotros son objetos muy entrañables y que se ganan nuestro cariño. Por eso duele mucho cuando alguno se nos extravía.

Todo esto viene a cuento porque el sábado pasado después de una función, mi hijo y yo paramos a comer en un lugar. Por estar platicando olvidamos una bolsa pequeña donde venían cosas muy entrañables para mí. En especial una que casi tenía nueve años conmigo. Fue mi compañera en más de 1500 presentaciones, no es poco. Viajó conmigo y tiene un significado especial porque me la regaló mi hijo cuando era apenas un niño.

Estoy triste, sí. Pero también muy agradecido con esa fiel compañera. Gracias por estos casi nueve años juntos.

La generación cansada

En una  plática, mi esposa me comentaba que un joven le confió que a sus 20 años ya se sentía cansado. Así, tal cual. Cansado. De qué, quizá de todo, de la vida, del clima, de la política, tal vez hasta del amor… o de su ausencia. El caso es que lo dijo así. Mi esposa, que tiene una facilidad increíble para comprender a las personas, se soprendió de lo que este joven le acababa de decir. ¡Cansado a los 20! a la edad en que los de otras generaciones nos queríamos comer el mundo, hacer una revolución, enamorar a todas las chicas o bailar todas las canciones. 20 años es muy pronto para desear tirar todo al bote de la basura. Quizá se renuncia a un sueño cuando por más que nos esforzamos,  no obtenemos lo que anhelamos. Pero a los 20, los sueños apenas están brotando. Esta generación es muy privilegiada en comparación a las anteriores, pero como dice el chiste moderno:  está generación, definitivamente no hallará la cura para el cáncer. Y no lo hará porque es apática, insensible y fría. Nada les emociona, nada les contenta, nada les sorprende. No tienen una base muy espiritual, de hecho no ven  necesario creer en algo, luego entonces no tienen fe. El movil o la tableta les aburre, siendo que es la ventana a el conocimiento abundante e inmediato que los de otras generaciones ni siquiera imaginamos. Yo estaba hecho cuando encontraba un caset en el que podía grabar dos horas de música. Y me sentía importante cuando  mis amigos me pedían que les grabara un caset con música de mi colección. Ahora ni siquiera tienen que hacer eso. Abren Spotify y me miran como a una reliquia.

Y para finalizar he de decir que pensando un poco, llego a la conclusión de que es lógico que este joven y su generación se sientan así. Todo lo tienen fácil e inmediato. Ya hasta la diversión la tienen a su placer. No tienenqué esperar una progrmación. Pero como nada es gratis. Toda esa comodidad es a cambio de su estado emocional.  Esta generación es más deprimente que las anteriores, estresada y solitaria. Están, sí, quizá con papá y mamá. Pero en un pequeño mundo aparte, extraviados. Viajan en la soledad que les proporciona un equipo electrónico, unos audífonos y una red social. Después de medio reír con los memes de moda, se pierde el entusiasmo por vivir. Al menos eso piensan estos jóvenes-viejos de apenas 20 años.