Casi nueve años juntos

Cualquier marxista diría que soy un “pequeño burgués  porque me aferro a un bien material. Y aquí es justo donde me adentro en una especie de encrucijada intelectual. Yo soy marxista, pero también actor. Y sabido es que los marxistas -más los marxistas-leninistas- no suelen ver con buenos ojos al arte, sobre todo a la actuación. Y es que el arte es inútil, porque no satisface ninguna de las necesidades básicas del ser humano. Luego entonces a él solo acceden los burgueses, no la clase proletaria. Ya vendrían los leninistas y los soviéticos a inventar e implantar su versión del arte, que no era otra cosa que propaganda política que, según ellos, “emancipaba al proletariado”. Cualquier cosa que eso significara. Lenin, hay que decirlo, tenía unas ideas bastante cavernarias con respecto al arte. Si alguien lo duda, puede visitar cualquier librería de viejo y adquirir el libro El Arte y la Revolución, que publicó la editorial Progreso.

Pero no es Lenin de lo que quiero hablar, sino acerca de esos objetos que se hacen entrañables en la labor nuestra -o mía en este caso-. El actor es un tipo sensible, eso es sabido, pero también es de manías, rituales y cábalas. Algunos nos encariñamos con ciertos objetos, tanto que los usamos por mucho tiempo. Ciertos zapatos, cierta borla, una gorra, una peluca, etc. Para nosotros son objetos muy entrañables y que se ganan nuestro cariño. Por eso duele mucho cuando alguno se nos extravía.

Todo esto viene a cuento porque el sábado pasado después de una función, mi hijo y yo paramos a comer en un lugar. Por estar platicando olvidamos una bolsa pequeña donde venían cosas muy entrañables para mí. En especial una que casi tenía nueve años conmigo. Fue mi compañera en más de 1500 presentaciones, no es poco. Viajó conmigo y tiene un significado especial porque me la regaló mi hijo cuando era apenas un niño.

Estoy triste, sí. Pero también muy agradecido con esa fiel compañera. Gracias por estos casi nueve años juntos.

Correr día 9

Noveno día de entrenamiento, sin faltar  a correr uno solo. La apuesta da sus frutos. No me siento ni cansado ni  débil de las piernas. He ganado notablemente capacidad pulmonar. Ya puedo enfrentar las cuestas sin problema,  incluso acelero de manera notable. He reforzado los estiramientos. Sin llevarlos a la exageración. Paso el mayor tiempo posible o descalzo o con huaraches.

Hoy corrí 14 kilómetros por debajo de 5 mins por kilómetro. Ya no es un trote coqueto, sino más dinámico. No sentí cansancio. Pude haber dado otra vuelta de 4 kilómetros sin problema, incluso  dos. Pero no quiero salirme del plan que tengo. La próxima semana serán los 5 medios maratones en 6 días.

Mientras corro voy pensando en los libros que pacientes me esperan para ser leídos. Tengo que ponerme a mano con el desafío de lectura de este año.

Correr: día 7

El verano es algo caprichoso. Hoy fue un día soleado, pero bastante agradable para correr. Había viento que refrescaba. Soy corredor eminentemente urbano, nunca corro en banda. Mayormente lo hago en calles y avenidas. Pero mi lugar preferido es la segunda sección de Chapultepec. Donde queda la pista conocida como “el sope”. Esta sección no hace mucho fue renovada, con motivo de hacerla más amigable a corredores y ciclistas. Hay nuevas trotapistas y ciclovía. Se ha reducido en grado considerable el tránsito vehicular. En un inicio había bebederos, pero ahora ya no están. El gobierno los retiró y nadie sabe si los volverán a poner. En esta parte de Chapultepec nunca ha habido muchos puestos ambulantes. Y ahora han colocado unos puestos muy bonitos. Todo luce bien ordenado.

