Cosas del clembuterol

No es que uno diga un día: voy a comerme o beberme una porción de clembuterol. No es así. De hecho lo estaba consumiendo y sin saber. El año pasado, por ejemplo, en la carne que comí y no lo supe sino hasta hace unos días que comí otra vez y tuve los síntomas iguales de aquellas otras veces. Dolor agudo, sudoración y alteración de los nervios. Lo peor viene cuando se sienten las ganas de volver el estómago, pero no se puede, eso, volver, y sin querer se contradice al hermoso tengo de Gardel.

He leído que a atletas y futbolistas si les decubren clembuterol en el organismo tras sendos análisis, los suspenden. Porque este clembuterol les otorgra cierta ventaja con respecto al que no la consume. No sé si sea verdad o no, no sé en qué porciones lo consumen. Lo que sí puedo asegurar es que la carne que me comí estaba abundantemente marinada en clembuterol porque sí me sentía como el personaje de Linda Blair en el Exorcista.

Yo haré lo que una persona medianamente pensante haría: dejar de comprar en ese negocio. De todas formas pensaba hacerlo, porque el dueño le gritó de muy mala manera a su ayudante porque se tardó en traer el cambio. Digo, si mi esposa y yo no nos quejamos por la tardanza, él, que es el dueño y no iba a cerrar ya porque apenas era el mediodía, por qué avergonzar al ayudante. No me gusta cuando hacen estas cosas. De hecho, cuando alguien grita o trata mal a los empleados, yo dejo de comprar en ese lugar. Sé que no va a cerrar el negocio porque yo dejo de comprar en él, pero a mi no me gusta que los dueños o encargados sean prepotentes.

Para ayer lunes ya estaba bien, me sentía repuesto pero algo extraño. No envidio a los atletas o jugdores que por voluntad u obligación tienen que consumir el clembuterol o algo parecido. Prefiero salir a correr a mis escasas capacidades. Al final de cuentas lo hago por entretenimiento, no vivo de correr, de hecho es lo contrario, los corredores cuando queremos participar en competencia, tenemos que pagar y no pocas veces somos estafados por las compañías organizadoras. Pero ese es tema de otra entrada.

EU también es región 4

Estados Unidos es muchas cosas. Una gran extensión de terreno,  tierra de emprendedores, de gente trabajadora, de innovadores en los campos de la ciencia y la investigación; ciudades modernas y con servicios públicos adecuados… pero también es cuna del pseudo cristianismo puritano, que es racista. También es Estados Unidos el lugar de la intolerancia, de hipocresía en cuanto a las drogas; de la soberbia de sentirse con el mandato divino de arreglar el mundo… y en ese andar demuestran que también padecen de los mismos males que el tercer mundo o región 4, para ponerlo en términos más modernos.

Su flamante nuevo residente se pelea con todo mundo, es como los dictadores o autócratas de latinoamérica que manotean y gritan a la menor provocación. La nueva administración está llena de incompetentes -su presidente es un hombre de negocios que se ha ido a la quiebra ¡siete veces!- que desconocen protocolos y formas; inventan masacres, amenazan con apuntar nombres de las naciones que no estén con ellos. Vamos, esas cosas ni Videla, ni Pinochet, ni Trujillo.

El país que más se ha beneficiado con la globalización, tiene a un gobierno que la maldice, que la odia y se avergüenza de ella. Ellos, que han tomado los beneficios por la buena o por la mala, se dicen abusados por países como México.

Siempre he creído que la historia de Estados Unidos es como una película, pero ahora creo además que es una de esas infames de serie b. Lo que acá conocemos como churro. Los ciudadanos estadounidenses no saben ni cómo se metieron en eso, y peor aún, no tienen la menor idea de cómo salirse.

Hay los que dicen que no llega a 10 meses en el poder, hay otros que dicen que solo serán 4 años.

A saber.

