La generación cansada

En una  plática, mi esposa me comentaba que un joven le confió que a sus 20 años ya se sentía cansado. Así, tal cual. Cansado. De qué, quizá de todo, de la vida, del clima, de la política, tal vez hasta del amor… o de su ausencia. El caso es que lo dijo así. Mi esposa, que tiene una facilidad increíble para comprender a las personas, se soprendió de lo que este joven le acababa de decir. ¡Cansado a los 20! a la edad en que los de otras generaciones nos queríamos comer el mundo, hacer una revolución, enamorar a todas las chicas o bailar todas las canciones. 20 años es muy pronto para desear tirar todo al bote de la basura. Quizá se renuncia a un sueño cuando por más que nos esforzamos,  no obtenemos lo que anhelamos. Pero a los 20, los sueños apenas están brotando. Esta generación es muy privilegiada en comparación a las anteriores, pero como dice el chiste moderno:  está generación, definitivamente no hallará la cura para el cáncer. Y no lo hará porque es apática, insensible y fría. Nada les emociona, nada les contenta, nada les sorprende. No tienen una base muy espiritual, de hecho no ven  necesario creer en algo, luego entonces no tienen fe. El movil o la tableta les aburre, siendo que es la ventana a el conocimiento abundante e inmediato que los de otras generaciones ni siquiera imaginamos. Yo estaba hecho cuando encontraba un caset en el que podía grabar dos horas de música. Y me sentía importante cuando  mis amigos me pedían que les grabara un caset con música de mi colección. Ahora ni siquiera tienen que hacer eso. Abren Spotify y me miran como a una reliquia.

Y para finalizar he de decir que pensando un poco, llego a la conclusión de que es lógico que este joven y su generación se sientan así. Todo lo tienen fácil e inmediato. Ya hasta la diversión la tienen a su placer. No tienenqué esperar una progrmación. Pero como nada es gratis. Toda esa comodidad es a cambio de su estado emocional.  Esta generación es más deprimente que las anteriores, estresada y solitaria. Están, sí, quizá con papá y mamá. Pero en un pequeño mundo aparte, extraviados. Viajan en la soledad que les proporciona un equipo electrónico, unos audífonos y una red social. Después de medio reír con los memes de moda, se pierde el entusiasmo por vivir. Al menos eso piensan estos jóvenes-viejos de apenas 20 años.

Hablemos de un tal Rius

Influenciado por mi papá fue que leí a Rius, cuando tenía cosa de 13 años. Primero Los Súpermachos, que eran bastante divertidos. Después Los Agachados y los libros que hablaban sobre la revolución cubana o la rusa. Sus libros, que yo me resisto ahora a llamarlos así, eran un comic bastante ligero de entender. Primero alababa Rius a la revolución rusa y su sistema comunista de exportación, sus planes quinquenales, su igualdad, su inexistencia de variedad de partidos políticos. Luego ya no, luego todo eso ya no sirve. Rius daba “bandazos literarios e intelectuales”. Por eso dejé de leer cosas de Rius. El tiempo me dio la razón cuando muchos de los que el criticaba, políticos corruptos de toda la vida  y que todos conocemos, salen agarrados del brazo de Rius, ya sea pidiendo la devolución de los 43 de Ayotzinapa o defendiendo el supuesto triunfo electoral de AMLO.

Si Rius apoyó al polpulismo de AMLO, que es el Echeverrismo nuevo, luego entonces pasó de ser simpatizante de izquierda, a ser simpatizante del populsmo, que no conoce de ideologías, porque se mueve en todas, según le convenga.

Nadie puede negarle su calidad como caricaturista.

Correr: día 2

A las 8 de la mañana hay un clima  agradable para correr, acá en el poniente de la ciudad. El cielo anuncia que será un día soleado. Pero a esta hora el calor es  agradable. A mi en lo personal me gusta correr mucho cuando el clima es cálido, porque en frío me cuesta mucho, tardo en entrar en ritmo.

Hoy cambié de playlist para salir a correr. La de hoy era muy variada. El modo aleatorio me puso como primer tema el de la película La la land. Fue muy buena decisión porque esa canción me permitió tomar ritmo desde el principio. Después siguieron canciones como Misirlu y otros de los que Tarantino ha ocupado en sus películas.

Yo soy corredor urbano… y callejero, me gusta correr en la calle y avenidas. Son pocos los parques en losque suelo correr, salvo Chapultepec. Pero Chapultepec no es cualquier cosa, es el parque urbano más grande del mundo. El único inconveniente de correr a las 8 de la mañana en avenidas es que el tráfico es bastante aún en vacaciones de verano. Salvo eso, todo está bien. Y como ya reasfaltaron varias avenidas, pues todavía mejor.

