Juárez también se creía un pro hombre

Esa frase bastante mamila de “le hace lo que el viento a Juárez” no viene de la nada. No. Sino de las ínfulas que se daba el licenciado. Se sentía poseedor de un mérito inquebrantable y de una misión de tal magnitud, que nadie, salvo él, claro, podía llevar a cabo. Hay una anécdota del tiempo de la guerra contra Francia en la que Juárez se va a dar su baño de pueblo y visita a la tropa. Allí, un oficial se le para enfrente y le hace saber que no se sienten muy apoyados por el presidente, que es Juárez. “nos están masacrando, y a usted no le importan nuestras muertes”, le dijo el valiente oficial. Juárez lo miró y le respondió: y ustedes para qué me sirven, lo que importan son las ideas, y esas las tengo yo.  Este es Juárez en estado puro. Esta anécdota lo describe tal cual.

De Juárez nos ha dicho la historia oficial que fue un “indito” que superó todas las adversidades, que salió adelante hasta convertirse en presidente de México y Benemérito de las Américas. Lo cuál es correcto, pero incompleto. Incompleto porque nadie es perfecto. A la historia oficial le hace falta contar que Juárez fue un cobarde que no supo defender a su patria. Que se decía liberal, pero en realidad gustaba de ejercer el gobierno centralista y presidencialista. Que nunca fue más feliz que cuando se le otorgaron poderes extra ordinarios para enfrentar una invasión que él nunca lideró. La historia oficial debe contar de su despotismo, de su soberbia, de su tendencia a permanecer en el poder por medio de trucar la ley. La historia oficial debe dejar bien claro que muchas leyes y mandatos de auténtica avanzada no fueron promulgados por Juárez, sino por Maximiliano durante su imperio. Ejemplo de ello es la conmutación de deudas, el cobro de impuestos de forma gradual y proporcional al ingreso del ciudadano, la delimitación de los poderes eclesiásticos. No hay que olvidar que Juárez permitió que sus funcionarios de gobierno se enriquecieran con la venta de los bienes expropiados a la iglesia, y que originalmente serían empleados para pagar a las naciones con las que se tenían deudas. La secesión de pagos decretada por Juárez fue lo que ocasionó la intervención francesa.

Todo esto lo traigo a cuento porque hace unos días escuché a Andrés Manuel López Obrador decir, en un programa de tv que él piensa llevar a cabo la “cuarta transformación del país”. Que sin ego, se considera a la altura de Juárez o Madero. Esto a mi me inquieta, porque Juárez, como ya dije, permitió que su grupo se enriqueciera con los bienes nacionales, lo que le costó al país una invasión y una guerra.

Cabe decir que nuestro país debe perfilarse haca otra manera de conducirse. Debe dejar el culto a la persona, a la búsqueda de ese “tlatoani” que lo salve.

En 1860 las naciones europeas veían en México todas las posibilidades para ser una potencia, pero se daban cuenta que nuestra nación se ahogaba en un vaso, en lugar de trabajar y construir esa potencia. Hoy trístemente estamos en la misma situación. El mundo nos ve ahogarnos en un vaso de agua.

 

A veces nos pasamos de buena gente

Es ampliamente sabido y reconocido que este sufrido país es muy generoso y recibe a todo mundo. Ya sea que alguien sea perseguido, buscado, explotado, humillado, abusado o no. Acá toda persona es bien recibida. Y no hace falta decir que muchas de esas personas aparte de entrañables han aportado mucho a nuestro país. Antes, de Colobia, por ejemplo, nos llegaban escritores o músicos. De Argentina Psiquiátras o jugadores de fútbol. De Chile, poetas. De España intelectuales, filósofos y gente emprendedora que fundó empresas que hoy son líderes en el mundo.

