Los días de la fiebre y la cura de burro

Cuando se tiene la convicción se tienen también los sueños, las intenciones, el deseo de transformar el mundo. Tambien, y hay que ser sincero, la inocencia. Esa inocencia se hace cegadora.  Creemos a rajatabla, los dictados, las doctrinas, la dialéctica se hace verdad absoluta. Dejamos el pensamiento y todo se convierte en acto de fe. La cortina de hierro cae y aun así, creemos que otro mundo es posible, la patria de los trabajadores no es mas, ni la RDA. Pero acá todavía portamos con orgullo el botón rojo con la hoz y el martillo. La revolución de octubre, la revolución china, la revolución cubana. Miles de paginas de lectura nocturna. Editorial progreso, agencia Novosti, economía planificada, plusvalía. Pero tarde o temprano nos damos cuenta que existe la otra cara de la moneda. Exilios, presos, campos de concentración, cárcel del Morro, centros de reacondicionamiento, gusanera, gusanos. La utopía se hace añicos. Mil cristales caen al suelo y se confunden con el fango. Te sientes solo y defraudado. Que hacer? Se preguntaba Lenin, que creer pregunto. Mientras voy llenando mi bioblioteca de nuevos autores. Reinaldo Arenas, Cabrera Infante, Virgilio. Al gran Lezama lo prohibieron los señores del partido. La gota que cola el vaso. Te das cuenta a que en los entrepanos conviven los dos puntos de vista. Lo mejor en adelante sera no darselas de transformador del mundo y simplemente vivir. Vivir y amar y sonar, eso si, con los ojos bien abiertos.

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