También debo decir que ahora que me corté el cabello siento más ligera la cabeza. Me gusta traer el cabello largo, pero no me agrada que el sudor me escurra por los cabellos cuando corro. Así que tomé la decisión de mejor cortarlo. Así que ahora ando fresco.

La aplicación de Nike en la que   llevo mi registro de kilómetors corridos hizo de las suyas. Me empezó a dar problemas y me contó kilómetros “corridos” incluso en 9 minutos. Digo, no soy Bolt, pero ni caminando hago ese tiempo. Pero como ando en una fase mental en que todo me lo quiero tomar con calma, no hay problema. Ya lo corregiré.

Quizá mañana “estrene” una nueva ruta de entrenamiento. Será en una autopista de cuota.

Con la religión hemos topado, Sancho

He sido condenado al infierno por los de la Luz del Mundo, corrido de un templo católico por un cura de los de Charbel, por usar pantalones de mezclilla; he sido acusado de “enseñar falsedades” por un supuesto hermano en la fe, cuando lo único que hice fue emplear una versión distinta de la Biblia; también un anciano de mi congregación casi se ha rasgado las vestiduras por mi culpa, pues cometí el sacrilegio de discursar con zapatos tenis de color negro. La última, la reciente, es que se me acusa de andar contando algo que apareció en una de nuestras publicaciones recientes, los que me acusan o no lohan leído o no lo recuerdan, pero me acusan de compartirlo con alguien. Solo digo lo que es verdad y que se puede verificar porque está en nuestro sitio oficial. Pero debe ser mentira, porque como ellos lo desconocen, por el motivo que sea, pues no es verdad. Luego entonces, yo difundo mentiras.

Kafka, revive y conviérteme en un personaje.

Según las directrices de la congregación a la que pertenezco, quien difunde falsedades o tergiversa el mensaje bíblico, se le llama apóstata. Así que de esto me andan queriendo acusar, pues me han clasificado de “inactivo”. Y como soy inactivo, lo que yo digo no vale, aunque sea verdad.

Tengo como probar que lo que he compartido es verdad. Luego entonces no soy apóstata. Pero ¿cómo hemos de llamar -además de ignorantes- a los que me acusan y que no están al tanto de las publicaciones recientes, siendo que a ellos les corresponde enseñar a los demás? Si fueran un poco modestos, deberían comprobar lo que he difundido y reconocer que debido a su nuloesmero por estudiar, deberían renunciar a la responsabilidad que ostentan. Pero no, no lo harán, porque gustan de autonombrarse “principes de la congregación”.

Pues eso.

 

Las revistas de ciencia en México

Buscando información en la red y en libros para escribir algunos artículos sobre ciencia, específicamente de los temas de genética, eugenesia y bioética, di  con las revistas que publica la UNAM y la Academia Mexicana de Ciencias. Debo decir que me sorprendieron gratamente tanto la calidad de investigación y la forma en la que están redactadas: sin pastosidad, pero sin relejar el lenguaje técnico. Además de lo anterior, la calidad de impresión.  La revista Ciencias, que es editada por la Facultad de ciencias de la UNAM es graficamente excelente. Sus ilustraciones están ampliamente cuidadas y van acorde al tema del que se trata. La que edita la Academia Mexicana de Ciencias se llama -cómo no- Ciencia. Es más técnica que la de la UNAM pero la calidad gráfica es muy buena. En ambas los requisitos para la publicación de artículos son rigurosos. Los artículos a veces esperan hasta un año en ser publicados, pues un equipo de especialistas se encarga de corroborar la información. Si es necesario, se le hacen observaciones o sugerencias al escritor. Ambas revistas tienen un precio bastante módico: 40 pesos. Si tomamos en cuenta la calidad del producto tanto en contenido como en impresión. Por si fuera poco, sus contenidos están en línea disponibles para todo público de manera gratuita.

Revistas como Letras Libres, Nexos, Gatopardo Algarabía y otras, tienen un precio más elevado y la calidad de impresión no compite con estas de ciencia.

El único problema que veo en estas revistas y que al igual pasa con la Revista de la Universidad, es el problema con la distribución. Tardan mucho en ser surtidas en los lugares de venta, incluso en las librerías de la UNAM. Obsesivo como soy, busqué los nuevos números en tiendas Sanborn’s, Librería UNAM y en el Fondo de Cultura Económica. En todas tuve la misma respuesta: tardan en llegar.

