De la independencia

Decía con justa razón, don Pío Broja que el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando. Es verdad. El nacionalismo es rancio, anticuado, rigorista y retardatario. Ningún nacionalismo ha aportado algo bueno a la humanidad. Por el contrario. Los nacionalismos van contra la integración, el desarrollo y la mejor solidaridad de la humanidad. Yo estoy contra el término nacionalismo, como lo estoy contra el concepto de religión. Pero así como no es lo mismo tener fe que ser religioso. Considero que no es lo mismo ser nacionalista que anhelar la independencia. Apenas asomamos la cabeza y deseamos ser independientes. Sí, desde nuestra incipiente adolescencia ya no queremos que nuestros padres nos dicten lo que debemos hacer. Es cierto que no estamos en edad para tomar decisiones, pero esedeseo ya se ha incubado en nuestros pensamientos. Y tarde o temprano partiremos. Dejaremos la casa, la familia y nos tomaremos nuestra vida al cien. Lo mismo pasa con las comunidades. Y esto debería entenderse más claramente en estos tiempos en los que se han otorgado, como nunca antes, las libertades amplias a los ciudadanos en muchos lugares. Ya en otro post dije que en esta vida todo sería más simple si cada quien fuera lo que deseara. Nos iría mejor si lográramos entender que somos diferentes y que no podemos tolerarnos a rajatabla. Es más, tenemos que buscarnos otra palabra, otro término para la coexistencia. La tolerancia se debe ir a la basura, porque tolerar es decir: me caes mal, no te soporto, pero te tengo que tolerar, es decir, aguantar. La tolerancia es una olla de presión que a cada tanto nos explota, mostrando  cuánto estamos errados.

El pasado terremoto en México nos muestra como cuando nos olvidamos de las banderas, en este caso políticas y actuamos como lo que somos, seres humanos, somos solidarios, fraternos, empáticos, misericordiosos.

Elogio de la actuación

El próximo año cumpliré 30 como actor. Desde niño aprendí uno de los oficios más “inútiles” que existen, pero también uno de los más enriquecedores. En estos casi 30 años de andar, de actuar, he visto innumerables rostros, miradas, lugares, caminos, etc. He sido aplaudido, reconocido, fustigado, amenazado, y discriminado. Sí, discriminado por aquellos que han infravalorado esta hermosa profesión. En pleno siglo XXI hay quien piensa que la actuación no es un “trabajo”. Hay gente que al saludarme, por ejemplo, se sorprende porque no tengo callos en las manos. “Las tienes de señorita”, me dicen y en seguida preguntan: ¿qué no trabajas? Claro que trabajo, pero mi trabajo no requiere que me ensucie las manos, ni me corte ni me queme  ni me salgan callos. Respondo un tanto molesto después de tantos años de escuchar cuestionamientos similares. Por otro lado, como el actor debe mantenerse en forma, hay que hacer algo de ejercicio, en mi caso running. En el caso de correr, si lo haces de forma disciplinada y cuidas la alimentación, estarás en buena forma, delgado. Esto siempre lo agradece la actuación. Pero los amigos y los conocidos o con los que platicas, te dirán que eres vanidoso.  También dirán que eres muy mujeriego. Eso seguro, no falla. Así son en “ese medio”. También borrachos y fiesteros. Algunas  veces a esto he respondido: pues cuando quieras me someto a un exámen, es más, quizá resulte que bebes más que yo.

En mi caso, voy a donde tengo función, actúo y me devuelvo a mi casa, con los míos a cenar o tomar café mientras conversamos sobre cómo estuvo todo. Escucho música y canto esas canciones que me gustan. Antes fumaba tabaco, ahora no. Si tengo carrera o entrenamiento al otro día, preparo mis cosas y pongo a cargar mi móvil y mi reloj y me voy a dormir. No ando de aventurero, de borracho o mujeriego, como algunos piensan.