La violencia la tenemos en alta estima

Nos gusta la violencia, la amamos, nos parece atractiva, la presumimos, nos regodeamos de ella y con ella. En los estadios, en las calles, en los mercados, en el transporte público, aun en las iglesias. Nos encanta decir: como México no hay dos y viva México cab… con ese dejo de altanería, que es violencia, por delante. Porque al que piense distinto, le partimos la cara o al menos eso decimos. De nuestros héroes favoritos Pancho Villa sobresale, por, claro está, ser el más bravucón. El que se brincó el charco y atacó a Estados Unidos. Ese sí era valiente, decimos. Y por ahí nos seguimos, porque nos embelesamos con las películas de charros que entran a balazos a las cantinas a beber tequila. Se magrean a las muchachas, son simpáticos, generosos y bien machos. La televisión, no se queda atrás, nos muestra a los narcos en su versión metrosexualizada, pero igual de violentos. Los niños y jóvenes no quieren ser científicos ni economistas, sino narco y galán, como el de la tele. Y las muchachas no aspiran a ser doctoras, sino a ser la mujer del narco al que ven todas las noches en canal 2 o 9. La violencia la llevamos hasta a las actividades recreativas. Llevamos a los hijos a jugar futbol y les gritamos e insultamos porque no tocan el balón como nosotros queremos. Así las cosas, nos gusta la violencia. Es nuestra adicción, pero como toda adicción, cada vez es mayor y más grave.

Hay naciones que en su himno enarbolan sueños de paz, de libertad y fraternidad, de amistad. No el nuestro. Nuestro himno llama a la guerra a cada hijo de la patria. Y presumimos que nuestro himno es el más hermoso de todos. Ese mismo que incita a la guerra, que es violencia. Y al que diga que no es así, le amenazamos con romperle la cara.

Los muertos

Los mexicanos tenemos una fascinación por la muerte. No guardamos el respeto que otras culturas le muestran o el temor que en regiones como España ejercen. Los mexicanos «nos burlamos» de la muerte, nos reímos con ella y de ella, nos gusta alardear. Pintamos calaveras, las hacemos de azúcar o chocolate y nos las comemos. Las escribimos en forma de verso, como sátira, para burlarnos del político que nos roba, el rico que nos explota o al artista que admiramos. Se nos hace gracioso vestir a nuestros niños con disfraz de esqueleto y a las niñas de «catrinas». Vamos al panteón a «visitar a nuestros muertos». Les llevamos de comer, les contratamos al mariachi o al grupo norteño y pedimos que les toquen las canciones que en vida les gustaban. Ponemos ofrenda en nuestra casa, pues los muertos vendrán a comer. Primero los niños y luego los adultos. Mientras estén los muertos, nadie puede tocar nada de la ofrenda, pues los muertos pueden enojarse. Al menos eso nos dicen los adultos cuando somos niños.

El problema es que si como sociedad amamos la muerte es porque quizá odiamos un poco la vida, que es lo opuesto. Por más que a la muerte la presentemos como festiva y alegre, la realidad es que no es así. Es dolorosa, muchas veces cruel y siempre injusta. Nadie debería morir.

La vida es lo que deberíamos celebrar, no la muerte.

Este culto ancestral por la muerte tiene gran culpa en la era violenta que como país enfrentamos. Esta fascinación por la muerte minimiza la fatalidad, hace creer que la vida es algo insignificante y que vale la pena vivir en riesgo pues «todos vamos a morir algún día».

Hace miles de años, un hombre muy sabio dijo que era mucho más importante el día de duelo que el de fiesta. Se refería a que en el día del duelo podemos reflexionar sobre la importancia de la vida.

Los payasos

Ser payaso es cosa seria. Eso dice la muletilla preferida por muchos representantes de este gremio vilipendiado en las últimas semanas. Y tienen mucha razón. A pesar de que la ropa, el maquillaje, la expresión y los grandes zapatos se aferren a mostrar lo contrario. No cualquiera puede ser payaso, aunque muchos lo intentan y se hacen de un atuendo, aprenden a maquillarse y se caracterizan como tales. No es así de sencillo. Hay los que llevan años pensando que lo son, pero viven engañados. No son payasos. Esto nos lleva a la pregunta obligada ¿Qué es un payaso? o mejor aún ¿Qué es lo que hace que alguien alcance la categoría de payaso? Lo dijo hace muchos años un teórico de la actuación: el payaso se interpreta a él mismo. Mientras que en el drama el actor interpreta otro personaje, el payaso no. Por eso no será payaso aquel que copia las expresiones, los gags y el maquillaje de los demás. Será imitador, pero no payaso. El mejor imitador nunca dejará de ser el imitador de algo. El payaso y el ser que lo caracteriza viven en una línea muy delgada que si no se respeta, todo deja de funcionar. Juan Pérez no es Juan Pérez cuando está caracterizado como payaso, ni es payaso cuando ya no lleva maquillaje, vestuario y nariz. El respeto absoluto a su personaje es lo que distingue a un payaso de un charlatán.