Solo en Sanbor’s de eje Central, no el los azulejos, sino el que hace esquina en calle Tacuba, encontré la nueva Revista de la Universidad. Las de ciencia son más difíciles porque bien a bien no tienen una fecha de salida. Esto me devuelve a la realidad porque al final de cuentas la distribución corre a cargo de la burocracia, con todo lo que esto significa.

Pero de algo sí estoy seguro, cuando encuentro una, la compro y salgo contento y orgulloso pues sé que he hallado un tesoro.

Un escritor llamado Juan Rulfo

En lo personal considero que es positivo que a Juan Rulfo no le haya sucedido lo mismo que a Cervantes con el Quijote, que todo mundo lo cite -así sea con frases o refranes que no aparecen en las dos partes del Ingenioso Hidalgo- pero que pocos lo hayan leído. A Rulfo lo citan los que lo han léido -y mucho-, los demás no se meten con él, lo dejan tranquilo, cosa que por cierto, le agradaba bastante. Rulfo era un tipo solitario y melancólico, por eso me caé tan bien. Al igual que José Emilio Pacheco, no le gustaba ser de esos intelectuales pastozos, no andaba intentando apantallar a nadie. Escribió lo que quiso, cuando así lo deseó, cuando dejó de parecerle satisfactorio, lo dejó. Ojalá muchos de los “consagrados” hubieran seguido su ejemplo. Poco a veces es excelente, como en el caso de Rulfo o Borges, que no necesitaba 750 cuartillas para mostrarnos su grandeza literaria.

Rulfo es de los escritores mexicanos, el más entrañable para mí, después están el poeta Xavier Villaurrutia, Octavio Paz, Jaime Sabines, Jose Emilio Pacheco. El primer contacto con la obra -impresa- de Rulfo que tuve fue que yo recuerde cuando tenía unos trece años. Recuerdo que caminaba por los puestos de un tianguis al que iba todos los domigos a comprar discos de rock. En uno de esos puestos estaba allí, tirado el libro de Rulfo que presumía en el título sus dos majestuosas obras:

Pedro Páramo

El llano en llamas

 

Pregunté cuánto valía, ya no recuerdo cuánto, pero no fue mucho. Pagué y tomé el libro. Era una edición fea, de Editorial Planeta, que yo recuerde. Fea porque el formato del libro era un tanto anormal, es decir más ancha que alta, portada mal impresa y las letras estaban algo borrosas. Pero no importaba eso, yo me sentía contento porque por fin iba a poder leer la historia de Pedró Páramo que mi papá me había contado. No esperé a llegar a casa para leerlo, lo abrí y fui degustando cada palabra, cada línea mientras caminaba por el tianguis. ¿Cómo puede una persona escribir así?

Ya había leído yo algunas cosas de García Márquez por esos días. La mala hora, Los funerales de la mamá grande, La hojarasca. Pero esto era distinto, no había comparación. Nadie relata la soledad, la tristeza con tanta viveza, como Juan Rulfo. Rulfo tuvo el talento para darle vida a los muertos. Con los años descubriría yo la escritura del gran Reinaldo Arenas quien en su Celestino antes del alba me regocijó el corazón. Solo Reinaldo Arenas podría haberse “tuteado” literalmente hablando, con Rulfo.

La ventaja de Rulfo, como dije, es que no es tan citado, lo que ayuda a que no se distorsione su obra ni legado.

Algún día vendrán por el cura que toca la campana

En un acto de sublime intolerancia el gobierno ruso ha proscrito la obra de predicación cristiana de los Testigos de Jehová. Estos testigos, que en Rusia forman una comunidad de 175 000 predicadores activos, no hacen otra cosa que lo mismo que hacen en todo el mundo: compartir de forma pacífica sus creencias basadas en la Biblia. Los testigos de Jehová ya habían sido perseguidos antes por manifestar sus creencias durante el periódo de la extinta URSS. Muchos fueron encarcelados y enviados a Siberia, como se hacía con los peores enemigos del régimen estalinista. El triunfo de la democracia suponía un aire de libertades, entre ellas la religiosa. En un principio fue así y a los testigos se les permitió celebrar incluso asambleas internacionales. Pero de unos años para acá han sido acosados, perseguidos y acusados de extremistas. Sí, el mismo adjetivo con el que se califica a los terroristas del estado islámico, aquellos que matan personas, violan, infunden temor en la población. Poner a los testigos en la misma bolsa en la que se pone a los señores del estado islámico es, además de una ofensa, un exceso.