30 años parecen un suspiro, apenas un halito. Pero no es así. Eso es lo que muestra engañosamente el cristal por el que miramos a la distancia. Hay veces que para actuar hay que sacar el caracter, aguantarse las lágrimas y “no sentir”, para poder cumplir una misión. Por ejemplo: cuando se actúa ante niños de casas hogar, hospitales, niños con cáncer o damnificados de desastres naturales. Aquí es donde verdaderamente se requieren tablas. Aquí es donde te das cuenta que ninguna otra porfesión binda lo que esta. Que eres privilegiado por poder brindar un poco de alegría a estos niños y sus familias y amigos. Entonces descubres que, depués de tanto camino andado, como dice la canción de Alberto Cortez “al abrir mis manos no estaban vacías”. No lo están, ni mi corazón, porque se ha llenado de tantas cosas bellas durante estos casi 30 años.

Casi nueve años juntos

Cualquier marxista diría que soy un “pequeño burgués  porque me aferro a un bien material. Y aquí es justo donde me adentro en una especie de encrucijada intelectual. Yo soy marxista, pero también actor. Y sabido es que los marxistas -más los marxistas-leninistas- no suelen ver con buenos ojos al arte, sobre todo a la actuación. Y es que el arte es inútil, porque no satisface ninguna de las necesidades básicas del ser humano. Luego entonces a él solo acceden los burgueses, no la clase proletaria. Ya vendrían los leninistas y los soviéticos a inventar e implantar su versión del arte, que no era otra cosa que propaganda política que, según ellos, “emancipaba al proletariado”. Cualquier cosa que eso significara. Lenin, hay que decirlo, tenía unas ideas bastante cavernarias con respecto al arte. Si alguien lo duda, puede visitar cualquier librería de viejo y adquirir el libro El Arte y la Revolución, que publicó la editorial Progreso.

Pero no es Lenin de lo que quiero hablar, sino acerca de esos objetos que se hacen entrañables en la labor nuestra -o mía en este caso-. El actor es un tipo sensible, eso es sabido, pero también es de manías, rituales y cábalas. Algunos nos encariñamos con ciertos objetos, tanto que los usamos por mucho tiempo. Ciertos zapatos, cierta borla, una gorra, una peluca, etc. Para nosotros son objetos muy entrañables y que se ganan nuestro cariño. Por eso duele mucho cuando alguno se nos extravía.

Todo esto viene a cuento porque el sábado pasado después de una función, mi hijo y yo paramos a comer en un lugar. Por estar platicando olvidamos una bolsa pequeña donde venían cosas muy entrañables para mí. En especial una que casi tenía nueve años conmigo. Fue mi compañera en más de 1500 presentaciones, no es poco. Viajó conmigo y tiene un significado especial porque me la regaló mi hijo cuando era apenas un niño.

Estoy triste, sí. Pero también muy agradecido con esa fiel compañera. Gracias por estos casi nueve años juntos.

Y en la ciudad llueve

Gente entra, gente sale del metro. No con la urgencia habitual, pero sí con la misma añoranza de hallar un lugar disponible para sentarse. Nada. No hay fortuna para ninguno de los recien entrantes. No va lleno como de costumbre, atascado. No. Pero todo los asientos van ocupados. Un joven que va leyendo le cede el asiento a una anciana que le agradece el gesto. Nadie más. Señoras cargan bebés en los brazos pero nadie les da el asiento. Todos se hacen los disimulados. Hacen como que atienden el móvil o que van durmiendo. Lastimosamente está ciudad es cada vez más indolente, más insensible. Qué le vamos a hacer, quizá piense el joven que cedió el asiento. Lo que tenía, lo he dado. A un niño le da por meter la mano en el empaque de la puerta, justo cuando va a cerrarse y el grito espanta a todos. El incidente hace que el  metro se detenga unos minutos, lo que en el calor humedo se hacen eternos. Y, por supuesto, no hay que olvidarnos de los vendedores ambulantes que en fin de semana caen en cascada. Hay que ganarse la vida, no hay de otra.

Llueve en la ciudad, tarde de sábado de septiembre. La gente no teme a la lluvia sino a los temblores. Así las cosas. En esta ciudad nunca nos aburriremos.

