Cuando los sueños son altos

Los sueños son altos o bajos, pequeños o grandes. Hay grandes sueños y sueños mediocres; hay sueños permanentes y otros más bien efímeros. Los sueños, creo, dependen mucho de la persona que los ostente.

Todo cabe en los sueños y cualquiera también. A veces soñamos con gente que ni siquiera conocemos o con aquella que no nos cae tan bien -aunque en este caso quizá sea más bien una pesadilla-.

Hay sueños que trascienden, que se vuelven deseos, anhelos, justas ambiciones. Hay quien ha sonado con conocer el mayor mundo posible y a golpe de determinación lo ha conseguido. Hay quien por otro lado ha escrito una gran obra literaria o musical.

Los sueños, sueños son. Nos ha dicho don Calderón de la Barca. Y no falta razón en sus palabras. Pero sucede que algunos sueños son lo bastante inquietos y deciden salir de la cajita mental y pareciera que cobraran vida. O al menos adueñarse de la conducta del soñador.

Hay los que se pasan de dosis y se quedan en el “viaje”. Se pasan de soñadores. Y así se les va la vida.

Es mi punto de vista el que no se puede vivir soñando. Es más, creo que se debe soñar hasta cierto punto. Me explico. Los sueños que de verdad son importantes se tienen a cierta edad. Y es a estos sueños a los que hay que avocarse. Darse a la tarea de hacerlos realidad. A partir de los sueños crear un proyecto de vida. Son bonitos los sueños. Lo que no lo es es estar soñando siempre.

Pues eso.

El diablo se llama Paco

Viste de mezclilla, como los obreros, sin nunca haber sido él uno de ellos. Se dice “rojo”, pero toma tanta Coca-Cola como cualquiera de los hijos del capitalismo.  Siempre trae un cigarro entre los labios. Es bajito y barrigón; usa bigote como su papá. Escribe novelas cortas de detectives decadentes; también libros de historia. De unos años para acá es promotor de ferias de libros y de círculos de lectura. Pero por lo que más se le conoce es por ser activista de movimientos políticos. Ahora apoya a AMLO y es uno de los llamados “duros”. La dureza se refiere a la inflexibilidad de pensamiento. Y eso en gente como Paco, es cosa seria.

Los “duros” como Paco y miles como él fueron los que fundaron ese amasijo llamado MORENA. A base de protestas y marchas, hasta obtener el registro como partido. En aquellos años ellos eran los que lideraban tanto la causa como los ideales y el proyecto político de ese nuevo partido. Pero ahora que AMLO ha invitado a gente de todas partes, con tal de “asegurar el triunfo” en la presente elección presidencial, estos “duros” parecen cada vez caber menos en MORENA y en el posible futuro gobierno.

En cambio aquellos a los que Paco, AMLO y los miles de “duros” combatieron por muchos años, ahora tienen puestos prominentes en la dirección de MORENA o en la campaña. Un ejemplo es Esteban Moctezuma, antaño rival, por haber sido funcionario de gobierno en la administración de Zedillo, y al que se señala como beneficiario del FOBAPROA. Ahora es socio y participa en la plataforma política de MORENA.

Así, AMLO se va rodeando de antiguos enemigos como Gabriela Cuevas, Germán Martínez y muchos más.

Paco habla en mítines y círculos de estudio y explica lo que, de acuerdo al plan político original, sería un gobierno de MORENA. La opinión pública se pone en alerta, pues son medidas radicales. En seguida los generales de MORENA salen a desconocer lo que Paco ha dicho. Dicen que es mera opinión personal de un militante más de MORENA. Pero la realidad es que no es así, Paco no es un simple militante, es un fundador del partido, un ideólogo y además,  su secretario de arte y cultura. No tardarán -o quizá ya lo hicieron- en pedirle que se calle, porque no es conveniente que hable sobre lo que piensan hacer. Así, van dejando claro que Paco y los miles como él han sido desplazados.