Hoy también hice trote coqueto. Quiero ganar resistencia y consistencia. Quiero también afinar mi técnica de carrera. Así que la velocidad no me interesa, por lo menos en este principio de semana. Para la próxima semana haré mis 5 medios maratones, será el entrenamiento más intenso. Corro 3 seguidos y descanso un día. Luego corro los dos faltantes. Por eso la importancia de tener una buena técnica de carrera.

La violencia la tenemos en alta estima

Nos gusta la violencia, la amamos, nos parece atractiva, la presumimos, nos regodeamos de ella y con ella. En los estadios, en las calles, en los mercados, en el transporte público, aun en las iglesias. Nos encanta decir: como México no hay dos y viva México cab… con ese dejo de altanería, que es violencia, por delante. Porque al que piense distinto, le partimos la cara o al menos eso decimos. De nuestros héroes favoritos Pancho Villa sobresale, por, claro está, ser el más bravucón. El que se brincó el charco y atacó a Estados Unidos. Ese sí era valiente, decimos. Y por ahí nos seguimos, porque nos embelesamos con las películas de charros que entran a balazos a las cantinas a beber tequila. Se magrean a las muchachas, son simpáticos, generosos y bien machos. La televisión, no se queda atrás, nos muestra a los narcos en su versión metrosexualizada, pero igual de violentos. Los niños y jóvenes no quieren ser científicos ni economistas, sino narco y galán, como el de la tele. Y las muchachas no aspiran a ser doctoras, sino a ser la mujer del narco al que ven todas las noches en canal 2 o 9. La violencia la llevamos hasta a las actividades recreativas. Llevamos a los hijos a jugar futbol y les gritamos e insultamos porque no tocan el balón como nosotros queremos. Así las cosas, nos gusta la violencia. Es nuestra adicción, pero como toda adicción, cada vez es mayor y más grave.

Hay naciones que en su himno enarbolan sueños de paz, de libertad y fraternidad, de amistad. No el nuestro. Nuestro himno llama a la guerra a cada hijo de la patria. Y presumimos que nuestro himno es el más hermoso de todos. Ese mismo que incita a la guerra, que es violencia. Y al que diga que no es así, le amenazamos con romperle la cara.

Del aumento al Metro

No estoy de acuerdo con el aumento a la tarifa del Metro. Pienso que este transporte es vital para la ciudad y la zona metropolitana. Muchos dirán que está subsidiado, es verdad. Otros dirán que no debería ser así. Eso, creo es debatible. Pregunto: ¿Qué le es más benéfico a la movilidad de esta ciudad, un transporte económico y eficiente, o el pulpo camionero y microbusero?

Defiendo que el costo del boleto del Metro debe ser asequible al bolsillo de cualquiera. Entre más personas usen Metro, menos habrá que usen coche o micro o taxis.

Por desgracia, hace ya unas administraciones para acá que el Metro ha dejado de ser prioridad. Por ejemplo, Cuando AMLO gobernó, en lugar de construir una nueva línea del Metro, prefirió darle gusto no a los pobres, sino a las clases medias y altas con los segundos pisos. Así fomentó el uso de autos.

Marcelo Ebrard, más a fuerza que con ganas, construyó una línea, la 12. Misma que quedó a deber en cuanto a movilidad y buen funcionamiento.

Esta ciudad no está para construir una línea cada 10 años. Requiere mucho más que eso. Y funcionarios que estén dispuestos a hacer cumplir la ley para que funcione de manera adecuada el sistema.

Cuando el director del Metro no puede siquiera dar garantías de que no habrá ambulantaje en las instalaciones y trenes, es símbolo de que no hay esperanza para los usuarios.

Pero cuando “pasajeros” se organizan y se saltan el torniquete, entonces sí, todo está perdido. Nos gobiernan los bárbaros y compartimos la ciudad con cavernícolas.

Repito, no estoy de acuerdo con el aumento. Pero lo pagaré de manera civilizada y respetuosa. Es lo que procede.

Pues eso.