La generación cansada

En una  plática, mi esposa me comentaba que un joven le confió que a sus 20 años ya se sentía cansado. Así, tal cual. Cansado. De qué, quizá de todo, de la vida, del clima, de la política, tal vez hasta del amor… o de su ausencia. El caso es que lo dijo así. Mi esposa, que tiene una facilidad increíble para comprender a las personas, se soprendió de lo que este joven le acababa de decir. ¡Cansado a los 20! a la edad en que los de otras generaciones nos queríamos comer el mundo, hacer una revolución, enamorar a todas las chicas o bailar todas las canciones. 20 años es muy pronto para desear tirar todo al bote de la basura. Quizá se renuncia a un sueño cuando por más que nos esforzamos,  no obtenemos lo que anhelamos. Pero a los 20, los sueños apenas están brotando. Esta generación es muy privilegiada en comparación a las anteriores, pero como dice el chiste moderno:  está generación, definitivamente no hallará la cura para el cáncer. Y no lo hará porque es apática, insensible y fría. Nada les emociona, nada les contenta, nada les sorprende. No tienen una base muy espiritual, de hecho no ven  necesario creer en algo, luego entonces no tienen fe. El movil o la tableta les aburre, siendo que es la ventana a el conocimiento abundante e inmediato que los de otras generaciones ni siquiera imaginamos. Yo estaba hecho cuando encontraba un caset en el que podía grabar dos horas de música. Y me sentía importante cuando  mis amigos me pedían que les grabara un caset con música de mi colección. Ahora ni siquiera tienen que hacer eso. Abren Spotify y me miran como a una reliquia.

Y para finalizar he de decir que pensando un poco, llego a la conclusión de que es lógico que este joven y su generación se sientan así. Todo lo tienen fácil e inmediato. Ya hasta la diversión la tienen a su placer. No tienenqué esperar una progrmación. Pero como nada es gratis. Toda esa comodidad es a cambio de su estado emocional.  Esta generación es más deprimente que las anteriores, estresada y solitaria. Están, sí, quizá con papá y mamá. Pero en un pequeño mundo aparte, extraviados. Viajan en la soledad que les proporciona un equipo electrónico, unos audífonos y una red social. Después de medio reír con los memes de moda, se pierde el entusiasmo por vivir. Al menos eso piensan estos jóvenes-viejos de apenas 20 años.

Correr: día 11 (y 12)

Por mucha intensidad que se quiera poner a un entrenamiento,  el descanso no puede excluirse. Porque más allá de que el cuerpo debe reponer las fuerzas. También debe asimilar el entrenamiento al que ha sido sometido, y esto solo se consigue haciéndolo descansar. Pero aquí es donde el corredor amateur -y el recreativo- se confunde. Descanso no significa ir a echarse a la cama sin apenas moverse. No. Descanso significa hacer estiramientos suaves, alguna caminata o salida en bicicleta. Algún masaje.

Después de un día de descanso, se puede hacer  una sesión de velocidad o fartlek porque elcuerpo está descansado. Todo depende la carrera que se esté entrenando. En mi caso, al faltar tan poco para el maratón, Prefiero rodajes suaves, no quiero que la rodilla me moleste como el año pasado.

Esta semana inicio el entrenamiento de correr 5 medios maratones en 6 días. Es la parte más dura de mi poco recomendable entrenamiento de apenas un mes antes del maratón CDMX.

Mucha gente se preguntará qué necesidad de pasar por todo esto. Les puedo responder que como haber,  no hay ninguna. Solo un enorme placer por correr. Para entenderlo, hay que ponerse las  zapatillas y correr.

 

Correr: día 10

La lluvia que no fue.

Salí a correr por la tarde, casi noche. Según el servicio meteorológico nacional, iba a llover por mi ciudad. Pero ya sabemos que la tradición es que fall el pronóstico. Así que no llovió y yo sigo sin estrenar mi chamarra para correr en la lluvia. Pero no, la lluvia se encaprichó y decidió no salir.