Paco es radical, habla siempre de “encabronamiento”. Se relame los bigotes cuando habla de “ajusticiar a los traidores”. Habla de expropiar, de convocar a millones de personas para ejercer presión sobre quienes no estén de acuerdo. Sí, Paco tiene mucho de estalinista. Quizá Paco no quiere aceptar que hace mucho que cayó el muro de Berlín. Quizá se quedó con las ganas de tomar el monte y hacer la revolución. Quizá su comodidad de pequeño burgués avecindado en la colonia Condesa se lo impidió.

Paco es de la llamada generación del 68.  Muchos después de la matanza del 2 de octubre se fueron a la sierra de Guerrero a intentar la lucha armada. Paco no. Pero no desperdicia la oportunidad de sugerir la violencia como opción.

Un dato que Paco ha pasado por alto es que a las pocas semanas de la matanza del 68, un joven tabasqueño llamado Andrés Manuel López Obrador tomó la opción de afiliarse al PRI. Sí, al partido en el poder. El mismo partido cuyo gobierno había ordenado la matanza de estudiantes. Andrés Manuel López Obrador sería militante y líder político en el PRI hasta 1988, año en que salió porque no le dieron la candidatura a la gubernatura de Tabasco.

Paco no entiende o no quiere entender que AMLO sigue siendo priísta.

Quizá es tiempo de que Paco vuelva de lleno a la escritura.

 

Juárez también se creía un pro hombre

Esa frase bastante mamila de “le hace lo que el viento a Juárez” no viene de la nada. No. Sino de las ínfulas que se daba el licenciado. Se sentía poseedor de un mérito inquebrantable y de una misión de tal magnitud, que nadie, salvo él, claro, podía llevar a cabo. Hay una anécdota del tiempo de la guerra contra Francia en la que Juárez se va a dar su baño de pueblo y visita a la tropa. Allí, un oficial se le para enfrente y le hace saber que no se sienten muy apoyados por el presidente, que es Juárez. “nos están masacrando, y a usted no le importan nuestras muertes”, le dijo el valiente oficial. Juárez lo miró y le respondió: y ustedes para qué me sirven, lo que importan son las ideas, y esas las tengo yo.  Este es Juárez en estado puro. Esta anécdota lo describe tal cual.

De Juárez nos ha dicho la historia oficial que fue un “indito” que superó todas las adversidades, que salió adelante hasta convertirse en presidente de México y Benemérito de las Américas. Lo cuál es correcto, pero incompleto. Incompleto porque nadie es perfecto. A la historia oficial le hace falta contar que Juárez fue un cobarde que no supo defender a su patria. Que se decía liberal, pero en realidad gustaba de ejercer el gobierno centralista y presidencialista. Que nunca fue más feliz que cuando se le otorgaron poderes extra ordinarios para enfrentar una invasión que él nunca lideró. La historia oficial debe contar de su despotismo, de su soberbia, de su tendencia a permanecer en el poder por medio de trucar la ley. La historia oficial debe dejar bien claro que muchas leyes y mandatos de auténtica avanzada no fueron promulgados por Juárez, sino por Maximiliano durante su imperio. Ejemplo de ello es la conmutación de deudas, el cobro de impuestos de forma gradual y proporcional al ingreso del ciudadano, la delimitación de los poderes eclesiásticos. No hay que olvidar que Juárez permitió que sus funcionarios de gobierno se enriquecieran con la venta de los bienes expropiados a la iglesia, y que originalmente serían empleados para pagar a las naciones con las que se tenían deudas. La secesión de pagos decretada por Juárez fue lo que ocasionó la intervención francesa.

Todo esto lo traigo a cuento porque hace unos días escuché a Andrés Manuel López Obrador decir, en un programa de tv que él piensa llevar a cabo la “cuarta transformación del país”. Que sin ego, se considera a la altura de Juárez o Madero. Esto a mi me inquieta, porque Juárez, como ya dije, permitió que su grupo se enriqueciera con los bienes nacionales, lo que le costó al país una invasión y una guerra.

Cabe decir que nuestro país debe perfilarse haca otra manera de conducirse. Debe dejar el culto a la persona, a la búsqueda de ese “tlatoani” que lo salve.