II

Pero no es mi intención hablar de teoría actoral, sino de pedir un respeto, y uno grande, por cierto, a la profesión más bella del mundo. El payaso crea sonrisas en una realidad egoísta y apática. Estas sonrisas son democráticas e incluyentes. Lo mismo en una fiesta de cumpleaños, que en el circo, la tv, la escuela o un hospital. El payaso tiene la misión de hacer reír y lo hace. El payaso es una fábrica andante de sonrisas e ilusiones. Sana corazones tristes, surce alegrías descosidas. Si tiene que caerse vez tras vez para que su público se ría, lo hará sin vacilar. Al final tomará una fotografía mental en la que caben todos los rostros alegres a los que hizo feliz durante el tiempo que duró su show, la llevará a su corazón, donde atesora tantos buenos recuerdos. El payaso se irá, con su maleta. Quizá sea el actor más solitario de todos, no lo sabemos.

III

Desde hace unas semanas hemos visto en las noticias que gente se viste “como” payaso y espantan a las personas o las asaltan. Bien dicen que la ociosidad es la madre de todos los vicios. Y en estos tiempos lidiamos con muchos, la estupidez es uno nuevo.

Cierto que esta no es una ocurrencia nacida en nuestro país. Más bien es algo que nació en Estados Unidos y que nuestros jóvenes y unos no tanto, han copiado. No copian los valores morales de llamado cinturón bíblico, ni la cultura del esfuerzo y el trabajo germana, ni el estudio metódico de los judíos, sino las cosas que para nada sirven. Si de por sí ya nuestro país sufre desde hace años la violencia por parte de la delincuencia, ahora tenemos que padecer este tipo de bromas de muy mal gusto, además de innecesarias.

Los payasos genuinos son los que llevan la peor parte, porque ahora son perseguidos. Existen grupos en las redes sociales que llaman a matar a payasos, los más moderados, a golpearlos. Hay que recordar que, al final de cuentas actores, los payasos viven de sus actuaciones, de estas obtienen el sustento que llevarán a sus casas. Pero con esta situación, su trabajo se ve mermado, pues la gente se muestra reacia a contratar sus servicios.

Hago un humilde, pero firme llamado a que los padres de estos jóvenes hagan la tarea que no han hecho hasta el día de hoy: educar a sus hijos; hacerlos buenos ciudadanos y nutrirlos de valores. Se trata de hacer una sociedad más respetuosa y no degradarla con estas modas tan patéticas.

La izquierda mocha

La izquierda mocha

y gustosa de los culebrones

Alejandro Arrieta
La periodista más radical de México y la revista de análisis político más influyente del país, han unido fuerzas y recursos para elaborar llevar a cabo una investigación sobre un tema que, sin duda, debe preocupar -o al menos así lo creen la periodista y la revista- a los mexicanos: si la boda eclesiástica del presidente  y su mujer es válida o no. Nótese que no es el matrimonio que se inscribe y del que queda registro en el juzgado civil. No. Aquí el que es objeto de investigación es el eclesiástico, que en México, gracias a las leyes de Reforma, tiene un significado meramente simbólico. El matrimonio válido es el civil, el que se contrae ante un juez representante del Estado. El otro es una mera bendición que reciben los creyentes. Si así son las cosas ¿Por qué importa tanto a la periodista y a la revista Proceso?

Para ningún mexicano medianamente informado es un secreto que tanto Carmen Aristegui como Proceso se traen una suerte de “guerra” con el gobierno. Esta investigación lo confirma. ¿En qué ayuda al país que el presidente sea casado o no por la religión de su preferencia? Sin duda que en nada. Pero si hace escándalo, ruido y este ruido mantiene en estado agitado a las redes sociales.

Si fuera un tema de favoritismo a ciertos grupos empresariales, como fue el caso de la llamada Casa Blanca, se entiende que el propósito de la investigación es mostrar a la sociedad la corrupción con la que el gobierno se maneja. Pero no se sabe la razón por la que una revista de análisis político y una periodista con gran reconocimiento hacen una investigación que más bien pertenecen a la prensa rosa.

