De la independencia

Decía con justa razón, don Pío Broja que el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando. Es verdad. El nacionalismo es rancio, anticuado, rigorista y retardatario. Ningún nacionalismo ha aportado algo bueno a la humanidad. Por el contrario. Los nacionalismos van contra la integración, el desarrollo y la mejor solidaridad de la humanidad. Yo estoy contra el término nacionalismo, como lo estoy contra el concepto de religión. Pero así como no es lo mismo tener fe que ser religioso. Considero que no es lo mismo ser nacionalista que anhelar la independencia. Apenas asomamos la cabeza y deseamos ser independientes. Sí, desde nuestra incipiente adolescencia ya no queremos que nuestros padres nos dicten lo que debemos hacer. Es cierto que no estamos en edad para tomar decisiones, pero esedeseo ya se ha incubado en nuestros pensamientos. Y tarde o temprano partiremos. Dejaremos la casa, la familia y nos tomaremos nuestra vida al cien. Lo mismo pasa con las comunidades. Y esto debería entenderse más claramente en estos tiempos en los que se han otorgado, como nunca antes, las libertades amplias a los ciudadanos en muchos lugares. Ya en otro post dije que en esta vida todo sería más simple si cada quien fuera lo que deseara. Nos iría mejor si lográramos entender que somos diferentes y que no podemos tolerarnos a rajatabla. Es más, tenemos que buscarnos otra palabra, otro término para la coexistencia. La tolerancia se debe ir a la basura, porque tolerar es decir: me caes mal, no te soporto, pero te tengo que tolerar, es decir, aguantar. La tolerancia es una olla de presión que a cada tanto nos explota, mostrando  cuánto estamos errados.

El pasado terremoto en México nos muestra como cuando nos olvidamos de las banderas, en este caso políticas y actuamos como lo que somos, seres humanos, somos solidarios, fraternos, empáticos, misericordiosos.

Piqué es el nuevo Ringo

No es el tipo que en el campo de juego haga la proeza que lleve al triunfo al equipo. No es el jugador caprichoso que con una jugada de fantasía haga olvidar a la tribuna sus desdenes y parrandas. No. Tampoco un crack, ni el que se asume de líder a base de dureza y tesón. No. No es un Puyol o un Iniesta. Piqué anda más por ser un “Ringo Star” en las filas del Barcelona que otra cosa. Difícil figurar en una orquesta futbolera repleta de puros fuera de serie. A menos que vayas por ser el tipo buena onda y te hagas de la chica con las caderas más famosas del mundo. Entonces sí que opacarás -o tu ahora esposa- a las mega estrellas como Messi. Recuerdo aquella bandera monumental que una vez colgaron los del bando rival en un partido y que decía: Shakira es de todos.  Desde luego que el texto iba  con bastante jiribilla. Pero es una muestra de cómo la chica de Piqué opacó a las figuras del equipo catalán. Solo así, un tipo como Piqué puede jalar los reflectores para sí.

Otra forma es si como catalán, está a favor del independentismo. Entonces será muy popular y el respetable le mostrará su apoyo en cada juego de local.  Así Piqué, un jugador promedio, será uno de los más populares del mejor equipo del mundo. La cosa será un tanto cuanto complicada porque Piqué, idependentista y catalán, no ve problema alguno en jugar en la selección nacional de ¡España! sí, de la nación de la que quieren dejar de pertenecer. Dice que él no ve problema en ello. Quizá nadie le ha mostrado los requisitos para ser jugador de una selección. Uno de ellos es ser ciudadano de esa nación. Él está por la idependencia de Catalunya, lo cual es válido y respetable. Pero aquí hay algo que no cuadra. Cristiano Ronaldo no puede jugar con España porque es Portugues. Mañana martes quizá se declare la independencia de Catalunya. Con esta declaración los catalanes oficiarán su independencia. Luego entonces ya no pertenecerán a España. ¿Nadie se lo ha dicho a Piqué? ¿Nadie se lo ha explicado? Por mucho que Piqué diga que él no ve problema, pues la realidad es que sí lo hay, porque el club Barcelona dejaría de jugar en la liga española y él tendría pasaporte catalán y no español. Pasaría a ser un extranjero en España.

Con los jugadores de futbol pasa algo parecido a lo que sucede con los boxeadores -salvo honrosasy escasas excepciones-, carecen de los conocimientos mínimos para poder opinar sobre los temas que lo hacen.

Piqué vota en un referéndum en el que el  90% votó a favor de la independencia. Un día después acude a la concentración de la selección española y dice que no ve problema, luego da una conferencia en la que da a entender que él no apoya a los independentistas, siendo que la propia participación en el referéndum demuestra lo contrario. Vamos, que Piqué se trae su propio jueguito.

