La violencia la tenemos en alta estima

Nos gusta la violencia, la amamos, nos parece atractiva, la presumimos, nos regodeamos de ella y con ella. En los estadios, en las calles, en los mercados, en el transporte público, aun en las iglesias. Nos encanta decir: como México no hay dos y viva México cab… con ese dejo de altanería, que es violencia, por delante. Porque al que piense distinto, le partimos la cara o al menos eso decimos. De nuestros héroes favoritos Pancho Villa sobresale, por, claro está, ser el más bravucón. El que se brincó el charco y atacó a Estados Unidos. Ese sí era valiente, decimos. Y por ahí nos seguimos, porque nos embelesamos con las películas de charros que entran a balazos a las cantinas a beber tequila. Se magrean a las muchachas, son simpáticos, generosos y bien machos. La televisión, no se queda atrás, nos muestra a los narcos en su versión metrosexualizada, pero igual de violentos. Los niños y jóvenes no quieren ser científicos ni economistas, sino narco y galán, como el de la tele. Y las muchachas no aspiran a ser doctoras, sino a ser la mujer del narco al que ven todas las noches en canal 2 o 9. La violencia la llevamos hasta a las actividades recreativas. Llevamos a los hijos a jugar futbol y les gritamos e insultamos porque no tocan el balón como nosotros queremos. Así las cosas, nos gusta la violencia. Es nuestra adicción, pero como toda adicción, cada vez es mayor y más grave.

Hay naciones que en su himno enarbolan sueños de paz, de libertad y fraternidad, de amistad. No el nuestro. Nuestro himno llama a la guerra a cada hijo de la patria. Y presumimos que nuestro himno es el más hermoso de todos. Ese mismo que incita a la guerra, que es violencia. Y al que diga que no es así, le amenazamos con romperle la cara.

Del aumento al Metro

No estoy de acuerdo con el aumento a la tarifa del Metro. Pienso que este transporte es vital para la ciudad y la zona metropolitana. Muchos dirán que está subsidiado, es verdad. Otros dirán que no debería ser así. Eso, creo es debatible. Pregunto: ¿Qué le es más benéfico a la movilidad de esta ciudad, un transporte económico y eficiente, o el pulpo camionero y microbusero?

Defiendo que el costo del boleto del Metro debe ser asequible al bolsillo de cualquiera. Entre más personas usen Metro, menos habrá que usen coche o micro o taxis.

Por desgracia, hace ya unas administraciones para acá que el Metro ha dejado de ser prioridad. Por ejemplo, Cuando AMLO gobernó, en lugar de construir una nueva línea del Metro, prefirió darle gusto no a los pobres, sino a las clases medias y altas con los segundos pisos. Así fomentó el uso de autos.

Marcelo Ebrard, más a fuerza que con ganas, construyó una línea, la 12. Misma que quedó a deber en cuanto a movilidad y buen funcionamiento.

Esta ciudad no está para construir una línea cada 10 años. Requiere mucho más que eso. Y funcionarios que estén dispuestos a hacer cumplir la ley para que funcione de manera adecuada el sistema.

Cuando el director del Metro no puede siquiera dar garantías de que no habrá ambulantaje en las instalaciones y trenes, es símbolo de que no hay esperanza para los usuarios.

Pero cuando “pasajeros” se organizan y se saltan el torniquete, entonces sí, todo está perdido. Nos gobiernan los bárbaros y compartimos la ciudad con cavernícolas.

Repito, no estoy de acuerdo con el aumento. Pero lo pagaré de manera civilizada y respetuosa. Es lo que procede.

Pues eso.