Pero de un tiempo para acá algo pasó y todo fue para mal. Ahora de Colombia llegan bandas de roba casas o prestamistas o secuestradores. De Argentina, tipos pedantes que se pasean por la Condesa mientras nos barren con la mirada. Aunque no traigan un duro en la bolsa. De Venezuela, mujeres que gritonean a los dependientes de Burguer King. Una cantante chilena que le habla de forma grosera y despectiva a un reportero. Y como el antaño  no se puede quedar atrás, ya entrados en gastos, una escritora que llama “gordas inmensas” a unas juchitecas y en su propia casa. Esta escritora, por cierto, es una princesa… de un reino que no existe!

Todo esto me lleva a la conclusión de que a veces nos pasamos de buenas personas. Los mexicanos somos hospitalarios, pero deberíamos aprender a ser un tanto selectivos. Por lo menos no deberíamos recibir a quien nos falta el respeto. A quien nos agrede. Así sea un mara salvatrucha o Trump.

No es casualidad que la violencia se haya incrementado de forma significativa desque que Fox le abrió las puertas de la frontera del sur a los centroamericanos.

La zona oriente del área metropolitana tiene serios problemas de inseguridad y mucho tiene que ver que por esos lares hayan llegado a vivir muchos centroamericanos. En la Portales y alrededores los robos a las casas y las clonaciones de tarjetas es gracias a bandas de colombianos.

Como dirían los clásicos, ya se están pasando de tueste.

 

De la independencia

Decía con justa razón, don Pío Broja que el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando. Es verdad. El nacionalismo es rancio, anticuado, rigorista y retardatario. Ningún nacionalismo ha aportado algo bueno a la humanidad. Por el contrario. Los nacionalismos van contra la integración, el desarrollo y la mejor solidaridad de la humanidad. Yo estoy contra el término nacionalismo, como lo estoy contra el concepto de religión. Pero así como no es lo mismo tener fe que ser religioso. Considero que no es lo mismo ser nacionalista que anhelar la independencia. Apenas asomamos la cabeza y deseamos ser independientes. Sí, desde nuestra incipiente adolescencia ya no queremos que nuestros padres nos dicten lo que debemos hacer. Es cierto que no estamos en edad para tomar decisiones, pero esedeseo ya se ha incubado en nuestros pensamientos. Y tarde o temprano partiremos. Dejaremos la casa, la familia y nos tomaremos nuestra vida al cien. Lo mismo pasa con las comunidades. Y esto debería entenderse más claramente en estos tiempos en los que se han otorgado, como nunca antes, las libertades amplias a los ciudadanos en muchos lugares. Ya en otro post dije que en esta vida todo sería más simple si cada quien fuera lo que deseara. Nos iría mejor si lográramos entender que somos diferentes y que no podemos tolerarnos a rajatabla. Es más, tenemos que buscarnos otra palabra, otro término para la coexistencia. La tolerancia se debe ir a la basura, porque tolerar es decir: me caes mal, no te soporto, pero te tengo que tolerar, es decir, aguantar. La tolerancia es una olla de presión que a cada tanto nos explota, mostrando  cuánto estamos errados.

El pasado terremoto en México nos muestra como cuando nos olvidamos de las banderas, en este caso políticas y actuamos como lo que somos, seres humanos, somos solidarios, fraternos, empáticos, misericordiosos.

La gran cadena de corrupción

Es corrupto el político. Eso es quizá hasta una verdad de perogrullo. Pero también lo es el funcionario de medio nivel, el de tercer, el jefe de área, el supervisor, el encargado, el auxiliar y el ayudante. Pronto lo será también el becario. Pero del otro lado nadie se salva. Porque también es corrupto el empresario, su apoderado legal, su gerente, su contable, su director, el jefe de operaciones, el de personal, el de recursos humanos, el supervisor, el jefe de área, el auxiliar, el ayudante y el becario. Cada que tiembla la naturaleza nos obsequia una radiografía de nuestro cuerpo corrupto. Por eso vemos edificios derrumbados y que “no debieron caerse”, pues se supone son regulados y vigilados para que cumplan con estándares de construcción y calidad, para que resistan terremotos de cierta intensidad. El pasado 19 de septiembre se cayeron algunos edificios viejos, pero muchos nuevos, algunos recién estrenados. También escuelas. Llama la atención que se hayan derrumbado instalaciones del Tec de Monterrey en la CDMX. Siendo que esta escuela es especialista en formar ingenieros.