El máximo tribunal ruso ha declarado proscrita la obra de predicación y los testigos deben ahora entregar las propiedades, oficinas, lugares de culto, almacenes, etc al gobierno. Si un testigo habla con alguien más de sus creencias, puede ser detenido y puesto en prisión. El señor Putin no se ha enterado que la llamada “cortina de hierro” ya cayó. Quizá en una de esas y resucite los fatales planes quinquenales con los que la URSS destruía su economía.

A partir de que la noticia se hizo global los testigos han padecido burlas en todo el mundo. Lo que no alcanzan a ver estos burladores, es que este hecho es más preocupante de lo que parece, pues así como se proscribió la obra de los testigos, se puede proscribir la obra de cualquier otra confesión religiosa. Quizá algún día, muy de mañana, vengan unos policías con el fin de detener al cura de la iglesia que toca las campanas llamando a misa. ¿La razón? una muy sencilla: por escandaloso, pues despierta a los habitantes con el toque de las campanas.

Cabría que todos hiciéramos una reflexión sobre por qué gobiernan los intolerantes. La respuesta está en nosotros mismos.

En lo personal no me molesta que el cura toque las campanas, como tampoco me molesta que el judío guarde el shabbat o que el musulman lea el Corán o que el yogui medite en un parque. Lo que me enojaría en gran manera sería que un día ni el católico, ni el judío o el musulman o el yogui hicieran aquello que les hace feliz.

Ahora que los testigos rusos no pueden predicar libremente ni reunirse, ni compartir sus creencias, ahora sí estoy lleno de rabia.

EU también es región 4

Estados Unidos es muchas cosas. Una gran extensión de terreno,  tierra de emprendedores, de gente trabajadora, de innovadores en los campos de la ciencia y la investigación; ciudades modernas y con servicios públicos adecuados… pero también es cuna del pseudo cristianismo puritano, que es racista. También es Estados Unidos el lugar de la intolerancia, de hipocresía en cuanto a las drogas; de la soberbia de sentirse con el mandato divino de arreglar el mundo… y en ese andar demuestran que también padecen de los mismos males que el tercer mundo o región 4, para ponerlo en términos más modernos.

Su flamante nuevo residente se pelea con todo mundo, es como los dictadores o autócratas de latinoamérica que manotean y gritan a la menor provocación. La nueva administración está llena de incompetentes -su presidente es un hombre de negocios que se ha ido a la quiebra ¡siete veces!- que desconocen protocolos y formas; inventan masacres, amenazan con apuntar nombres de las naciones que no estén con ellos. Vamos, esas cosas ni Videla, ni Pinochet, ni Trujillo.

El país que más se ha beneficiado con la globalización, tiene a un gobierno que la maldice, que la odia y se avergüenza de ella. Ellos, que han tomado los beneficios por la buena o por la mala, se dicen abusados por países como México.

Siempre he creído que la historia de Estados Unidos es como una película, pero ahora creo además que es una de esas infames de serie b. Lo que acá conocemos como churro. Los ciudadanos estadounidenses no saben ni cómo se metieron en eso, y peor aún, no tienen la menor idea de cómo salirse.

Hay los que dicen que no llega a 10 meses en el poder, hay otros que dicen que solo serán 4 años.

A saber.

Los muertos

Los mexicanos tenemos una fascinación por la muerte. No guardamos el respeto que otras culturas le muestran o el temor que en regiones como España ejercen. Los mexicanos «nos burlamos» de la muerte, nos reímos con ella y de ella, nos gusta alardear. Pintamos calaveras, las hacemos de azúcar o chocolate y nos las comemos. Las escribimos en forma de verso, como sátira, para burlarnos del político que nos roba, el rico que nos explota o al artista que admiramos. Se nos hace gracioso vestir a nuestros niños con disfraz de esqueleto y a las niñas de «catrinas». Vamos al panteón a «visitar a nuestros muertos». Les llevamos de comer, les contratamos al mariachi o al grupo norteño y pedimos que les toquen las canciones que en vida les gustaban. Ponemos ofrenda en nuestra casa, pues los muertos vendrán a comer. Primero los niños y luego los adultos. Mientras estén los muertos, nadie puede tocar nada de la ofrenda, pues los muertos pueden enojarse. Al menos eso nos dicen los adultos cuando somos niños.

