Elogio de la actuación

El próximo año cumpliré 30 como actor. Desde niño aprendí uno de los oficios más “inútiles” que existen, pero también uno de los más enriquecedores. En estos casi 30 años de andar, de actuar, he visto innumerables rostros, miradas, lugares, caminos, etc. He sido aplaudido, reconocido, fustigado, amenazado, y discriminado. Sí, discriminado por aquellos que han infravalorado esta hermosa profesión. En pleno siglo XXI hay quien piensa que la actuación no es un “trabajo”. Hay gente que al saludarme, por ejemplo, se sorprende porque no tengo callos en las manos. “Las tienes de señorita”, me dicen y en seguida preguntan: ¿qué no trabajas? Claro que trabajo, pero mi trabajo no requiere que me ensucie las manos, ni me corte ni me queme  ni me salgan callos. Respondo un tanto molesto después de tantos años de escuchar cuestionamientos similares. Por otro lado, como el actor debe mantenerse en forma, hay que hacer algo de ejercicio, en mi caso running. En el caso de correr, si lo haces de forma disciplinada y cuidas la alimentación, estarás en buena forma, delgado. Esto siempre lo agradece la actuación. Pero los amigos y los conocidos o con los que platicas, te dirán que eres vanidoso.  También dirán que eres muy mujeriego. Eso seguro, no falla. Así son en “ese medio”. También borrachos y fiesteros. Algunas  veces a esto he respondido: pues cuando quieras me someto a un exámen, es más, quizá resulte que bebes más que yo.

En mi caso, voy a donde tengo función, actúo y me devuelvo a mi casa, con los míos a cenar o tomar café mientras conversamos sobre cómo estuvo todo. Escucho música y canto esas canciones que me gustan. Antes fumaba tabaco, ahora no. Si tengo carrera o entrenamiento al otro día, preparo mis cosas y pongo a cargar mi móvil y mi reloj y me voy a dormir. No ando de aventurero, de borracho o mujeriego, como algunos piensan.

30 años parecen un suspiro, apenas un halito. Pero no es así. Eso es lo que muestra engañosamente el cristal por el que miramos a la distancia. Hay veces que para actuar hay que sacar el caracter, aguantarse las lágrimas y “no sentir”, para poder cumplir una misión. Por ejemplo: cuando se actúa ante niños de casas hogar, hospitales, niños con cáncer o damnificados de desastres naturales. Aquí es donde verdaderamente se requieren tablas. Aquí es donde te das cuenta que ninguna otra porfesión binda lo que esta. Que eres privilegiado por poder brindar un poco de alegría a estos niños y sus familias y amigos. Entonces descubres que, depués de tanto camino andado, como dice la canción de Alberto Cortez “al abrir mis manos no estaban vacías”. No lo están, ni mi corazón, porque se ha llenado de tantas cosas bellas durante estos casi 30 años.

Correr: día 11 (y 12)

Por mucha intensidad que se quiera poner a un entrenamiento,  el descanso no puede excluirse. Porque más allá de que el cuerpo debe reponer las fuerzas. También debe asimilar el entrenamiento al que ha sido sometido, y esto solo se consigue haciéndolo descansar. Pero aquí es donde el corredor amateur -y el recreativo- se confunde. Descanso no significa ir a echarse a la cama sin apenas moverse. No. Descanso significa hacer estiramientos suaves, alguna caminata o salida en bicicleta. Algún masaje.

Después de un día de descanso, se puede hacer  una sesión de velocidad o fartlek porque elcuerpo está descansado. Todo depende la carrera que se esté entrenando. En mi caso, al faltar tan poco para el maratón, Prefiero rodajes suaves, no quiero que la rodilla me moleste como el año pasado.

Esta semana inicio el entrenamiento de correr 5 medios maratones en 6 días. Es la parte más dura de mi poco recomendable entrenamiento de apenas un mes antes del maratón CDMX.