¿Cuántos ingenieros, arquitectos, etc, andarán sueltos por la ciudad, sin los conocimientos necesarios para llevar a cabo obras como las que se cayeron? Otro ejemplo es el socavón del paso exprés. ¿Cuántos encargados de obra se enriquecen, al igual que los contratistas, por comprar material barato y de mala calidad? No pocos.

Quizá nuestro error sea pensar que el 19 de septiembre de 1985 nos quedaba bastante lejos ya, tan lejos que sería irrepetible. La naturaleza nos demostró lo contrario. Los corruptos están en el festín, disfrutando de lo que malamente ganan. Pues ahora deben beber la copa amarga de ser los culpables de las muertes del temblor. Sí, esa también es su ganancia.

 

Elogio de la actuación

El próximo año cumpliré 30 como actor. Desde niño aprendí uno de los oficios más “inútiles” que existen, pero también uno de los más enriquecedores. En estos casi 30 años de andar, de actuar, he visto innumerables rostros, miradas, lugares, caminos, etc. He sido aplaudido, reconocido, fustigado, amenazado, y discriminado. Sí, discriminado por aquellos que han infravalorado esta hermosa profesión. En pleno siglo XXI hay quien piensa que la actuación no es un “trabajo”. Hay gente que al saludarme, por ejemplo, se sorprende porque no tengo callos en las manos. “Las tienes de señorita”, me dicen y en seguida preguntan: ¿qué no trabajas? Claro que trabajo, pero mi trabajo no requiere que me ensucie las manos, ni me corte ni me queme  ni me salgan callos. Respondo un tanto molesto después de tantos años de escuchar cuestionamientos similares. Por otro lado, como el actor debe mantenerse en forma, hay que hacer algo de ejercicio, en mi caso running. En el caso de correr, si lo haces de forma disciplinada y cuidas la alimentación, estarás en buena forma, delgado. Esto siempre lo agradece la actuación. Pero los amigos y los conocidos o con los que platicas, te dirán que eres vanidoso.  También dirán que eres muy mujeriego. Eso seguro, no falla. Así son en “ese medio”. También borrachos y fiesteros. Algunas  veces a esto he respondido: pues cuando quieras me someto a un exámen, es más, quizá resulte que bebes más que yo.

En mi caso, voy a donde tengo función, actúo y me devuelvo a mi casa, con los míos a cenar o tomar café mientras conversamos sobre cómo estuvo todo. Escucho música y canto esas canciones que me gustan. Antes fumaba tabaco, ahora no. Si tengo carrera o entrenamiento al otro día, preparo mis cosas y pongo a cargar mi móvil y mi reloj y me voy a dormir. No ando de aventurero, de borracho o mujeriego, como algunos piensan.

30 años parecen un suspiro, apenas un halito. Pero no es así. Eso es lo que muestra engañosamente el cristal por el que miramos a la distancia. Hay veces que para actuar hay que sacar el caracter, aguantarse las lágrimas y “no sentir”, para poder cumplir una misión. Por ejemplo: cuando se actúa ante niños de casas hogar, hospitales, niños con cáncer o damnificados de desastres naturales. Aquí es donde verdaderamente se requieren tablas. Aquí es donde te das cuenta que ninguna otra porfesión binda lo que esta. Que eres privilegiado por poder brindar un poco de alegría a estos niños y sus familias y amigos. Entonces descubres que, depués de tanto camino andado, como dice la canción de Alberto Cortez “al abrir mis manos no estaban vacías”. No lo están, ni mi corazón, porque se ha llenado de tantas cosas bellas durante estos casi 30 años.