Ayer vi un video de un colaborador de la empresa que hace relojes para corredores. En el video  comentaba algo que es cierto: si no se entiende bien cómo es que trazan el recorrrido del maratón, lo más seguro es que estemos corriendo muchos metros de más. La cosa no está, según él, en seguir la línea azul que pintan sobre todo el recorrido, sino siempre correr sobre el lado que prepresente la distancia más corta, pues esa lógica siguen los que miden la distancia que debe ser avalada. Así las cosas. Muchos cometemos el error de rebasar una y otra vez, en lugar de marcar un paso. Pues mal, porque lo que estamos haciendo, además de no llevar un ritmo, es correr muchos más metros que los que tiene la distancia del maratón.

En el running siempre tenemos un largo camino por aprender. Sin duda.

Correr día 9

Noveno día de entrenamiento, sin faltar  a correr uno solo. La apuesta da sus frutos. No me siento ni cansado ni  débil de las piernas. He ganado notablemente capacidad pulmonar. Ya puedo enfrentar las cuestas sin problema,  incluso acelero de manera notable. He reforzado los estiramientos. Sin llevarlos a la exageración. Paso el mayor tiempo posible o descalzo o con huaraches.

Hoy corrí 14 kilómetros por debajo de 5 mins por kilómetro. Ya no es un trote coqueto, sino más dinámico. No sentí cansancio. Pude haber dado otra vuelta de 4 kilómetros sin problema, incluso  dos. Pero no quiero salirme del plan que tengo. La próxima semana serán los 5 medios maratones en 6 días.

Mientras corro voy pensando en los libros que pacientes me esperan para ser leídos. Tengo que ponerme a mano con el desafío de lectura de este año.

Correr: día 8

A veces se corre de forma un tanto inapropiada, si se puede decir así. El corredor amateur no vive del correr, razón por la cual debe trabajar para ganar el sustento. En mi caso, cuando debo cerrar un contrato y esto me impide hacer mi entrenamiento del día. Debo usar el ingenio y ver la manera de correr aunque sea un poco, sin que parezca un loco o un ladrón. Si puedo, me llevo un short y me cambio al salir de mi compromiso profesional, sino, entonces no queda de otra, correr con lo que llevo puesto. Correr con camisa y mezclilla es muy distinto a cuando se corre con playera y short de tecnología. La gente lo mira a uno con extrañeza. Justo como miran al personaje de Will Smith en la inolvidable película En Busca de la Felicidad. Pero cuando se está entrenando para una carrera seria, y el maratón vaya que lo es. Lo que piense la gente debemos dejarlo en un segundo plano.

5 Kilómetros a camisa, pantalón de mezclilla y morral colgando. Ah, pero eso sí, con contrato  firmado.

Correr: día 7

El verano es algo caprichoso. Hoy fue un día soleado, pero bastante agradable para correr. Había viento que refrescaba. Soy corredor eminentemente urbano, nunca corro en banda. Mayormente lo hago en calles y avenidas. Pero mi lugar preferido es la segunda sección de Chapultepec. Donde queda la pista conocida como “el sope”. Esta sección no hace mucho fue renovada, con motivo de hacerla más amigable a corredores y ciclistas. Hay nuevas trotapistas y ciclovía. Se ha reducido en grado considerable el tránsito vehicular. En un inicio había bebederos, pero ahora ya no están. El gobierno los retiró y nadie sabe si los volverán a poner. En esta parte de Chapultepec nunca ha habido muchos puestos ambulantes. Y ahora han colocado unos puestos muy bonitos. Todo luce bien ordenado.

Hoy también hice trote coqueto. Quiero ganar resistencia y consistencia. Quiero también afinar mi técnica de carrera. Así que la velocidad no me interesa, por lo menos en este principio de semana. Para la próxima semana haré mis 5 medios maratones, será el entrenamiento más intenso. Corro 3 seguidos y descanso un día. Luego corro los dos faltantes. Por eso la importancia de tener una buena técnica de carrera.