Nada se debería imponer

Al tiempo que veo las imágenes de la represión que el gobierno de Rajoy ha llevado a Catalunya, veo en la televisión un streaming que habla de la fe. En realidad de la fe a la antigua, esa que se imponía a la fuerza a los hijos, antes. Pero aún ahora. Como sociedad hemos tenido avances maravillosos en la tecnología y en las distintas ciencias. Han ido mujeres y hombres al espacio y las comunicaciones ahora son instantáneas desde y para cualquier parte del mundo. Pero no hemos Aprendido a respetar el legítimo derecho a pertenecer o no y a creer o no. Ese derecho se nos sigue complicando. Así, forzamos al otro a seguir siendo parte de nuestro país, aunque él y otros millones no lo  deseen. Invocamos a la historia y a la economía para intentar explicar lo bien que nos ha ido juntos. Si podemos considerar juntos el estar bajo obligación. Lo mismo pasa con la religión y la fe. Aún a millones de niños se les “bautiza” a los pocos días de nacidos. Cosa teológicamente inválida, pues el bautismo debe ser voluntario. Y al bebé nada más nadie le pide opinión. Así que será católico porque es la religión que le heredaron los abuelos y sus padres. Aunque tampoco el universo cristiano es distinto ni más abierto. No. Los cristianos no católicos igual y no bautizan  bebés, pero si presionan a sus niños y a sus jóvenes a seguir el credo de los padres. Y es una maldición si un hijo decide no tener las creencias de los padres. Es una deshonra, al menos así lo ven. No exagero si digo que hay padres que consideran muerto al hijo que se llega a casar con algo que no es de su religión. En plena era de la robotización nos comportamos como primates.

Por eso pienso que bien deberíamos respetar un principio bastante antiguo, pero eficaz: el libre albedrío. Que cada quien sea, pertenezca, crea, viva, cante, aplauda y tenga lo que se le plazca. Que el único límite sea el derecho del semejante. Así de fácil.

Lo reafirmo mientras veo a la Guardia Nacional de españa golpear a ancianas catalanas.

Pues eso.

Elogio de la actuación

El próximo año cumpliré 30 como actor. Desde niño aprendí uno de los oficios más “inútiles” que existen, pero también uno de los más enriquecedores. En estos casi 30 años de andar, de actuar, he visto innumerables rostros, miradas, lugares, caminos, etc. He sido aplaudido, reconocido, fustigado, amenazado, y discriminado. Sí, discriminado por aquellos que han infravalorado esta hermosa profesión. En pleno siglo XXI hay quien piensa que la actuación no es un “trabajo”. Hay gente que al saludarme, por ejemplo, se sorprende porque no tengo callos en las manos. “Las tienes de señorita”, me dicen y en seguida preguntan: ¿qué no trabajas? Claro que trabajo, pero mi trabajo no requiere que me ensucie las manos, ni me corte ni me queme  ni me salgan callos. Respondo un tanto molesto después de tantos años de escuchar cuestionamientos similares. Por otro lado, como el actor debe mantenerse en forma, hay que hacer algo de ejercicio, en mi caso running. En el caso de correr, si lo haces de forma disciplinada y cuidas la alimentación, estarás en buena forma, delgado. Esto siempre lo agradece la actuación. Pero los amigos y los conocidos o con los que platicas, te dirán que eres vanidoso.  También dirán que eres muy mujeriego. Eso seguro, no falla. Así son en “ese medio”. También borrachos y fiesteros. Algunas  veces a esto he respondido: pues cuando quieras me someto a un exámen, es más, quizá resulte que bebes más que yo.

En mi caso, voy a donde tengo función, actúo y me devuelvo a mi casa, con los míos a cenar o tomar café mientras conversamos sobre cómo estuvo todo. Escucho música y canto esas canciones que me gustan. Antes fumaba tabaco, ahora no. Si tengo carrera o entrenamiento al otro día, preparo mis cosas y pongo a cargar mi móvil y mi reloj y me voy a dormir. No ando de aventurero, de borracho o mujeriego, como algunos piensan.

30 años parecen un suspiro, apenas un halito. Pero no es así. Eso es lo que muestra engañosamente el cristal por el que miramos a la distancia. Hay veces que para actuar hay que sacar el caracter, aguantarse las lágrimas y “no sentir”, para poder cumplir una misión. Por ejemplo: cuando se actúa ante niños de casas hogar, hospitales, niños con cáncer o damnificados de desastres naturales. Aquí es donde verdaderamente se requieren tablas. Aquí es donde te das cuenta que ninguna otra porfesión binda lo que esta. Que eres privilegiado por poder brindar un poco de alegría a estos niños y sus familias y amigos. Entonces descubres que, depués de tanto camino andado, como dice la canción de Alberto Cortez “al abrir mis manos no estaban vacías”. No lo están, ni mi corazón, porque se ha llenado de tantas cosas bellas durante estos casi 30 años.