El mejor medio maratón

Sin duda el mejor medio maratón que se organiza en la CDMX es el que cada año, en la última semana de setiembre -a mi me gusta más así, setiembre, como lo escriben en el sur- se lleva a cabo en las instalaciones del campo militar número 1. Una ruta muy limpia y demandante. Con cuestas y bajadas que representan todo un reto para los corredores, sobre todo para los que acostumbran entrenar en superficies planas. Las diferentes unidades  militares animan a los corredores desde sus posiciones. Algunos dan palmadas de aliento, otros chocan la mano. En el estadio de futbol americano los corredores dan la vuelta a la pista, mientras las jóvenes porristas hacen piruetas en el aire. Para algunos, el medio maratón de la Sedena es más demandante que el Maratón de la CDMX. Para todos es una fiesta que se corona con una medalla y una dona glaseada que sabe a gloria después del recorrido de 21 kilómetros.

La inscripción es de las más peleadas del año. Algunos la llaman “los juegos del hambre” y tienen razón. Pero si nose alcanza número, no pasa nada, pues la ruta bien se puede correr sin él. El chiste es no perderse este evento. Al final todos, con número o sin él reciben medalla si hacen el recorrido completo.

Así que para este domingo hay que prepararse con la ropa para correr, los tenis y una buena playlist.

Casi nueve años juntos

Cualquier marxista diría que soy un “pequeño burgués  porque me aferro a un bien material. Y aquí es justo donde me adentro en una especie de encrucijada intelectual. Yo soy marxista, pero también actor. Y sabido es que los marxistas -más los marxistas-leninistas- no suelen ver con buenos ojos al arte, sobre todo a la actuación. Y es que el arte es inútil, porque no satisface ninguna de las necesidades básicas del ser humano. Luego entonces a él solo acceden los burgueses, no la clase proletaria. Ya vendrían los leninistas y los soviéticos a inventar e implantar su versión del arte, que no era otra cosa que propaganda política que, según ellos, “emancipaba al proletariado”. Cualquier cosa que eso significara. Lenin, hay que decirlo, tenía unas ideas bastante cavernarias con respecto al arte. Si alguien lo duda, puede visitar cualquier librería de viejo y adquirir el libro El Arte y la Revolución, que publicó la editorial Progreso.

Pero no es Lenin de lo que quiero hablar, sino acerca de esos objetos que se hacen entrañables en la labor nuestra -o mía en este caso-. El actor es un tipo sensible, eso es sabido, pero también es de manías, rituales y cábalas. Algunos nos encariñamos con ciertos objetos, tanto que los usamos por mucho tiempo. Ciertos zapatos, cierta borla, una gorra, una peluca, etc. Para nosotros son objetos muy entrañables y que se ganan nuestro cariño. Por eso duele mucho cuando alguno se nos extravía.

Todo esto viene a cuento porque el sábado pasado después de una función, mi hijo y yo paramos a comer en un lugar. Por estar platicando olvidamos una bolsa pequeña donde venían cosas muy entrañables para mí. En especial una que casi tenía nueve años conmigo. Fue mi compañera en más de 1500 presentaciones, no es poco. Viajó conmigo y tiene un significado especial porque me la regaló mi hijo cuando era apenas un niño.

Estoy triste, sí. Pero también muy agradecido con esa fiel compañera. Gracias por estos casi nueve años juntos.

Y en la ciudad llueve

Gente entra, gente sale del metro. No con la urgencia habitual, pero sí con la misma añoranza de hallar un lugar disponible para sentarse. Nada. No hay fortuna para ninguno de los recien entrantes. No va lleno como de costumbre, atascado. No. Pero todo los asientos van ocupados. Un joven que va leyendo le cede el asiento a una anciana que le agradece el gesto. Nadie más. Señoras cargan bebés en los brazos pero nadie les da el asiento. Todos se hacen los disimulados. Hacen como que atienden el móvil o que van durmiendo. Lastimosamente está ciudad es cada vez más indolente, más insensible. Qué le vamos a hacer, quizá piense el joven que cedió el asiento. Lo que tenía, lo he dado. A un niño le da por meter la mano en el empaque de la puerta, justo cuando va a cerrarse y el grito espanta a todos. El incidente hace que el  metro se detenga unos minutos, lo que en el calor humedo se hacen eternos. Y, por supuesto, no hay que olvidarnos de los vendedores ambulantes que en fin de semana caen en cascada. Hay que ganarse la vida, no hay de otra.