Mucha gente se preguntará qué necesidad de pasar por todo esto. Les puedo responder que como haber,  no hay ninguna. Solo un enorme placer por correr. Para entenderlo, hay que ponerse las  zapatillas y correr.

 

Correr día 9

Noveno día de entrenamiento, sin faltar  a correr uno solo. La apuesta da sus frutos. No me siento ni cansado ni  débil de las piernas. He ganado notablemente capacidad pulmonar. Ya puedo enfrentar las cuestas sin problema,  incluso acelero de manera notable. He reforzado los estiramientos. Sin llevarlos a la exageración. Paso el mayor tiempo posible o descalzo o con huaraches.

Hoy corrí 14 kilómetros por debajo de 5 mins por kilómetro. Ya no es un trote coqueto, sino más dinámico. No sentí cansancio. Pude haber dado otra vuelta de 4 kilómetros sin problema, incluso  dos. Pero no quiero salirme del plan que tengo. La próxima semana serán los 5 medios maratones en 6 días.

Mientras corro voy pensando en los libros que pacientes me esperan para ser leídos. Tengo que ponerme a mano con el desafío de lectura de este año.

Correr: día 6

Para mis hermanos:  José e Isela Arrieta, que hoy lograron un reto más. Para mi hijo Mauricio, que hoy cumple 16.

¿Por qué corro? La pregunta queda en el aire, pero solo unos segundos. Corro porque me hace feliz. Como feliz me hacen otras muchas cosas. Pero el correr es instrospectivo, intimista. En eso es muy distinto a todas las otras cosas que me hacen feliz. No importan el sudor, ni el agotamiento, ni la sed, ni los problemas sociales, económicos o políticos. En el momento en que el corredor se calza los tenis, se pone el short y la playera y da play a la música, nada importa ya, más que esa ruta que está por delante y a la que hay que ir tomando por los cuernos. No corro para ser feliz, porque ya otras cosas me dan esa oportunidad. Así que lo hago para ser un poquito más. Creo que la felicidad es quizá la única cosa en la que podemos ser glotones. Soy feliz, pero si puedo tomar otra rebanada de felicidad, me la sirvo gustoso.

Tampoco corro porque alguien me halague o reconozca mi proeza, que de hecho no tengo. Debo reconocer que me gusta el aplauso. Pero la dosis la obtengo cada semana mientras actúo. Así que cuando corro solo  quiero eso. De hecho, cuando dejo de actuar soy bastante serio. No participo en congresos ni fraternidades ni asociaciones de mi gremio.

Hoy corrí 10 kilómetros en trote “coqueto”, que es como la comunididad de corredores define un entrenamiento tranquilo, sin pretenciones de romper  algún récord o así. El trote coqueto ayuda a no fatigar las piernas y a entrenar técnica de carrera. Aunque muchos piensen que correr cualquiera lo hace -yo así pensaba no hace mucho-, la realidad es que es una media verdad. Porque sí, cualquiera puede correr, pero cuántos lo hacen bien. Porque la mayoría lo hacemos mal. Por eso es importante entrenar la técnica de carrera. Sobre todo porque es la técnica y el trote coqueto lo que permite concluir un maratón. Ademas de que el trote coqueto nos permite tener una noción del tiempo que podemos llegar a hacer en nuestra carrera.

Concluye una semana de entrenamientos y de reflexiones blogueras.

 

 

Correr: día 5

Hoy salí a correr a las 6:50 de la mañana. A esta hora hora todavía no amanece, la oscuridad hace pensar que fueran horas de noche y no de muy de mañana. Hace algo de frío. Prácticamente no hay nadie en la calle. Una ue otra persona adormilada se dirige al trabajo. Siento la mirada de algunos. Quizá les parezca extraño verme en ropa deportiva, con audífonos y seleccionando la música  que usaré para correr. Sé lo que piensan, si ellos estuvieran en mi lugar, no estarían aquí, con este frío, prestos a correr. Sino en su casa, gustosos de dormir unas cuantas horas más. Así es cuando se tiene que cumplir un horario laboral desde temprano. Miras a los que no lo tienen que hacer y sientes algo de envidia. No lo puedes evitar. Yo ahora no lo tengo que hacer. Pero antes sí. Hoy si me levanto temprano, es porque así lo quiero y lo ocupo de la mejor manera. Corriendo.

