Algún día vendrán por el cura que toca la campana

En un acto de sublime intolerancia el gobierno ruso ha proscrito la obra de predicación cristiana de los Testigos de Jehová. Estos testigos, que en Rusia forman una comunidad de 175 000 predicadores activos, no hacen otra cosa que lo mismo que hacen en todo el mundo: compartir de forma pacífica sus creencias basadas en la Biblia. Los testigos de Jehová ya habían sido perseguidos antes por manifestar sus creencias durante el periódo de la extinta URSS. Muchos fueron encarcelados y enviados a Siberia, como se hacía con los peores enemigos del régimen estalinista. El triunfo de la democracia suponía un aire de libertades, entre ellas la religiosa. En un principio fue así y a los testigos se les permitió celebrar incluso asambleas internacionales. Pero de unos años para acá han sido acosados, perseguidos y acusados de extremistas. Sí, el mismo adjetivo con el que se califica a los terroristas del estado islámico, aquellos que matan personas, violan, infunden temor en la población. Poner a los testigos en la misma bolsa en la que se pone a los señores del estado islámico es, además de una ofensa, un exceso.

El máximo tribunal ruso ha declarado proscrita la obra de predicación y los testigos deben ahora entregar las propiedades, oficinas, lugares de culto, almacenes, etc al gobierno. Si un testigo habla con alguien más de sus creencias, puede ser detenido y puesto en prisión. El señor Putin no se ha enterado que la llamada “cortina de hierro” ya cayó. Quizá en una de esas y resucite los fatales planes quinquenales con los que la URSS destruía su economía.

A partir de que la noticia se hizo global los testigos han padecido burlas en todo el mundo. Lo que no alcanzan a ver estos burladores, es que este hecho es más preocupante de lo que parece, pues así como se proscribió la obra de los testigos, se puede proscribir la obra de cualquier otra confesión religiosa. Quizá algún día, muy de mañana, vengan unos policías con el fin de detener al cura de la iglesia que toca las campanas llamando a misa. ¿La razón? una muy sencilla: por escandaloso, pues despierta a los habitantes con el toque de las campanas.

Cabría que todos hiciéramos una reflexión sobre por qué gobiernan los intolerantes. La respuesta está en nosotros mismos.

En lo personal no me molesta que el cura toque las campanas, como tampoco me molesta que el judío guarde el shabbat o que el musulman lea el Corán o que el yogui medite en un parque. Lo que me enojaría en gran manera sería que un día ni el católico, ni el judío o el musulman o el yogui hicieran aquello que les hace feliz.

Ahora que los testigos rusos no pueden predicar libremente ni reunirse, ni compartir sus creencias, ahora sí estoy lleno de rabia.

Respetémonos (que no es poco)

“Sigan con el ojo por ojo, y pronto todos seremos tuertos”. -Mahatma Gandhi

En el libro del Apocalipsis –que en español significa Revelación- se habla de cuatro jinetes. Uno de ellos clama por un poco de alimento a cambio del sueldo completo. La versión mexicana quizá pida menos que eso, pero más difícil de otorgar: respeto.

Los ciudadanos de este país tenemos profunda escasez de respeto. Pasamos por encima de todos y de todo, sin importar a quien molestamos o perjudicamos. Cerramos avenidas, autopistas, calles, sin apenas mediar en los daños y las afectaciones que causemos a personas que no nos la hicieron, pero que son los que irremediablemente la han de pagar.

Aquí estamos todos y cabemos y seguimos, solo porque la gracia de Dios es grande. Algunos, los resentidos de todo y por todo; los que acuden a la bola sin saber a qué van; los abajofirmantes, señores feudales de la sapiencia y la razón; los que justamente protestan pero yerran en la estrategia. en fin.

Algo tenemos que hacer como sociedad que aspiramos ser. Hace tiempo nos preocupaba ser un estado fallido. No vayamos tan lejos. Mejor ocupémonos por no ser seres humanos fallidos, carentes de todo respeto y dignidad.

Porque el que no sabe respetar el entorno que le rodea se está inmolando y no se da cuenta.

Pues eso.

El Mago Septién

Crecí en los años en que el régimen priista iba de salida. El control se sentía aún. Todo lo vigilaba el aparato burocrático, los precios, el tipo de cambio en la moneda, la inflación, lo que se exhibía en los cines, los teatros, los conciertos…y sin duda en la televisión.  Este régimen, aunque decadente, se sentía en cada aspecto de la vida de un mexicano. No se podía decir la más leve cosa que pareciera ataque al gobierno, pues era uno censurado…en su propia casa!

Me remonto a esos tiempos en los que en la televisión no había tanta variedad de contenidos, en la que, o era la televisión gubernamental o la señal privada de Televisa, que era peor que la estatal. La razón es porque, aún en esa televisión tan limitada, había un remanso, una chispa de magia: la del Mago Septién.

Fuera uno aficionado al Béisbol o no -y yo lo era, lo soy- no se perdía uno la Serie Mundial, comentada por el Mago y Sonny Alarcón. Comentaristas amenos e inteligentes, Agradables, amenos. Que hacían que un juego que bien podía durar 3 horas y media, se hiciera corto. El gran Mago era todo estadística y anécdotas. Yo escuchaba embelesado lo que él decía de Babe Ruth, de las ligas negras…

Ahora que se ha ido El gran Mago Septién se queda un gran vacío en el Béisbol, en el deporte y en la televisión en general.

Que tiempos los de antes, en que los comentarista deportivos eran “magos” y no “animales”.

Porque vaya que no es lo mismo que narre un partido un “mago”, a que lo haga un “pollo”.

Del aumento al Metro

No estoy de acuerdo con el aumento a la tarifa del Metro. Pienso que este transporte es vital para la ciudad y la zona metropolitana. Muchos dirán que está subsidiado, es verdad. Otros dirán que no debería ser así. Eso, creo es debatible. Pregunto: ¿Qué le es más benéfico a la movilidad de esta ciudad, un transporte económico y eficiente, o el pulpo camionero y microbusero?

Defiendo que el costo del boleto del Metro debe ser asequible al bolsillo de cualquiera. Entre más personas usen Metro, menos habrá que usen coche o micro o taxis.

Por desgracia, hace ya unas administraciones para acá que el Metro ha dejado de ser prioridad. Por ejemplo, Cuando AMLO gobernó, en lugar de construir una nueva línea del Metro, prefirió darle gusto no a los pobres, sino a las clases medias y altas con los segundos pisos. Así fomentó el uso de autos.

Marcelo Ebrard, más a fuerza que con ganas, construyó una línea, la 12. Misma que quedó a deber en cuanto a movilidad y buen funcionamiento.

Esta ciudad no está para construir una línea cada 10 años. Requiere mucho más que eso. Y funcionarios que estén dispuestos a hacer cumplir la ley para que funcione de manera adecuada el sistema.

Cuando el director del Metro no puede siquiera dar garantías de que no habrá ambulantaje en las instalaciones y trenes, es símbolo de que no hay esperanza para los usuarios.

Pero cuando “pasajeros” se organizan y se saltan el torniquete, entonces sí, todo está perdido. Nos gobiernan los bárbaros y compartimos la ciudad con cavernícolas.

Repito, no estoy de acuerdo con el aumento. Pero lo pagaré de manera civilizada y respetuosa. Es lo que procede.

Pues eso.