El problema es que si como sociedad amamos la muerte es porque quizá odiamos un poco la vida, que es lo opuesto. Por más que a la muerte la presentemos como festiva y alegre, la realidad es que no es así. Es dolorosa, muchas veces cruel y siempre injusta. Nadie debería morir.

La vida es lo que deberíamos celebrar, no la muerte.

Este culto ancestral por la muerte tiene gran culpa en la era violenta que como país enfrentamos. Esta fascinación por la muerte minimiza la fatalidad, hace creer que la vida es algo insignificante y que vale la pena vivir en riesgo pues «todos vamos a morir algún día».

Hace miles de años, un hombre muy sabio dijo que era mucho más importante el día de duelo que el de fiesta. Se refería a que en el día del duelo podemos reflexionar sobre la importancia de la vida.

Los payasos

Ser payaso es cosa seria. Eso dice la muletilla preferida por muchos representantes de este gremio vilipendiado en las últimas semanas. Y tienen mucha razón. A pesar de que la ropa, el maquillaje, la expresión y los grandes zapatos se aferren a mostrar lo contrario. No cualquiera puede ser payaso, aunque muchos lo intentan y se hacen de un atuendo, aprenden a maquillarse y se caracterizan como tales. No es así de sencillo. Hay los que llevan años pensando que lo son, pero viven engañados. No son payasos. Esto nos lleva a la pregunta obligada ¿Qué es un payaso? o mejor aún ¿Qué es lo que hace que alguien alcance la categoría de payaso? Lo dijo hace muchos años un teórico de la actuación: el payaso se interpreta a él mismo. Mientras que en el drama el actor interpreta otro personaje, el payaso no. Por eso no será payaso aquel que copia las expresiones, los gags y el maquillaje de los demás. Será imitador, pero no payaso. El mejor imitador nunca dejará de ser el imitador de algo. El payaso y el ser que lo caracteriza viven en una línea muy delgada que si no se respeta, todo deja de funcionar. Juan Pérez no es Juan Pérez cuando está caracterizado como payaso, ni es payaso cuando ya no lleva maquillaje, vestuario y nariz. El respeto absoluto a su personaje es lo que distingue a un payaso de un charlatán.

II

Pero no es mi intención hablar de teoría actoral, sino de pedir un respeto, y uno grande, por cierto, a la profesión más bella del mundo. El payaso crea sonrisas en una realidad egoísta y apática. Estas sonrisas son democráticas e incluyentes. Lo mismo en una fiesta de cumpleaños, que en el circo, la tv, la escuela o un hospital. El payaso tiene la misión de hacer reír y lo hace. El payaso es una fábrica andante de sonrisas e ilusiones. Sana corazones tristes, surce alegrías descosidas. Si tiene que caerse vez tras vez para que su público se ría, lo hará sin vacilar. Al final tomará una fotografía mental en la que caben todos los rostros alegres a los que hizo feliz durante el tiempo que duró su show, la llevará a su corazón, donde atesora tantos buenos recuerdos. El payaso se irá, con su maleta. Quizá sea el actor más solitario de todos, no lo sabemos.

III

Desde hace unas semanas hemos visto en las noticias que gente se viste “como” payaso y espantan a las personas o las asaltan. Bien dicen que la ociosidad es la madre de todos los vicios. Y en estos tiempos lidiamos con muchos, la estupidez es uno nuevo.

Cierto que esta no es una ocurrencia nacida en nuestro país. Más bien es algo que nació en Estados Unidos y que nuestros jóvenes y unos no tanto, han copiado. No copian los valores morales de llamado cinturón bíblico, ni la cultura del esfuerzo y el trabajo germana, ni el estudio metódico de los judíos, sino las cosas que para nada sirven. Si de por sí ya nuestro país sufre desde hace años la violencia por parte de la delincuencia, ahora tenemos que padecer este tipo de bromas de muy mal gusto, además de innecesarias.

Los payasos genuinos son los que llevan la peor parte, porque ahora son perseguidos. Existen grupos en las redes sociales que llaman a matar a payasos, los más moderados, a golpearlos. Hay que recordar que, al final de cuentas actores, los payasos viven de sus actuaciones, de estas obtienen el sustento que llevarán a sus casas. Pero con esta situación, su trabajo se ve mermado, pues la gente se muestra reacia a contratar sus servicios.

Hago un humilde, pero firme llamado a que los padres de estos jóvenes hagan la tarea que no han hecho hasta el día de hoy: educar a sus hijos; hacerlos buenos ciudadanos y nutrirlos de valores. Se trata de hacer una sociedad más respetuosa y no degradarla con estas modas tan patéticas.