Fueron 7 kilómetros a velocidad de 4:45. Acompañé a mis hermanos a recoger su número del maratón Rover. Recorrido muy demandante, pero sé que lo harán muy bien. Sé lo exigentes que son con ellos mismos, además conozco sus capacidades.

Mi año entre libros

Otros años o mejor dicho, todos los años anteriores a este 2016 no llevaba la cuenta de forma rigurosa de los libros que leía. Mi conteo era “al tanteo”, así que bien a bien no sabía cuántos había leído al final del año. Ahora lo quise hacer distinto, sobre todo para tener más precisión en los temas y títulos.

Así que este año use la app Goodreads y establecí mi desafío de lectura en 75 libos para este año. Debo decir que para el momento en que esribo estas líneas, solo me faltan dos libros para completar el número. Nada mal, lo digo sin falsa modestia, de esa que gustan de usar los que se la dan de humides por el mundo, pero si vieran pasarla por la calle ni la reconocerían.

En este año he leído desde sociología hasta teología, pasando por novelas, cuentos, economía política, marxismo, etc. He leído sentado, parado, apretujado en el metro, cómodamente sentado en un autobús y hasta caminando. He recorrido librerías muy bonitas, librerías evangélicas, católicas, judías; he corrido bajo la lluvia con una decena de libros recién adquiridos. Nada, que mi año con los libros, como siempre, ha sido increible.

Ahora me enfrento a un problema que tiene solución, pero la transición no está siendo fácil, por la costumbre. Me explico.

La compra de más libros se está volviendo una situación crítica, no por cuestión económica sino por cuestión de espacio. ¿Dónde meter más? ¿Qué hacer? -Lenin dixit-

Pues la solución es dejar de comprar libros físicos y valerse de la tecnología. Hacer uso de algo llamado Google Play Books y un tablet.

Pero esto pega justo en la cuestión sentimental: un libro impreso es más entrañable. Vas a la librería, lo buscas, lo compras, y si no lo encuentras, lo buscas hasta hallarlo. Te lo llevas y no se despega de tí en días. Cuando lo acabas de leer, le buscas el sitio de honor que se merece.

Es cierto, en el dispositivo puedes llevar miles de libros, pero hace falta algo. Quizá es olo cuestión de irse acostumbrando a lo inevitable.

Como sea un año se despide y otro le suple, así que hay que planear el desafío del año venidero. No serán 75 o 76 libros para el 2017. Serán de 45 a 50. La razón es que me quiero centrar a leer obras que he dejado en espera por su extensión -algunas rondan las 1500 páginas-. Además de que estaré muy enfocado a la teología. 2017 será un año muy intenso en mi formación teologal.

Pues eso.

El respeto nunca es anticuado

El respeto, la cortesía, la educación, son cosas que parece, se van perdiendo. No solo en los jóvenes y los niños, también en los adultos. Cosa extraña esta, la de que los adultos le aprendan los hábitos -nocivos- a los que deberían ser enseñados por los primeros -de cosas buenas, claro está- y no al revés. No es casualidad que nuestra sociedad sea cada vez más violenta e insensible. Los ciudadanos dejamos a un lado las nociones elementales de educación y nos tornamos en seres agresivos, mal humorados e irascibles.

No deja de ser irónico, pues vivimos en la era de la información. Nunca antes la humanidad ha tenido tanto conocimiento a su alcance. Literalmente a un simple clic de distancia.

Así nos luce el pelo. Vamos mal.