En 1860 las naciones europeas veían en México todas las posibilidades para ser una potencia, pero se daban cuenta que nuestra nación se ahogaba en un vaso, en lugar de trabajar y construir esa potencia. Hoy trístemente estamos en la misma situación. El mundo nos ve ahogarnos en un vaso de agua.

 

La felicidad

Era Séneca, si no mal recuerdo, el que decía que solo es posible cuantificar la felicidad de una persona hasta el final de sus días. Es decir, cuando ya ha muerto. La razón es porque antes no se podrá hacer un arqueo que permita determinar si esa persona fue virtuosa, si tenía tendencias suicidas o padecía algún tipo de mal mental. Solo hasta que alguien deja de existir es cuando se puede saber si fue feliz. Esto es un descargo, si es válida esta teoría, Qué bueno que sea así, porque luego la felicidad o mejor dicho, la búsqueda de ésta se convierte en una obsesión. Andamos ansiosos queriendo procurarnos la felicidad a como dé lugar y en esa búsqueda frenética, nos hacemos mucho daño. Confundimos sentimientos con emociones apenas fugaces y creamos y nos causamos dolor. Locke dice que la felicidad significa ausencia plena de dolor. Luego entonces, si andamos en esa urgencia por ser felices obtenemos el efecto contrario, la infelicidad. Quizá por eso Lennon cantaba que la felicidad es un arma caliente.

Y tampoco se trata de no hacer nada por ser felices, no. Sino que más bien es colocarnos en el justo medio que tanto añoraban los clásicos griegos. Ese justo medio que nos aleja de los vicios y las pasiones que en realidad son vicios. Se trata de andar ligero por la vida y disfrutar cada instante, porque al final de cuentas, lo que ha de ser, será.

Pues eso.

 

La voluntad de vivir manifestándose

Reinaldo Arenas, el gran escritor cubano escribió un poema al que nombró con ese título. Lo hizo en un tiempo y bajo unas condiciones inclementes para él. En la década de los 70 si eras homosexual o evangélico o mormón o testigo de Jehová o cualquier cosa que pudiera considerarse como enemigo de la revolución, no la pasarías bien. Por eso Reinaldo fue recluido en la prisión de El Morro. Junto a enfermos mentales y los peores delincuentes de Cuba. Pese a ello, Reinaldo siguió efectuando su labor intelectual. Escribió novela, cuento y poesía inmerso en la humedad calurosa de una prisión inhumana.

Reinaldo Arenas tenía muy presente que la única forma de seguir viviendo es manifestando aquello en lo que se cree. Esa voluntad creativa le dio la libertad que la realidad le negó siempre.

A cada tanto vuelvo a releer su “pentagonía” y Celestino antes del alba. Mantengo firme la creencia de que aún faltarán muchas décadas más para que el mundo esté en sincronía con la libertad que Reinaldo concibió.

Roger Federer

El tenis es el deporte más civilizado del mundo. Siempre lo he pensado así. Nada que ver, por ejemplo, con el fútbol soccer donde las trampas , los golpes y las palabrotas son cosa habitual. No es que el deporte sea algo así como una ceremonia religiosa, pero sí se espera que se juegue con decoro, con respeto al oponente y con ética. Sí, con ética, esa bien tan escaso por estos tiempos. En el tenis el que sirve la pelota debe lanzar de una manera que permita al oponente ese servicio. Luego el juego se va formando en una mezcla de habilidad, destreza y velocidad. El público sabe en qué momento guardar silencio, cuando aplaudir. Nadie protesta con rechiflas una decisión del juez. Se acepta y punto. Y aún más ahora con la posibilidad del “challenge”. Nadie, ni en el campo ni los espectadores en la tv piensan que el partido fue un robo o que el juez se vendió. Las jugadoras y los jugadores de tenis no pisan la canche creyéndose semidioses. No. Ellos mismos cargan su equipamento, limpian su raqueta y se sientan durante los breves descansos mientras van reflexionando el progreso del juego. Aunque entre el público siempre hay favoritos, como en cualquier otro deporte, aquí no se ofende al oponente, por el contrario, se reconoce el talento de los que estén jugando. Así como la astucia de los recoge pelotas.