Llueve en la ciudad, tarde de sábado de septiembre. La gente no teme a la lluvia sino a los temblores. Así las cosas. En esta ciudad nunca nos aburriremos.

La generación cansada

En una  plática, mi esposa me comentaba que un joven le confió que a sus 20 años ya se sentía cansado. Así, tal cual. Cansado. De qué, quizá de todo, de la vida, del clima, de la política, tal vez hasta del amor… o de su ausencia. El caso es que lo dijo así. Mi esposa, que tiene una facilidad increíble para comprender a las personas, se soprendió de lo que este joven le acababa de decir. ¡Cansado a los 20! a la edad en que los de otras generaciones nos queríamos comer el mundo, hacer una revolución, enamorar a todas las chicas o bailar todas las canciones. 20 años es muy pronto para desear tirar todo al bote de la basura. Quizá se renuncia a un sueño cuando por más que nos esforzamos,  no obtenemos lo que anhelamos. Pero a los 20, los sueños apenas están brotando. Esta generación es muy privilegiada en comparación a las anteriores, pero como dice el chiste moderno:  está generación, definitivamente no hallará la cura para el cáncer. Y no lo hará porque es apática, insensible y fría. Nada les emociona, nada les contenta, nada les sorprende. No tienen una base muy espiritual, de hecho no ven  necesario creer en algo, luego entonces no tienen fe. El movil o la tableta les aburre, siendo que es la ventana a el conocimiento abundante e inmediato que los de otras generaciones ni siquiera imaginamos. Yo estaba hecho cuando encontraba un caset en el que podía grabar dos horas de música. Y me sentía importante cuando  mis amigos me pedían que les grabara un caset con música de mi colección. Ahora ni siquiera tienen que hacer eso. Abren Spotify y me miran como a una reliquia.

Y para finalizar he de decir que pensando un poco, llego a la conclusión de que es lógico que este joven y su generación se sientan así. Todo lo tienen fácil e inmediato. Ya hasta la diversión la tienen a su placer. No tienenqué esperar una progrmación. Pero como nada es gratis. Toda esa comodidad es a cambio de su estado emocional.  Esta generación es más deprimente que las anteriores, estresada y solitaria. Están, sí, quizá con papá y mamá. Pero en un pequeño mundo aparte, extraviados. Viajan en la soledad que les proporciona un equipo electrónico, unos audífonos y una red social. Después de medio reír con los memes de moda, se pierde el entusiasmo por vivir. Al menos eso piensan estos jóvenes-viejos de apenas 20 años.

Correr: día 11 (y 12)

Por mucha intensidad que se quiera poner a un entrenamiento,  el descanso no puede excluirse. Porque más allá de que el cuerpo debe reponer las fuerzas. También debe asimilar el entrenamiento al que ha sido sometido, y esto solo se consigue haciéndolo descansar. Pero aquí es donde el corredor amateur -y el recreativo- se confunde. Descanso no significa ir a echarse a la cama sin apenas moverse. No. Descanso significa hacer estiramientos suaves, alguna caminata o salida en bicicleta. Algún masaje.

Después de un día de descanso, se puede hacer  una sesión de velocidad o fartlek porque elcuerpo está descansado. Todo depende la carrera que se esté entrenando. En mi caso, al faltar tan poco para el maratón, Prefiero rodajes suaves, no quiero que la rodilla me moleste como el año pasado.

Esta semana inicio el entrenamiento de correr 5 medios maratones en 6 días. Es la parte más dura de mi poco recomendable entrenamiento de apenas un mes antes del maratón CDMX.

Mucha gente se preguntará qué necesidad de pasar por todo esto. Les puedo responder que como haber,  no hay ninguna. Solo un enorme placer por correr. Para entenderlo, hay que ponerse las  zapatillas y correr.