Mi año entre libros

Otros años o mejor dicho, todos los años anteriores a este 2016 no llevaba la cuenta de forma rigurosa de los libros que leía. Mi conteo era “al tanteo”, así que bien a bien no sabía cuántos había leído al final del año. Ahora lo quise hacer distinto, sobre todo para tener más precisión en los temas y títulos.

Así que este año use la app Goodreads y establecí mi desafío de lectura en 75 libos para este año. Debo decir que para el momento en que esribo estas líneas, solo me faltan dos libros para completar el número. Nada mal, lo digo sin falsa modestia, de esa que gustan de usar los que se la dan de humides por el mundo, pero si vieran pasarla por la calle ni la reconocerían.

En este año he leído desde sociología hasta teología, pasando por novelas, cuentos, economía política, marxismo, etc. He leído sentado, parado, apretujado en el metro, cómodamente sentado en un autobús y hasta caminando. He recorrido librerías muy bonitas, librerías evangélicas, católicas, judías; he corrido bajo la lluvia con una decena de libros recién adquiridos. Nada, que mi año con los libros, como siempre, ha sido increible.

Ahora me enfrento a un problema que tiene solución, pero la transición no está siendo fácil, por la costumbre. Me explico.

La compra de más libros se está volviendo una situación crítica, no por cuestión económica sino por cuestión de espacio. ¿Dónde meter más? ¿Qué hacer? -Lenin dixit-

Pues la solución es dejar de comprar libros físicos y valerse de la tecnología. Hacer uso de algo llamado Google Play Books y un tablet.

Pero esto pega justo en la cuestión sentimental: un libro impreso es más entrañable. Vas a la librería, lo buscas, lo compras, y si no lo encuentras, lo buscas hasta hallarlo. Te lo llevas y no se despega de tí en días. Cuando lo acabas de leer, le buscas el sitio de honor que se merece.

Es cierto, en el dispositivo puedes llevar miles de libros, pero hace falta algo. Quizá es olo cuestión de irse acostumbrando a lo inevitable.

Como sea un año se despide y otro le suple, así que hay que planear el desafío del año venidero. No serán 75 o 76 libros para el 2017. Serán de 45 a 50. La razón es que me quiero centrar a leer obras que he dejado en espera por su extensión -algunas rondan las 1500 páginas-. Además de que estaré muy enfocado a la teología. 2017 será un año muy intenso en mi formación teologal.

Pues eso.

Sobreviviendo a los tiempos de Jordi Rosado, Justin Bieber y Ricky Martin

En estos días he estado contemplando muy seriamente la posibilidad de hacer mis compras de libros vi Internet. Cosa a la que me rehusaba porque uno de los mayores gustos que tengo en esta vida es precisamente ir a la librería, tocar los libros y hacer cálculos mentales para saber cuál tiene importancia mayor y comprarlo. Pero como dije, esto aun que me duela, quizá deba cambiar. Me explico.

 

Sucede que cada vez es más difícil encontrar empleados competentes, que sepan de los autores de los que les hablas. Les mencionas cierto autor, Alejo Carpentier y te miran como si los hubieras insultado. Ni qué decir cuando pregunté por José Lezama Lima, autor de la obra cumbre de la literatura en lengua hispana, después del Quijote. Que quede claro que no fue a un empleado de Walmart o Superama sino a un empleado de Librerías Gandhi. Vamos, por lo menos hubiera buscado en la Wikipedia y se hubiera ahorrado la vergüenza. Ah, pero eso sí, entraron dos chicas y le preguntaron por el libro que escribió Justin Bieber -já- y en seguida les dio información. No tengo más qué decir.

Así las cosas.