Todo esto viene a cuento porque Hoy me levanté muy de madrugada para ver la final de hombres del Abierto de Australia, que forma parte de los torneos llamdos de grand slam. Cada torneo de grand slam es algo así como la champions en el fútbol, porque se junta lo mejor del tenis. Hoy vi ganar a Roger Federer su título número 20 de grand slam. Lo vi ganar y lo vi feliz, agradecido, humilde, como solo saben ser los verdaderamente grandes. Lo vi emocionado, tanto, que cuando le tocó hablar, justo después de recibir su trofeo, no podía contener las ganas de llorar. Agradeció como pudo y luego lloró feliz y besó su trofeo. Puedo decir sin exagerar que todos los que pudimos ver de alguna manera o de otra este momento histórico, tenemos un poco de esa felicidad. Incluso el croata Cilic, digno subcampeón.

En mis 38 años de vida he visto a los mejores tenistas del mundo jugar. McEnroe -en sueños vagos-, Agassi, Nadal, Federer, Sampras, Djokovic, Lendl, Becker y un largo etcétera.

Hoy Roger Federer ha dado una lección al mundo, así, sencillo y sonriente, con lágrimas en los ojos: la clave para alcanzar el éxito es hacer lo que haces con pasión, talento y humildad. Reconociendo en el contrario, no al enemigo, sino a aquel que te brinda la oportunidad de demostrarte que puedes ser mejor.

A propósito del abuso de las palabras.

Según John Locke, las palabras son solamente signos de nuestras ideas. Y es por esto que las palabras pueden significar varias cosas a la vez. A veces de forma positiva o negativa, a veces simple o a veces de forma compleja. Las palabras tienen su riesgo, por eso no hay que abusar de ellas. Hay que usarlas con conocimiento de causa y con moderación. Algo parecido a lo que se recomienda para el consumo del vino o el tabaco. O quizá más, porque palabras mal entendidas y por ende mal empleadas, pueden crear más malestares que el vino o el tabaco. Pero si el que las profiere está entendido de su significado, ¿tendrá culpa si el que las recibe no las conoce ni entiende? Podemos decir que no. Pero el que las emplee deberá hacerlo tomando en cuenta siempre las capacidades del receptor. De otra forma estaría abusando de su elocuencia con el único propósito de ser soberbio y no darse a entender.

 

Locke en su obra “Del Abuso de las Palabras” recomienda que aquellos que instruyen a una persona o a un grupo de gente deben ser claros, no rebuscados y deben evitar las figuras retóricas. Adornar la enseñanza –dice Locke- solo crea confusión.

Al final de cuentas, lo que hablamos no es otra cosa que lo aprendido. La experiencia nos lleva a la comprensión, al entendimiento y es la que nos proporciona los argumentos necesarios para interpretar lo que queremos comunicar.

En la obra de Locke no quedan muy bien “parados” los políticos. Estos seres abusan de las palabras en sus discursos, porque no pretenden comunican, sino deslumbrar y confundir. Buscan el aplauso y el elogio a base de no hacerse entender.

La vida es apenas un suspiro

Tanto si somos fleices o no lo somos, la vida pasa, por delante o por detrás, quizá por el flanco izquierdo o el derecho. La vida no espera, como el tiempo. La vida deja cicatrices en nosotros, para bien o para mal. Si tenemos vida, el telón se levanta, se enciende las luces y comienza la función. Nuestra interpretación de nosotros mismos será majestuosa o mediocre, nosostros lo decidimos, madie más. Cuando no den la orden de bajar del escenario, seremos aclamados o denestrados, la decisión es, repito, nuestra.  Nadie nos enseña cómo vivir, cierto, pero no se nos estafa. Se nos ha obsequiado la capacidad de deducir, de aprender del ejemplo de los otros. La fama no es la que hoy nos venden y que radica en cuan reconocido somos, sino más bien como antaño, la fama son las cualidades, todas las cosas que vamos aprendiendo durante los años.

Hoy muchos celebran, hoy otros lloran. Hoy otros estamos en medio. Lo importante, creo es saber aprovechar cada situación, ser feliz, pero nunca a costa de los demás, estar triste pero sin agobiar a nadie más. Y los que estamos en medio, bendecir la felicidad de unos y acompañar la tristeza de otros.