Cosa curiosa que este tipo de investigaciones tengan a la izquierda mexicana muy intrigada y alarmada sobre los asuntos espirituales del presidente. Seguramente esa izquierda pro aborto, pro matrimonios del mismo sexo y pro legalización de las drogas acude cada domingo a misa y comulga sin falta.

Cosa curiosa que esa izquierda que tiene a Benito Juárez como a uno de sus santos laicos, se olvide de las leyes de Reforma, en las que se establecen perfectamente y con claridad las cosas que son del César y las que son de Dios.

A esa izquierda le sobra pose y le faltan lecturas.

El Estado laico

fco

Nada tengo yo en contra de la visita que don Francisco -el papa, no el presentador- hará a México. No soy católico, es cierto, pero sí ecuménico. Creo en un cristianismo dialéctico en el que podamos intercambiar opiniones y sentires todos los cristianos… y los que no lo son. Siempre hace falta la visión del otro, del que no comulga con nosotros. La fe, como dice Durkheim, requiere debate.

Por otro lado, considero que esos encuentros religiosos son positivos para la población, en este caso católica. Nunca sobran los mensajes que llaman a la paz, al amor, a la buena voluntad. Mucho menos en nuestro país.

Pero como una cosa no significa la otra, no considero correcto que el dinero público patrocine este tipo de visitas. Primero, porque aunque una gran mayoría sí lo es, no toda la población es católica. Y  seundo, sin recurrir a lugares comunes, ese dinero que se piensa invertir en esa visita, bien puede emplearse en otras cosas mucho más urgentes. No soy yo quien diga cuáles, pero necesidades no nos faltan.

El caracter laico de un Estado no radica en el desconocimiento de los credos, sino en la aceptación y el respeto de todos, siempre y cuando estos credos no contravengan las leyes o los derechos de los ciudadanos. Pagar una visita de un líder religioso es asumir que la religión de todos los ciudadanos es una. Lo cual, como es evidente, no es así.

Las convenciones que tienen los distintos grupos evangélicos son pagadas por sus propios miembros, al igual que las asambleas que realizan los testigos de Jehová o los mormones. No vemos al presidente o a los gobernadores o alcaldes ofreciendo apoyos económicos a dichas actividades. Y que bueno que así sea, es lo correcto. Eso es un Estado Laico.

Tristemente a estas alturas de la vida y en este 2016, vemos como nuestros gobernantes, no importa si de derechas, izquierdas o centro, se olvidan de la separación iglesia-estado y se convierten en unos monaguillos más.

Noroña en su laberinto

No es malo ser de izquierda o pretender serlo, o decir que nos sentimos cómodos con esta ideología. Tampoco lo es decir que somos de derecha. Vamos, que a estas alturas del partido podemos asumir la posición política que más nos plazca… o ninguna, que también se vale.

La derecha, como es sabido por todos, gusta de que se le reconozca con la capacidad de generar prosperidad, pareja o dispareja, ese ya es otro cantar. La izquierda, en cambio, promete distribuir de forma equitativa la riqueza que ya antes ha producido la derecha… o la pobreza, en el caso que le haya antecedido otro gobierno de izquierda. La derecha en aras de producir riqueza “deja pasar” la corrupción. Se hace de la vista gorda y cuando la presión es mucha va por uno que otro y los mete a la cárcel y listo. Que siga todo en marcha. La izquierda en cambio, gusta de subirse a un banco de autoridad moral, señala los despilfarros y triquiñuelas de la derecha. Se llena la boca de señalar todo lo inmoral de la política. Señala políticos corruptos, empresarios avaros, funcionarios poco éticos. Todo está podrido bajo su óptica, pero nada que no tenga solución… en cuanto ellos lleguen al poder.

Gerardo Fernández Noroña es un político que se asume de izquierda, pero en la práctica emplea métodos fascistoides. No respeta la opinión del oponente, no debate ideas sino lanza ofensas, no argumenta. Bloquea a usuarios de Twitter cuando lo cuestionan. Suele lanzarse sobre ciertos personajes a la descalificación y ofensa.