El mejor medio maratón

Sin duda el mejor medio maratón que se organiza en la CDMX es el que cada año, en la última semana de setiembre -a mi me gusta más así, setiembre, como lo escriben en el sur- se lleva a cabo en las instalaciones del campo militar número 1. Una ruta muy limpia y demandante. Con cuestas y bajadas que representan todo un reto para los corredores, sobre todo para los que acostumbran entrenar en superficies planas. Las diferentes unidades  militares animan a los corredores desde sus posiciones. Algunos dan palmadas de aliento, otros chocan la mano. En el estadio de futbol americano los corredores dan la vuelta a la pista, mientras las jóvenes porristas hacen piruetas en el aire. Para algunos, el medio maratón de la Sedena es más demandante que el Maratón de la CDMX. Para todos es una fiesta que se corona con una medalla y una dona glaseada que sabe a gloria después del recorrido de 21 kilómetros.

La inscripción es de las más peleadas del año. Algunos la llaman “los juegos del hambre” y tienen razón. Pero si nose alcanza número, no pasa nada, pues la ruta bien se puede correr sin él. El chiste es no perderse este evento. Al final todos, con número o sin él reciben medalla si hacen el recorrido completo.

Así que para este domingo hay que prepararse con la ropa para correr, los tenis y una buena playlist.

Y en la ciudad llueve

Gente entra, gente sale del metro. No con la urgencia habitual, pero sí con la misma añoranza de hallar un lugar disponible para sentarse. Nada. No hay fortuna para ninguno de los recien entrantes. No va lleno como de costumbre, atascado. No. Pero todo los asientos van ocupados. Un joven que va leyendo le cede el asiento a una anciana que le agradece el gesto. Nadie más. Señoras cargan bebés en los brazos pero nadie les da el asiento. Todos se hacen los disimulados. Hacen como que atienden el móvil o que van durmiendo. Lastimosamente está ciudad es cada vez más indolente, más insensible. Qué le vamos a hacer, quizá piense el joven que cedió el asiento. Lo que tenía, lo he dado. A un niño le da por meter la mano en el empaque de la puerta, justo cuando va a cerrarse y el grito espanta a todos. El incidente hace que el  metro se detenga unos minutos, lo que en el calor humedo se hacen eternos. Y, por supuesto, no hay que olvidarnos de los vendedores ambulantes que en fin de semana caen en cascada. Hay que ganarse la vida, no hay de otra.

Llueve en la ciudad, tarde de sábado de septiembre. La gente no teme a la lluvia sino a los temblores. Así las cosas. En esta ciudad nunca nos aburriremos.

La generación cansada

En una  plática, mi esposa me comentaba que un joven le confió que a sus 20 años ya se sentía cansado. Así, tal cual. Cansado. De qué, quizá de todo, de la vida, del clima, de la política, tal vez hasta del amor… o de su ausencia. El caso es que lo dijo así. Mi esposa, que tiene una facilidad increíble para comprender a las personas, se soprendió de lo que este joven le acababa de decir. ¡Cansado a los 20! a la edad en que los de otras generaciones nos queríamos comer el mundo, hacer una revolución, enamorar a todas las chicas o bailar todas las canciones. 20 años es muy pronto para desear tirar todo al bote de la basura. Quizá se renuncia a un sueño cuando por más que nos esforzamos,  no obtenemos lo que anhelamos. Pero a los 20, los sueños apenas están brotando. Esta generación es muy privilegiada en comparación a las anteriores, pero como dice el chiste moderno:  está generación, definitivamente no hallará la cura para el cáncer. Y no lo hará porque es apática, insensible y fría. Nada les emociona, nada les contenta, nada les sorprende. No tienen una base muy espiritual, de hecho no ven  necesario creer en algo, luego entonces no tienen fe. El movil o la tableta les aburre, siendo que es la ventana a el conocimiento abundante e inmediato que los de otras generaciones ni siquiera imaginamos. Yo estaba hecho cuando encontraba un caset en el que podía grabar dos horas de música. Y me sentía importante cuando  mis amigos me pedían que les grabara un caset con música de mi colección. Ahora ni siquiera tienen que hacer eso. Abren Spotify y me miran como a una reliquia.

Y para finalizar he de decir que pensando un poco, llego a la conclusión de que es lógico que este joven y su generación se sientan así. Todo lo tienen fácil e inmediato. Ya hasta la diversión la tienen a su placer. No tienenqué esperar una progrmación. Pero como nada es gratis. Toda esa comodidad es a cambio de su estado emocional.  Esta generación es más deprimente que las anteriores, estresada y solitaria. Están, sí, quizá con papá y mamá. Pero en un pequeño mundo aparte, extraviados. Viajan en la soledad que les proporciona un equipo electrónico, unos audífonos y una red social. Después de medio reír con los memes de moda, se pierde el entusiasmo por vivir. Al menos eso piensan estos jóvenes-viejos de apenas 20 años.