La vida es un suspiro.

A veces nos pasamos de buena gente

Es ampliamente sabido y reconocido que este sufrido país es muy generoso y recibe a todo mundo. Ya sea que alguien sea perseguido, buscado, explotado, humillado, abusado o no. Acá toda persona es bien recibida. Y no hace falta decir que muchas de esas personas aparte de entrañables han aportado mucho a nuestro país. Antes, de Colobia, por ejemplo, nos llegaban escritores o músicos. De Argentina Psiquiátras o jugadores de fútbol. De Chile, poetas. De España intelectuales, filósofos y gente emprendedora que fundó empresas que hoy son líderes en el mundo.

Pero de un tiempo para acá algo pasó y todo fue para mal. Ahora de Colombia llegan bandas de roba casas o prestamistas o secuestradores. De Argentina, tipos pedantes que se pasean por la Condesa mientras nos barren con la mirada. Aunque no traigan un duro en la bolsa. De Venezuela, mujeres que gritonean a los dependientes de Burguer King. Una cantante chilena que le habla de forma grosera y despectiva a un reportero. Y como el antaño  no se puede quedar atrás, ya entrados en gastos, una escritora que llama “gordas inmensas” a unas juchitecas y en su propia casa. Esta escritora, por cierto, es una princesa… de un reino que no existe!

Todo esto me lleva a la conclusión de que a veces nos pasamos de buenas personas. Los mexicanos somos hospitalarios, pero deberíamos aprender a ser un tanto selectivos. Por lo menos no deberíamos recibir a quien nos falta el respeto. A quien nos agrede. Así sea un mara salvatrucha o Trump.

No es casualidad que la violencia se haya incrementado de forma significativa desque que Fox le abrió las puertas de la frontera del sur a los centroamericanos.

La zona oriente del área metropolitana tiene serios problemas de inseguridad y mucho tiene que ver que por esos lares hayan llegado a vivir muchos centroamericanos. En la Portales y alrededores los robos a las casas y las clonaciones de tarjetas es gracias a bandas de colombianos.

Como dirían los clásicos, ya se están pasando de tueste.

 

De la independencia

Decía con justa razón, don Pío Broja que el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando. Es verdad. El nacionalismo es rancio, anticuado, rigorista y retardatario. Ningún nacionalismo ha aportado algo bueno a la humanidad. Por el contrario. Los nacionalismos van contra la integración, el desarrollo y la mejor solidaridad de la humanidad. Yo estoy contra el término nacionalismo, como lo estoy contra el concepto de religión. Pero así como no es lo mismo tener fe que ser religioso. Considero que no es lo mismo ser nacionalista que anhelar la independencia. Apenas asomamos la cabeza y deseamos ser independientes. Sí, desde nuestra incipiente adolescencia ya no queremos que nuestros padres nos dicten lo que debemos hacer. Es cierto que no estamos en edad para tomar decisiones, pero esedeseo ya se ha incubado en nuestros pensamientos. Y tarde o temprano partiremos. Dejaremos la casa, la familia y nos tomaremos nuestra vida al cien. Lo mismo pasa con las comunidades. Y esto debería entenderse más claramente en estos tiempos en los que se han otorgado, como nunca antes, las libertades amplias a los ciudadanos en muchos lugares. Ya en otro post dije que en esta vida todo sería más simple si cada quien fuera lo que deseara. Nos iría mejor si lográramos entender que somos diferentes y que no podemos tolerarnos a rajatabla. Es más, tenemos que buscarnos otra palabra, otro término para la coexistencia. La tolerancia se debe ir a la basura, porque tolerar es decir: me caes mal, no te soporto, pero te tengo que tolerar, es decir, aguantar. La tolerancia es una olla de presión que a cada tanto nos explota, mostrando  cuánto estamos errados.

El pasado terremoto en México nos muestra como cuando nos olvidamos de las banderas, en este caso políticas y actuamos como lo que somos, seres humanos, somos solidarios, fraternos, empáticos, misericordiosos.