A 25 años

No imaginé cuando inicié en la actuación este momento. Era un niño entonces, y estaba precoupado por memorizar bien los diálogos que mi padre, un hombre estricto me había dado y a la vez que adevertido que me los tenía que aprender muy bien y ajustarme al tiempo; no podía hacerlo raṕido ni lento. De ese día a hoy, han pasado casi 25 años. Se dice rápido, pero se puede vivir tanto en 25 años. Y yo lo he hecho. Vaya que sí.
La actuación siempre fue mi mundo. Aunque hubo un tiempo en que la poesía quería ocupar ese lugar. Pero la actuación aunque es consdescendiente, es también celosa y exige lo que por derecho o fuerza le corresponde.
25 años de andar de aquí para allá, creando espectativas, ilusiones y sueños. De ir recolectando anécdotas y aplausos. Eso es lo que soy: un actor-recolector.
En este oficio se sufre, me dijeron. Es verdad, pero también lo es que yo he sufrido poco. Son más las alegrías, las dichas, los rostros satisfechos.
Sé que llegará el día en que tendré que dejar de actuar, pero no quiero que se apaguen las luces para mí en este momento. Quiero seguir convidando a todo el que así lo quiera, el don que Dios, sin merecrlo, me confió.
Así que aquí estaré,  repasando mis diálogos y aguardando salir a escena.

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