NFL la liga -casi- perfecta

Es cierto, ese deporté en mi país es más bien ajeno. Las televisoras se empeñan en forzarnos a ver el fútbol soccer de mala manufactura nacional. Hace tiempo que dejé de ser aficionado a la liga mexicana de soccer. Los partidos son tan predecibles y aburridos que hay que ser bastante masoquista para seguir sus transmisiones. Como otros, he puesto mi mirada en otras ligas y deportes. Desde luego que el tenis es el más elegante y educado deporte que aprecio. También sigo el béisbol, el basquetbol y el fútbol americano.

Pero ya decía que ese deporte es algo lejano para nosotros. Los mexicanos no tenemos la condición física para competir en la NFL que es la crema de la crema de ese deporte.

Pero desde hace unos años la NFL ha sabido hacerse de un público fiel a pesar de que no se realizan juegos acá. Uno que otro en pretemporada y nada más.

Pero cuando llega el Súper Bowl todo cambia y me atrevería a decir que rebasa en audiencia a cualquier final de fútbol soccer nacional.

Y es que los equipos que juegan en la NFL no tienen la disparidad que suele haber en las ligas de soccer. Eso sin contar el ya tradicional espectáculo de medio tiempo. Bueno, el espectador y telespectador espera con ansia hasta los comerciales que se transmitirán!

Como todo lo humano, no es perfecta la NFL pero casi.

De Robert Houdin a Criss Angel (hay un mundo de diferencia)

Robert Houdin es, con todo mérito, el padre de la magia moderna. Además de relojero e inventor. Fue quien hizo al mago elegante, lo vistió de frac negro y le puso sombrero de copa. No más ropa estrafalaria ni brillosa. Houdin además hizo al mago hábil con las manos. Lo hizo “prestidigitador”.  Años gloriosos vendrían para la magia y sus admiradores. El mago era elegante y era capaz de escaparse de contenedores de leche -Harry Houdini-, volar -Copperfield- y aparecer y desaparecer ases de la manera mas divertida y sorprendente -Juan Tamariz-.

Los magos podían atravesar la muralla China, desaparecer la estatua de la libertad o a una persona, pero todo con elegancia.

Resulta que de unos años para acá he visto en la televisión a cierto tipo vestido como rock star. Un tipo despeinado, desaliñado, con una resaca de sabe Dios cuantos días. Se hace llamar Criss Angel. Realiza algo que llama “efectos mágicos” frente a otros rockeros que lo miran desquiciados.

A mi me van a disculpar, pero este tipo no es mago. Es un charlatán que erró la profesión.

La magia es elegante, fina, de buen gusto. La magia es un arte.

El mundo se va a acabar

Desde que el mundo es mundo se dice que un mal día -o bueno- todo será destruido, todo lo que está en el mundo. Lo creían las tribus más antiguas y las primeras civilizaciones. Ahora lo creen los más sesudos investigadores, científicos y políticos. Desconfiado como soy, no me fío de lo que el ser humano cree. Si no es capaz de respetar las leyes que el mismo crea, mucho menos tiene la facultad y la autoridad para aventarse un toro de tal magnitud como la de decir que el mundo se va acabar.

No hay día que ante un terremoto o huracán o tormenta tropical o declaración inoportuna por parte de un político, no escuchemos que ya no falta mucho. La realidad es que el mundo no se va acabar. La inteligencia humana parece que sí se está agotando, pero esa es otra cosa.

Lo que me tiene tranquilo es que el destino del mundo y su operación no dependen de humano alguno, sino de un Creador sumamente inteligente, poderoso y compasivo a quien aún le agrada que el mundo funcione para nuestro disfrute. Pese a la voracidad y ambición humanas, este creador ha impedido que el mundo deje de operar. Pese a lo que digan los ayatolás ecológicos, este mundo provee mucho más alimento que nunca antes. Que sea mal repartido no es culpa de la tierra, sino de la desigualdad y ambición humana.

El mundo no se va acabar señores, por más que nos empeñemos en destruirlo.