Noroña es el mejor ejemplo de esa izuqierda mexicana que se atraganta al hablar de moral. Ex diputado que salvo colaboración en un sitio de internet de noticias, no se le conoce trabajo alguno. Dice que vive de vender libros de segunda mano… en un país en el que el grueso de la población no es afín a la lectura, no parece próspera esa actividad. Hace unos días, Noroña decía que solo contaba con 400 pesos en su cuenta bancaria… y se va al fin del mundo, en un viaje en la temporada más cara del año. Cuando el viaje trasciende en los medios -una vez que el propio Noroña lo hizo público en su cuenta de Twitter-, Noroña dice que el viaje no lo pagó él, sino su cuñado, un maestro universitario, con familia. Un maestro universitario que no gana más de 15,000 00 pesos al mes puede pagar un viaje cuyo costo es de aproximadamente medio millón de pesos. Sin duda, este maestro universitario sabe hacer rendir el dinero. Noroña dice que lo que le molesta a sus detractores es que gente del pueblo pueda hacer un viaje como el que hace. ¿A poco solo los oligarcas pueden viajar? se pregunta. Pero no explica como el sueldo de ese maestro universitario pudo costear el viaje de su familia y de Noroña como invitado. Como sucede siempre, el que pide cuentas a todos nunca gusta de darlas cuando se las requieren.

Como ya se sabe el camino, Noroña dirá que son ataques de los enemigos de su lucha y así.

Quizá y sí, la moral es solo ese árbol que da moras, como lo dijo hace décadas una pintoresca mujer.

Los procesos de Proceso

Proceso fue una palabra muy común en la década de los setenta del siglo pasado, sobre todo en las dictaduras de latino américa. Proceso fue el nombre que los periodistas que fueron obligados a salir de Excelsior escogieron para la nueva revista que fundaron y con la cual pretendían continuar en el oficio que sabían hacer.

Al paso de los años la revista Proceso fue perdiendo el rigor periodístico que caracterizó a este grupo de periodistas en Excelsior. Tal parece que la guerra declarada al gobierno los hizo perder el norte de lo que es periodismo. Las investigaciones se fueron llenando de “fuentes confiables” cuyo nombre no se podía revelar. Lo cual convertía en verdad infalible cualquier cosa que se escribiera en Proceso. Muchas personas fueron dañadas por este periodismo.

Así que Proceso pasó de escribir sobre los procesos que las dictaduras propinaban a los que no eran afines a los regímenes dictatoriales a crear procesos a políticos, artistas, intelectuales y demás gente que llega al poder en México.

El método es usado una y otra vez: destacar la “investigación” en portada, darle trato de hecho confirmado sin revelar fuentes. A pesar de que sujeto en cuestión y señalado presente pruebas de inocencia, ignorarlas y no darle derecho a réplica. En próximos artículos y números de la revista, volver a las acusaciones siendo que el implicado ha demostrado inocencia.

La revista Proceso le tomó afición a los procesos…tanto que ahora los fábrica.

Respetémonos (que no es poco)

“Sigan con el ojo por ojo, y pronto todos seremos tuertos”. -Mahatma Gandhi

En el libro del Apocalipsis –que en español significa Revelación- se habla de cuatro jinetes. Uno de ellos clama por un poco de alimento a cambio del sueldo completo. La versión mexicana quizá pida menos que eso, pero más difícil de otorgar: respeto.

Los ciudadanos de este país tenemos profunda escasez de respeto. Pasamos por encima de todos y de todo, sin importar a quien molestamos o perjudicamos. Cerramos avenidas, autopistas, calles, sin apenas mediar en los daños y las afectaciones que causemos a personas que no nos la hicieron, pero que son los que irremediablemente la han de pagar.

Aquí estamos todos y cabemos y seguimos, solo porque la gracia de Dios es grande. Algunos, los resentidos de todo y por todo; los que acuden a la bola sin saber a qué van; los abajofirmantes, señores feudales de la sapiencia y la razón; los que justamente protestan pero yerran en la estrategia. en fin.

Algo tenemos que hacer como sociedad que aspiramos ser. Hace tiempo nos preocupaba ser un estado fallido. No vayamos tan lejos. Mejor ocupémonos por no ser seres humanos fallidos, carentes de todo respeto y dignidad.

Porque el que no sabe respetar el entorno que le rodea se está inmolando y no se da cuenta.

Pues eso.