Correr: día 8

A veces se corre de forma un tanto inapropiada, si se puede decir así. El corredor amateur no vive del correr, razón por la cual debe trabajar para ganar el sustento. En mi caso, cuando debo cerrar un contrato y esto me impide hacer mi entrenamiento del día. Debo usar el ingenio y ver la manera de correr aunque sea un poco, sin que parezca un loco o un ladrón. Si puedo, me llevo un short y me cambio al salir de mi compromiso profesional, sino, entonces no queda de otra, correr con lo que llevo puesto. Correr con camisa y mezclilla es muy distinto a cuando se corre con playera y short de tecnología. La gente lo mira a uno con extrañeza. Justo como miran al personaje de Will Smith en la inolvidable película En Busca de la Felicidad. Pero cuando se está entrenando para una carrera seria, y el maratón vaya que lo es. Lo que piense la gente debemos dejarlo en un segundo plano.

5 Kilómetros a camisa, pantalón de mezclilla y morral colgando. Ah, pero eso sí, con contrato  firmado.

De vuelta al ruedo

Esa frase describe la terquedad del torero por volver a aquello que lo apasiona -más allá de si es arte o crueldad, ese no es el tema en esta publicación-. Al actor le pasa lo mismo, bueno, al actor de cepa, no al figurante de cara bonita, que lo mismo se cree actor que cantante. También al corredor, profesional o amateur. El corredor no vuelve al ruedo, sino a la pista o parque o asfalto, pero de que vuelve, vuelve.

Yo, que casi voy a hacer 30 años en el negocio de la actuación, me he auto retirado unas cuantas veces. La más reciente, hace cosa de unos 5 años. No fue por mucho tiempo, acaso un mes. Pero en esos días me enfermé. Me deprimí y, si no hubiera sido por el té de azhares, no sé en que hubiera parado, porque ya hasta miraba a mis hijos y me despedía de ellos en mi mente y en silencio.

Cuando no salgo a correr no me pasa eso. Cuando no corro tengo un cierto sentimiento de culpa, porque hay veces que es por flojera que no lo hago, por culpa de una serie de Netflix que traigo atravesada o por algo por el estilo.

Este año he corrido poco, pero lo poco que he corrido, he sido feliz. La lesión de la rodilla ya se fue. Gracias a que cambié mi manera de correr. Estaba adelantando mucho el pié eso es lo que crea la lesión. Claro que también el uso de huaraches ha contribuido a la recuperación.

Sé que no debe hacerse de esta manera, pero es que de verdad quiero correr el Medio Maratón CDMX. Nadie debería correr un medio maratón con poco menos de una semana de entrenamiento.

Lo hago porque me he evaludo y considero que sí lo puedo lograr y en un buen tiempo.

Tengo al final de cuentas, la necedad del torero.

Y  como de aquí se viene el Maratón CDMX, seguiré escribiendo sobre mis entrenamientos.

Con la religión hemos topado, Sancho

He sido condenado al infierno por los de la Luz del Mundo, corrido de un templo católico por un cura de los de Charbel, por usar pantalones de mezclilla; he sido acusado de “enseñar falsedades” por un supuesto hermano en la fe, cuando lo único que hice fue emplear una versión distinta de la Biblia; también un anciano de mi congregación casi se ha rasgado las vestiduras por mi culpa, pues cometí el sacrilegio de discursar con zapatos tenis de color negro. La última, la reciente, es que se me acusa de andar contando algo que apareció en una de nuestras publicaciones recientes, los que me acusan o no lohan leído o no lo recuerdan, pero me acusan de compartirlo con alguien. Solo digo lo que es verdad y que se puede verificar porque está en nuestro sitio oficial. Pero debe ser mentira, porque como ellos lo desconocen, por el motivo que sea, pues no es verdad. Luego entonces, yo difundo mentiras.

Kafka, revive y conviérteme en un personaje.

Según las directrices de la congregación a la que pertenezco, quien difunde falsedades o tergiversa el mensaje bíblico, se le llama apóstata. Así que de esto me andan queriendo acusar, pues me han clasificado de “inactivo”. Y como soy inactivo, lo que yo digo no vale, aunque sea verdad.

Tengo como probar que lo que he compartido es verdad. Luego entonces no soy apóstata. Pero ¿cómo hemos de llamar -además de ignorantes- a los que me acusan y que no están al tanto de las publicaciones recientes, siendo que a ellos les corresponde enseñar a los demás? Si fueran un poco modestos, deberían comprobar lo que he difundido y reconocer que debido a su nuloesmero por estudiar, deberían renunciar a la responsabilidad que ostentan. Pero no, no lo harán, porque gustan de autonombrarse “principes de la congregación”.

Pues eso.